#MalditaGuerra

Porque la Guerra es una mierda, se mire como se mire

"La gran aventura de Sir Wilfredo - El asedio de las sombras"

Una novela para disfrutar de las princesas y de los caballeros.

Microrrelatos en 3 Capítulos

Disfruta de más de cien historias cortas

La importancia de las librerías

Artículo publicado en Diábolo Magazine

31 de marzo de 2010

Crónicas de Multiverso

Hola a todos,

Hoy vamos a cambiar un poco nuestra recomendación habitual, porque hoy vamos a hablar de Ciencia Ficción, pero además de una Ciencia Ficción de la más tópica, de la de naves espaciales, alienígenas y viajes interestelares… aunque bueno, definir el libro del que vamos a hablar hoy como algo tópico o típico sería infravalorar el laberíntico imaginario y el estupendo trabajo realizado por Víctor Conde en la novela premiada con el VII Premio Internacional Minotauro de Ciencia Ficción y Literatura Fantástica, titulada “Crónicas del Multiverso”.

La novela es espectacular, como dice el archivo que acompaña al mensaje de su publicación, es un regreso a la Ciencia Ficción de siempre, la original. Una CF donde la imaginación no parece adecuarse a ningún tipo de límites… aunque sus personajes se enfrenten a situaciones y pensamientos que nos podrán parecer cotidianos a cualquiera de nosotros.

Este Multiverso creado por Víctor Conde contiene 15 especies inteligentes que habitan en una isla de soles rodeada de un inmenso vacío cósmico llamada La Variedad. Una de las cosas que me gustan de esta novela es que los humanos no somos la clase más importante dentro de la jerarquía de esas 15 especies inteligentes… nos tenemos que conformar con estar en un término medio y en continua guerra por nuestra supervivencia.

Tras un robo efectuado por una corsaria espacial, la raza más poderosa, los urtianos, a los que Linda Kolbrand les han robado una mercancía de lo más valiosa, reaccionan de una manera desmesurada que parece anunciar una batalla definitiva frente al resto de razas inteligentes del Sistema.

Aunque lo que nadie sabe es que lo que ocurre en realidad es que los urtianos han comprendido que el universo en el que viven se está muriendo y que los soles se están apagando… La Variedad se convierte entonces en una especie de prisión cuyos límites comienzan a colapsarse, la burbuja en la que habitan se descompone… ¿será posible escapar de allí? ¿Y qué habrá más allá de las fronteras de La Variedad? Todo esto es lo que nos cuenta Víctor Conde en “Crónicas del Multiverso”, una obra coral en la que aún no he encontrado un protagonista claro, sino muchos… aunque imagino que pronto se irán uniendo para escapar de La Variedad.

Víctor Conde ya fue finalista del Premio Minotauro en 2004 con “Mystes”, que está también publicada por Minotauro y en 2005 con “El teatro secreto”. Es autor también de “El tercer nombre del emperador”, “El dragón estelar”, la serie juvenil “Piscis de Zhintra” y la reciente “Naturaleza Muerta”…

Para acabar hoy te diré los títulos de los siete premios Minotauro hasta la fecha: “Máscaras de Matar”, “Los sicarios del cielo”, “Señores del Olimpo”, “Gothika”, El libro de Nobac”, “El templo de la Luna” y por supuesto “Crónicas del Multiverso”.

