29 de diciembre de 2010

Cuando te marchas, me muero


Te dejo marchar una vez más
y mi día se ensombrece en tu partida,
al marcharte
me desnudas del fulgor de tus castaños,
mis hojas se marchitan
y siento el impulso del rebelde,
del patriota enfebrecido,
me imagino con el valor de no dejarte partir,
de no perder de vista las velas
que levantan suspiros en mi mar,
en mi turbulento oleaje desatado,
enmudezco ante tu marcha
anta cada nuevo paso que te aleja…
y me muero,
me muero lentamente en tu partida,
y desespero
y me siento un cobarde zarandeo,
un anochecer sin horizonte
un neurótico y marchito necio,
un idiota,
así es como me siento,
como un vulgar idiota sin valor
ni coraje,
sin aliento,
tu presencia me amordaza,
me haces temblar y me amedrentas,
quisiera ser capaz de condenarme,
de atarme a ti como me ato a mis tormentas,
pero me callo,
siempre me quedo callado,
aguardando un milagro que no llega,
me guardo para mí mis llantos y mis dilemas
y los encierro
y los guardo para siempre en mis mazmorras,
encadenados en mis sueños más inciertos,
sin salida,
encerrados para siempre en mis versos y cuadernos,
y me callo
siempre me callo mientras siento que me muero,
siempre te dejo marchar sin abrazarte,
sin decirte lo que siento,
sin besarte,
me he dado cuenta tarde de que nunca te beso,
nunca te dejo caer un doloroso te quiero,
nunca te beso,
siempre te vas y me matas al marcharte,
y yo siempre me callo y me muero
siempre, en tu partida,
siempre termino muriendo.