13 de enero de 2011

La Dama del Claro II

Yo también sigo nervioso, aunque sé que no hay motivo… acabo de despachar a cinco criaturas que me doblaban en estatura y corpulencia sin apenas esforzarme, de hecho, creo que he actuado de manera bastante temeraria, aunque visto el resultado no me extraña que sea capaz de actuar así. Pero si soy tan peligroso y mortal como parece ¿por qué estoy tan agitado? ¿Por qué no se va este molesto nudo en el estómago?

Llevo cabalgando un par de horas desde que acabé con los toros y no me he topado con ninguna criatura más. En realidad, con ninguna que quisiera atacarme o enfrentarse a mí. Mis sentidos son capaces de distinguir el arrastrar de decenas de criaturas a mis espaldas. Seres escurridizos que se adentran en las sombras. Además de varias aves que han sobrevolado sobre mí. Cuervos y urracas, ¡espías! No sé por qué, pero sé que estoy siendo vigilado por el propio bosque que me cobija. Alguien quiere saber cada paso que doy y eso es algo que me disgusta. Alguien deberá darme muchas explicaciones antes de morir.

A Leviatán se le escapa un relincho y es en ese instante cuando sé que la cosa se va a poner fea de verdad. La runa de la espada reluce y mi corazón se desboca en palpitaciones aceleradas. Esto no me gusta. No debería estar tan nervioso ni asustado. No debería estar asustado ni temblar…
Descabalgo de un salto y mi espada fulgura fuera de la vaina antes de que mis botas negras se posen en el acolchado suelo repleto de hojas muertas y moho húmedo. Cada vez se ve menos en el bosque, una espesa niebla se ha posado y no me deja ver más allá de mi brazo estirado. Suerte que mis sentidos funcionan a la perfección, así puedo saber que algo más me acecha, una criatura nauseabunda y siniestra que repta en el tronco de un árbol situado a mi derecha.

Un simple movimiento me basta para acabar con la serpiente. Suelto una maldición al sentir la quemazón de su sangre en mi piel. Me he quemado el brazo, pero, por suerte para mí, eso es mucho menos de lo que me habría ocurrido si hubiese permitido que la serpiente se me acercase. Esta vez he tenido suerte, pero el bosque es cada vez más peligroso, lo presiento.

Leviatán relincha nervioso ¿dónde está? Ahí, a tan solo una decena de metros… pero llego tarde, antes de empezar a correr sé que no llegaré a tiempo. Su piafar aterrado hace que me estremezca de pavor. La niebla se espesa y pierdo de vista su pelaje negro como la noche y sus ojos infinitos. Pero puedo escuchar cómo lucha por sobrevivir, cómo patea en el suelo pantanoso y caracolea furioso. Leviatán es un señor entre los caballos, forma parte de su realeza y su orgullo se hace patente en la batalla desencadenada fuera de mi alcance. Escucho su bravo relincho, su batalla y lo siento cada vez más lejano, más sordo… mis botas chapotean en el fango y me hacen resbalar, apenas me percato, pendiente como estoy de localizar a mi caballo. Ahora sé por qué estaba tan nervioso, sabía que iba a morir aquella noche, Leviatán lo sabía e intentaba decírmelo. Aprieto los puños y blasfemo a voz en grito.

Escucho un último relincho…

¿Por qué suena como si viviese de arriba? Al levantar la mirada le veo, veo a mi caballo… o lo que queda de él, Leviatán está destrozado y su cuerpo repartido entre cuatro copas diferentes… entonces, con la juguetona niebla a mis pies, veo al causante de la muerte de mi montura. Es un ser irreal y monstruoso. Un ser que reparte su cuerpo entre varios árboles diferentes, es enorme.

Parece una serpiente. Una serpiente enorme. La madre de todas las serpientes.

Tiene los ojos amarillos y relucientes, su mirada destila una malévola inteligencia que la convierte en un peligro mayor de cuantos me he encontrado hasta el momento. No la veo venir hasta que ya la tengo encima, se mueve como un rayo y, antes de esquivar su repentino ataque puedo ver que cuenta con varias hileras de colmillos en el interior de sus fauces, cada uno de ellos al menos tan alto como y mismo.

Antes de poder felicitarme por haber esquivado su primera ataque, la bestia contorsiona su cuello y lanza contra mí un nuevo ataque de sus colmillos y sus fauces. De lo que ocurre a continuación apenas guardo un recuerdo. Mi movimiento es increíblemente rápido y parece instintivo, me sirve para esquivar a la serpiente gigante y, a la vez, lanzarme hacia ella con todo el peso de mi ira. Leviatán está muerto y eso me convierte en un peligro mayor aún para el Bosque, ya no hay ser que retenga mi venganza.

Al cabo de escasos minutos la serpiente reposa a mis pies, aún agoniza mientras me arrodillo ante sus fauces y la miro directamente a los ojos, donde encuentro una vez más un terror inaudito hacia mí. Pienso en matarla de una vez, para que no sufra… las heridas que le he infringido son graves, mortales de necesidad, así que –pienso- por qué iba a acabar con ella tan pronto, lo mejor será que agonice antes de morir, así todo el bosque sabrá lo mucho que quería a Leviatán.

Ahora… ahora estoy solo en el bosque, ahora soy un peligro.

Que se preparen todos. Creo que nunca antes había estado tan cabreado como lo estoy ahora mismo… al menos no lo recuerdo.

Ese bosque y sus moradores se van a arrepentir de tenerme entre sus invitados.

2 comentarios :

Víctor Pintado dijo...

La frase "Descabalgo de un salto y mi espada fulgura fuera de la vaina antes de que mis botas negras se posen en el acolchado suelo repleto de hojas muertas y moho húmedo" tiene demasiados adjetivos, se hace larga.

Qué anti-clemencia con la serpiente... ¡este tío es el malo!
Por cierto, esta serpiente se parece a una que imaginaba yo de pequeño, ha sido emocionante. La batalla podría haber durado dos párrafos más. Con lo que duraba el primer capítulo.

Fastidia un poco que la espada lo haga todo; seguro que el prota pensaría lo mismo si no fuera porque le salva la vida.

Aparte, faltas menores, mira en el anterior capítulo y en este: en cada uno tienes una falta de ortografía, una letra cambiada o que sobra.

Javi dijo...

Sip, creo que tienes razón... quitaré un par de ellos... creo que ya contaremos que las botas son negras y el moho siempre es húmedo ¿no?... lo quitaré cuando publique la sexta parte. Gracias Víctor

Si hay faltas, dímelo, que así las quito, jejeje. Gracias.

Y, como habrás visto luego, la espada no lo hace todo...