22 de marzo de 2010

La Noche del Cetrero 12

El muchacho lloró, suplicó e imploró a su maestro que le librase de aquel destino que él mismo se había buscado haciendo que Margall perdiese cualquier ápice de respeto que guardase aún por él tras dos años con él de siervo. La verdad era que Roland no era ni honorable ni habilidoso, tampoco era una persona demasiado inteligente. Para el cetrero, su aprendiz era un idiota, uno más de los muchos que vivían en Sarberk. En el tiempo que llevaba a su cargo había cometido más torpezas que un hombre normal en toda su vida. Era deslenguado y maleducado, no era demasiado limpio y sus habilidades se limitaban a entenderse de un modo muy especial con los halcones a su cargo, sólo cuando tenía un halcón en las manos se ganaba el respeto de su mentor, el resto del tiempo era un incordio para él. En los años que llevaba como maestro cetrero había tenido a su cargo a una decena de jóvenes más disciplinados, válidos e inteligentes que él, incluso el príncipe había querido aprender el arte de los halcones, aunque ninguno había sido aceptado por sus aves, más tarde o más temprano todos habían sido rechazados por ellas, todos excepto Roland, ese joven impetuoso y atontado que parecía ser el único habitante de Sarberk que entendía a las aves como él… incluso Salomón, el halcón peregrino, el misterioso halcón que llegó un buen día al castillo tras una noche de luna llena, que llevaba con él, sobrepasando con creces su esperanza de vida, más de treinta años, había admitido gustoso la presencia del chico.

Roland era un imbécil en muchos aspectos, un torpe y un haragán, pero a Margall le apenaba perderle como aprendiz, estaba seguro de que, con el paso del tiempo, habría hecho de él un hombre de provecho…

Sin embargo, ante la voluntad del rey ni los ruegos de un anciano consejero tenían valor alguno, la suerte de Roland estaba echada y en parte el cetrero se alegraba de ello, porque ésa era la mejor lección que el joven tendría jamás, aunque era probable que la sabiduría que podría acumular tras esa aventura acabase esa misma noche, con su muerte. Nadie en Sarberk había abandonado jamás la seguridad ofrecida por sus murallas en noches de luna llena, y se sabía de insensatos forasteros que sí lo habían hecho por desconocimiento o por arrogancia, que habían desaparecido para siempre entre la espesura del Bosque.

Tras la larguísima conversación entre aprendiz y maestro a Roland le quedó la sensación de ser ese cerdo del que había hablando Margall en presencia de Landruat, se encaminaba directamente al matadero y no había forma de escabullirse. Mientras recorría los infinitos corredores de la fortaleza, dejando que sus pensamientos se perdiesen en las estrellas que se dejaban ver en el cielo luminoso de la noche a través de pequeños ventanucos alargados por los que se colaba un frío de mil demonios, el joven vestido completamente de negro rememoraba los consejos ofrecidos por su maestro. A cada paso que daba se golpeaba en el costado con la hoja plateada de la espada que llevaba en la vaina, bastante más pequeña que la que el soldado quería haberle dado y que él había dudado ser capaz de levantar siquiera. Le dolía el muslo donde la espada le golpeaba en cada bamboleo. ¿Cómo hacían los que la llevaban siempre encima para caminar de un modo cómodo y no tan doloroso?

Como hacía siempre que estaba nervioso escondió la cruz de madera en el interior de su puño enlutado, lo hizo tan fuerte que se hizo daño en la palma y recordó el primero de los consejos que Margall le había dado, el viejo le había aconsejado que, en caso de encontrarse en el bosque con alguien, quienquiera que éste fuera, procurase que no viese esa cruz. El cetrero le había dicho que las Criaturas de la Luna odiaban las cruces, pues un gran número de ellas habían perecido bajo el auspicio de la cruz en el pasado… el segundo consejo que le había dado el anciano era aún más sobrecogedor, le había dicho que no se detuviese ante nada, que no mirase atrás, que espolease a su caballo desde Sarberk hasta Bidem sin descanso, aunque ello supusiese la muerte del corcel. Dos consejos que más que ayudar a Roland lo habían sumido en un terrible estupor.

Nunca en toda su vida había estado tan aterrado.

Cazadores de Sombras III. Ciudad de Cristal


Hola a todos. Buenas tardes… o noches. La verdad es que es una hora más que adecuada para hablar de fantasía… ya está anocheciendo, se acerca la hora de las brujas y todavía podemos acercarnos sin demasiado temor a los cementerios o los lugares ocultos durante un rato, antes de que sea noche cerrada.

