2 de enero de 2011

Barco sin Puerto


Soy un navío sin rumbo ni horizonte,
un bajel avejentado, sombrío,
un barco sin puerto al que arribar,
ese soy yo cuando me acuesto
y me levanto,
un fantasma errante perdido en alta mar,
un extraño en tierra propia,
un oscuro mal que no lo sabe,
un siniestro pirata sin coraje,
un reniego,
un susurro,
un lejano recuerdo de otro mar,

no tengo patria que me acoja
ni nostalgias en las que añore algún hogar
mis banderas no disponen de colores,
ya no los tienen,
se los dejaron en mil puertos,
se dejaron los colores,
los mezclaron con retazos de vivencias y de aromas,
olvidaron los colores de mi patria
los dejaron en mil puertos diferentes
y nunca los podré recuperar,
no tienen pues, colores mis banderas
ni mis velas saben hacia dónde me tienen que llevar,
pero me llevan,
siempre recogen los vientos y me llevan,
siempre hacia delante,
siempre procuran llevarme hacia delante
azotadas por los vientos,
sin colores, sin recuerdos, sin retorno,
pues no hay patria a la que tener que regresar,

soy de todas partes y ninguna al mismo tiempo,
todos me aceptan en sus muelles un instante
antes de recordarme que no merezco su madera y su salitre,
que nunca serán míos,
que solo los tomaré prestados
pero que siempre los tendré que abandonar,
que no soy dueño de nada
y que, más tarde o más temprano
terminaré por tenerme que marchar
y que si no lo hago,
seguiré siendo de otro mar,
siempre de otro mar,
una bandera sin colores,
un bajel perdido y sin cañones,
un extraño llegado de otro mar,
un extranjero sin patria ni colores,
aunque ya no tenga patria ni la busque
aunque jamás pertenezca ya a otro lugar,
aunque siga sin colores para siempre,
aunque mis velas se rasguen
y nunca más me permitan viajar hacia otros puertos,
aunque me tenga que quedar,

todos me aceptan con un sonrisa
y me guardan las amarras,
me dan sus manos,
pero al final todos me recuerdan
que su casa es su morada
y nunca podrá ser mi lugar,

soy emigrante,
no procuré patera alguna
pero naufragué sin sentir el oleaje,
me ahogué y nunca lo he sabido,
viajé sin visado ni equipaje
y nunca dejarán de recordarme mis rarezas,
aunque sea igual a ellos,
aunque mi ancla este firmemente clavada
en lo más hondo de su mar,

siempre seré un extranjero,
sin colores,
sin patria,
sin mar,
aunque no me lo digan
siempre terminan susurrando a mis espaldas,
siempre seré un extranjero
aunque cuide y sea amante de su mar,
no tengo puerto,
ni bandera,
ni oleaje,
ni muelle,
ni hogar,

no tengo puerto
y mis amarras
no me anclarán nunca con firmeza
a ningún lugar.