La novela de la que vamos a hablar hoy empecé a leerla con alguna reticencia, es verdad. No porque tenga mala pinta o me parezca mala o algo así, no. Más bien todo lo contrario, lo que ocurre es que “Ciudad de Cristal” es la tercera parte de una trilogía titulada “Cazadores de Sombras”, escrita por la escritora Cassandra Clare y publicada por Destino Joven. Empezar las cosas por el final nunca me ha parecido lo correcto, aunque si lo hizo George Lucas en su Guerra de las Galaxias ¿por qué no iba a leer yo una trilogía por su último título?

Además, llevaba ya unos meses deseando hincarle el diente a esta trilogía de fantasía urbana y amores y desamores adolescentes, es cierto. A pesar de mis treinta y un años me sigue fascinando la literatura juvenil, qué se le va a hacer.

Y la verdad es que no me equivocaba, a pesar de algunos detalles demasiado tiernos o visiblemente románticos incluidos en “Cazadores de Sombras”, es una historia que me ha cautivado. Sólo con esta tercera entrega ya me he hecho fan de sus personajes. Unos personajes que entenebran a los adolescentes bonachones de las historias “harrypottianas”. Desde que JK Rowling tuvo lo que tuvo gracias a su mago de las gafas y las escobas voladoras último modelo, son muchos los escritores que buscan nuevas fórmulas de atraer a la juventud hacia sus libros. Pues bien, creo que Cassandra Clare ha podido dar con una buena manera de retomar esos personajes adolescentes protagonistas de literatura fantástica y convertirlos en algo más siniestro y oscuro que unos magos que compran libros en un callejón repleto de tenderetes y que van al cole privado en un tren de vapor.

Los personajes de Cazadores de Sombras pertenecen a una nueva raza, los nefilim, una especie que nació el día en el que el ángel Raziel se le apareció a un humano y mezcló su sangre con la de los hombres. Ese día nacieron los nefilim, o lo que es lo mismo, los cazadores de sombras. Unos humanos extraordinarios capaces de prodigios mágicos y con la piel repleta de runas tatuadas a fuego. Los nefilim se convierten desde aquel día en los encargados de salvaguardar a los humanos corrientes de los vampiros, los brujos, las hadas, los hombres lobo… en fin, toda una caterva de criaturas extrañas que nacieron de la mezcla entre humanos y demonios. Ni que decir tiene que estos semidemonios corretean entre nosotros sin que lo sepamos, siendo corregidos y gobernados por nuestros ángeles guardianes, los cazadores de sombras. Que a su vez tienen como profesión la caza de cualquier demonio que pise la Tierra… la mayoría de las veces con intenciones poco bienintencionadas.

Y como en toda novela fantástica que se precie tenemos algo que rompe para siempre el débil equilibrio impuesto por las circunstancias. En este caso es un cazador de sombras que piensa que su propia raza está corrupta y se ve como el salvador… pero vamos, que esto no nos extraña a estas alturas ¿verdad? Hay tantos salvadores autoimpuestos.


El caso es que en este libro tenemos varios adolescentes con poderes y magias variadas que lucharán para que todo vuelva a la normalidad, entre comillas, de esta Tierra repleta de ángeles y demonios.

Y entre medias de todo amoríos juveniles de todo tipo. Los habituales chico conoce a chica, chica se enamora de chico, que resulta ser un tipo malo, lo que hace que a la chica todavía le guste más, chico que se encuentra ante el dilema de saber que la chica no puede ser su pareja por circunstancias extrañas y bla, bla. Pero también chicas enamoradas de otras chicas, chicos enamorados de brujos o de sus primos o de… en fin, todo un lío de amores encontrados, que deja bien a las claras que los asuntos de relaciones de todo tipo empiezan a encontrar su hueco entre los lectores y que para los jóvenes todo esto que a los mayores nos puede parecer raro, o no, para ellos es de lo más natural, pase lo que pase.

Ya os digo que Cazadores de sombras es una literatura fogosa, valiente y vertiginosa, que les va a encantar a los jóvenes y que a los que nos gusta la fantasía nos invita a gozarla de una manera diferente… y todo esto lo digo sin haber leído ni la primera parte ni la segunda, ojo.

Aprovecho que el otro día hice un paréntesis en mis lecturas de novelas fantásticas para recomendaros tres cuentos de Washington Irving. Autor como sabréis todos de los famosos Cuentos de la Alhambra. Pues bien, el otro día pasé un buen rato leyendo tres cuentos fantásticos escritos por él… o recogidos del saber popular. Se trata de La leyenda del soldado, La leyenda del astrólogo árabe y cómo no, una de sus creaciones más conocidas, La leyenda de Sleepy Hollow… donde el pobre de Ichabod Crane sufre en sus propias carnes el azote de un criatura fantástica por culpa de sus amores por Katrina… o mejor aún, por las riquezas y parabienes que le ofrece el desposarse con Katrina.


Y ya para acabar por hoy, recomendaros dos títulos de los que hablaremos por aquí en muy poco tiempo. El primero es de una autora de la que ya hemos hablado en nuestra sección varias veces. Carolina Lozano, que acaba de publicar Taibshe, Aparición, que Edebé puso ayer mismo a la venta y que seguro que es una de las apuestas juveniles de cara al día del libro… y Crónicas del Multiverso, de Víctor Conde, que es la novela ganadora del último premio Minotauro de fantasía, ciencia ficción y terror… ya te contaré.

16 de marzo de 2010

Si no pasa nada raro...

Pues eso, que si no pasa nada extraño, a eso de las 20.30 estaré por El bosque de las palabras en compañía de buena literatura fantástica y de mi amigo Francisco Legaz.

¿Vais a estar también por ahí?

Hoy hablaremos del libro de la foto. "Ciudad de cristal", última parte de Cazadores de Sombras, una saga muy interesante de Fantasía Urbana.

Os espero.

9 de marzo de 2010

La Noche del Cetrero 11

-Señor… no quisiera meterme donde no me importa pero yo soy…

-Te metes donde no te importa, soldado. Ahora ve a preparar algo a otra parte, lo que sea, quiero hablar un momento a solas con mi aprendiz.

-Pero señor… el rey…

-Al rey no le importará que dé unos consejos a mi sirviente. Oerges no es estúpido y sabe que mis consejos nunca son ofrecidos de más. Ahora ¡vete! ¡Déjanos solos!

El soldado se marchó con una reverencia y un reniego airado que el cetrero prefirió obviar, en otros tiempos lo habría partido en dos con la espada que tenía en las manos por el mero hecho de protestar.

-¿Y bien? ¿Qué estupidez es esta? –preguntó Margall a Roland tras sentarse sobre un cajón de madera y dejar la espada en el mismo lugar en el que había estado apoyada instantes antes.

-Yo… me he ofrecido voluntario para ir a Bidem. Los Drauks van a…

-Lo sé. Estoy al tanto, no hace falta que me des tantas explicaciones, quiero saber por qué te has ofrecido voluntario, ¿estás loco? ¿Acaso no te he explicado bien lo que les sucede a los estúpidos? ¿No te hablé del bosque?

-Sí, señor… y aunque no me hubieses hablado de él yo temería a las criaturas que pululan bajo la luna llena igualmente, lo he hecho desde niño… yo… ¡no quiero ir! –el tono de voz de Roland se volvió suplicante a medida que hablaba, parecía un niño tembloroso despertado en medio de una pesadilla.

-Es tarde para eso Roland, el rey ha preparado todo, estás vestido con las ropas de su hijo… no puedes echarte atrás. Ya no puedes hacerlo.

-Pero maestro, ¿qué voy a hacer? Me matarán en el bosque, me arrancarán la piel a tiras, me asarán en un caldero para devorarme y luego se llevarán mi alma como recuerdo al Infierno…

-Eso haberlo pensado antes de hablar muchacho. Te advertí que no abrieses la boca en presencia del rey, te lo dije. Sólo tenías que llevar los mensajes, sólo eso…

-Pero si intercedéis por mí estoy seguro de que el rey aceptará vuestro consejo, siempre lo hace…

-Esta vez no lo hará, lo sé. Tiene que justificar ante sus hombres que ha hecho todo lo posible por la aldea… y perder a un aprendiz de cetrero no es un precio demasiado alto para conseguirlo.

-Pero señor… ¡me van a matar!

-Lo siento Roland. Yo no puedo hacer nada… es muy tarde. Sólo te puedo dar un consejo… o dos, aparte de darte una espada más pequeña que esta de ahí –señaló el enorme espadón que el guarnicionero había pretendido envainar en el cinturón de Roland-, una que no te haga caer del caballo al menor traspiés.

5 de marzo de 2010

El Elefante de Marfil


Hace poco más de una semana nos llegó al buzón herrumbroso y cubierto de maleza de nuestro castillo un libro con una cubierta que ya invitaba a leerlo, El elefante de marfil, al mirarlo por delante y por detrás, por arriba y por abajo, tuve la certeza de que estaba ante una de esas novelas en las que uno se adentra sin saber demasiado bien a lo que atenerse, novela histórica, sagas familiares, intriga, aventuras… tenía de todo en sus más de 500 páginas, al menos en apariencia.

No suelo hacerlo casi nunca, pero antes de leer la novela me interesé por su escritora, Nerea Riesco, una joven escritora y periodista bilbaína que se crió en Valladolid y que ahora reside en Sevilla con varios premios a sus espaldas a pesar de su juventud. El Premio Ateneo Joven de Novela de Sevilla con su primera novela “El país de las mariposas” y el puesto de finalista en el Premio Espartaco por otra de sus novelas “Ars Mágica”, que además ha sido traducida a infinidad de idiomas. En fin, que tenía entre mis manos un libro de una calidad asegurada de antemano por el currículo de su creadora.

Esperaba encontrarme con una novela histórica más, aderezada con un misterio claro está, protagonizado en este caso por una partida de ajedrez sin disputar y una búsqueda desesperada de un “tesoro” perdido que enmarca un pacto antiguo entre cristianos y musulmanes… casi nada. Pero no esperaba toparme con el ambicioso novelón que he tenido el placer de disfrutar entre mis manos. Ambientada en la Sevilla de finales del siglo XVIII (la novela arranca con el tristemente famoso Terremoto de Lisboa), la historia nos cuenta los avatares familiares de una familia atípica durante tres generaciones, la familia Montenegro, poseedora de una imprenta famosa (y real) y contenedora de un secreto que marcará sus vidas… aunque todos encontrarán el amor y la pasión tan necesarios en nuestra vida cotidiana. La verdad es que el libro está trazado entre hechos históricos reales, aderezado con detalles de la vida cotidiana de la Sevilla de la época y de los azares menos naturales que corren los miembros de la familia.

A lo largo de sus páginas disfrutaremos de sus logros y sufriremos con sus derrotas y capitulaciones, tendremos que contener las lágrimas con algunas de sus muertes y con la pérdida de un civismo y una ilustración semejantes a las de la Francia de comienzos del XIX… aprenderemos historia española y nos toparemos con muchos detalles históricos que lejos de aburrir y contener la historia narrada lo que hacen es llevarla en volandas de uno a otro punto.

La narrativa de Nerea es vibrante y continua, no te cansa a pesar de ser extenuante y no permite que uno se pare demasiado para no perderse lo siguiente… eso es lo único que permite que no aburra una búsqueda de cinco décadas de un papel custodiado por un personaje del que sólo conocemos el apellido y el fruto de su trabajo y que, sin embargo esté siempre presente, como un recuerdo lejano que siempre regresa. Nos embarcamos en la vida de los Montenegro sin importarnos ya esa partida de ajedrez ni ese elefante de marfil del título, nos amoldamos a la familia, a sus logros y avatares y sin darnos cuenta nos encariñamos con ellos… tanto que cuando al fin el destino aparece para exigir su parte de la trama, a nosotros casi nos trae sin cuidado y sólo queremos que esa gente sea feliz, sin importarnos si al final del libro ganan cristianos o musulmanes o si la Pepa sigue adelante o Fernando VII se burla de todos y la deroga… ¿qué más nos da? Nosotros sólo queremos que se recuerde a los Montenegro y que su imprenta siga adelante, que nuevas manos impriman en ese lugar en el que hay un cartel que reza “Aquí se imprimen libros”.


No se nota que me ha gustado esta novela ¿no? Felicidades Nerea por esta novela tan ambiciosa, estupenda, entretenida y entrañable a partes iguales… yo no sé a los demás, pero a mí me ha encantado… espero que el bandolero regrese a su refugio…

2 de marzo de 2010

El Violín Negro

El violín negro es un libro entretenido y escrito con una prosa que invita a continuar con su lectura, no te cansa. Pero además contiene entre sus páginas la esencia de ese personaje que tanto cautiva a Sandra desde que leyó su historia a los 13 años, ese romántico y desgraciado Fantasma de la Ópera, un ser excepcional, con unas dotes para la música y una sabiduría excelsas, pero cuyo rostro desfigurado de nacimiento mantiene oculto a los ojos del mundo, escondido detrás de una fría máscara con la que procura protegerse. Y que lo logra hasta que el amor por una mujer logra deshacer esa protección… la verdad es que se nota al momento el amor que Sandra tiene a este personaje que ella asegura fue una persona real, de hecho conoce a la bisnieta del propio Gaston Leroux y ella le ha confirmado que buena parte de la obra de su bisabuelo está basada en hechos reales, por lo que su certeza de la existencia de Erik es total y la admiración que siente por él y su obra palpable en cada línea escrita.

He dicho antes que estamos hablando de un libro entretenido, pero es mucho más que eso. En El violín negro se nota todo un gran trabajo de investigación llevado a cabo por Sandra, un trabajo que la ha llevado a visitar parajes a los que muy pocos privilegiados logran acceder y de los que somos testigos gracias a su pericia como escritora, tan vívidamente como si de verdad hubiésemos estado allí… en las galerías subterráneas recorridas por los catas o en los subterráneos de la Ópera Garnier… se nota que este libro está escrito por alguien con una capacidad de descripción tremenda. Alguien capaz de hacernos ver París como si en realidad estuviésemos recorriendo sus calles y sus edificios. A destacar sus descripciones sobre la Ópera y los detalles musicales de los que está repleto el libro.

Como ejemplo te puedo hablar de un capítulo en el que se nos describe la ciudad de Delfos, donde según los griegos se encontraba el centro del mundo. Bien, pues servidor ha recorrido este paisaje en realidad y por segunda vez gracias a Sandra, tan nítidamente como la primera.

Y además lo he pasado genial en compañía de Christelle, la joven protagonista, un reflejo difuminado de la propia autora, una virtuosa estudiante del violín enamorada de una leyenda, apegada a un libro sin apenas darse cuenta de ello. Una huérfana cuya vida cambiará radicalmente a raíz de la irrupción en su cotidianidad de un misterioso violín negro que su tío procura que no vea y por supuesto, que no toque. Pero ya sabemos cómo son los libros, Christelle terminará tocando el violín y ahí se desencadenará esta aventura repleta de acción, aventuras, romanticismo y misterio.

Además de la historia de Christelle, que transcurre en el París contemporáneo, nos topamos con la de un Gaston Leroux a punto de escribir la novela que le dio fama universal y de la que Sandra es una auténtica experta, El fantasma de la ópera. Así que tenemos dos argumentos divididos por los años y relacionados entre sí… bueno, o mejor dicho, tres, porque también nos topamos con las aventuras de Erik, el Fantasma, que Sandra considera un ser tan real como la propia ópera que dice la leyenda que ocupó y ayudo a construir.

Si lo que Sandra pretendía al escribir esta novela era que nos entrasen ganas de leer la novela clásica de Leroux, lo consigue holgadamente. No seré ni el primero ni, probablemente el único que lea El fantasma de la ópera gracias a El violín negro. Y si lo que pretendía era simplemente el crear un ambiente misterioso y una novela que pudiesen disfrutar lectores de todas las edades también lo ha hecho. Es una recomendación segura y un libro del que disfrutará cualquiera.

Y diréis, sí, está muy bien, pero ¿dónde está la fantasía? Pues la hay y mucha. Pero prefiero no desvelaros nada más, sólo que estéis muy atentos, porque hay un punto en la novela donde su realismo se trastoca de repente y donde comienza la magia y la fantasía que describen nuestra sección semanal.

Sin temor a equivocarme os recomiendo El violín negro, de Sandra Andrés Belenguer y publicado por Ediciones del Laberinto. Un libro romántico, eso sí, pero que a la vez es bastante oscuro, con tintes incluso de novela negra. Espero que os guste.

Esta tarde en El bosque de las palabras...


Esta tarde estaremos de nuevo en El bosque de las palabras, de nuestro amigo Francisco Legaz. Ya sabéis, hablaremos un poquito de literatura fantástica y en particular del libro del que no hablamos al final la semana pasada (porque hablamos de la III Feria del Libro Sierra Oeste de Madrid que se va a celebrar en Navas del Rey los próximos 23 y 24 de abril)... ya sabéis que se trata de El violín negro de Sandra Andrés Belenguer...

...aunque a ver si me acuerdo y comento algo también sobre la presentación literaria a la que quiero ir mañana por la tarde en la Fnac de Callao (Madrid)...

La Noche del Cetrero 10


La mirada del capellán se salió de sus órbitas, sus labios se fruncieron y sus puños se cerraron con furia. Nadie sabía por qué, pero lo que a otros les habría valido la cárcel, unos buenos latigazos y una ejecución en la hoguera a Margall sólo le acaecía la mirada asesina de Laundrat.

El capellán empujó al cetrero para hacerse paso y entrar en la sala en la que permanecían enmudecidos Roland y el soldado. Miró al chico de arriba abajo hasta que sus ojos de águila se posaron en la pequeña cruz de madera que colgaba del cuello del aprendiz, asintió aprobadoramente y evaluó la actitud del joven, cuando éste bajó la mirada al suelo lo tomó por una muestra de respeto y volvió a sonreír. Se acercó muy despacio hasta donde se encontraba y levantó su cara por la barbilla hasta situar sus ojos frente a los asustados iris del sirviente, que lo miraba con evidente temor. Todo el mundo en Sarberk temía a Monseñor Laundrat y si no lo hacía era porque era muy estúpido o alguien más importante que el capellán de la Catedral.

-Eres muy valiente joven, estoy seguro de que Dios velará por ti esta noche. Si te ves en apuros aferra la cruz con fuerza y reza, yo también rezaré por ti, ten por seguro que el Señor tendrá la vista posada en tu camino…

-Es… est… estoy seguro Monseñor –musitó contrito Roland mientras besaba el anillo adornado con un rubí de brillo mortecino ofrecido por el sacerdote. La mueca de éste se hizo más amplia cuando abandonó la estancia y pasó junto a Margall, como si el hecho de que su aprendiz fuese un verdadero Creyente resultase una victoria a su favor.

-No olvides pasar por la iglesia a rezar antes de atravesar las puertas, haremos que Dios guíe tus pasos esta noche, joven cetrero.

Margall permaneció de pie en el umbral, escuchando las pisadas premeditadamente lentas del Capellán que se perdían por el corredor iluminado por antorchas encendidas, en todo momento su mirada gris estuvo fija en el rostro atormentado de su aprendiz, parecía ser la única persona que se percataba de que Roland se había metido en un lío del que no tenía salida digna posible, a excepción de una aventura peligrosa y probablemente mortal en el Bosque, maestro y alumno sabían de la incapacidad del joven para montar un caballo a la carrera… o para aunar el suficiente valor como para lanzarse al galope en medio de una noche de luna llena.

Como si la ida del Capellán hubiese significado el fin de un paréntesis oscuro, el intendente tendió a Roland una espada de doble filo que había permanecido hasta ese momento apoyada en la pared de granito. La espada estaba bien afilada y no debía ser especialmente pesada.

Calibrándola con la mirada Margall estudió su fina manufactura y la belleza de su empuñadura, quien hubiese forjado esa espada sabía lo que se hacía. Adelantándose unos pasos entró en la habitación y arrebató la tizona de las manos del asombrado soldado encargado de preparar el atuendo y las armas del chico.