2 de enero de 2011

La Dama del Claro


Leviatán está nervioso… y asustado, algo a tener muy en cuenta en estas tierras que recorro. Además, siempre hay que tener muy en cuenta todo aquello que tenga que ver con algo que uno tenga entre las piernas, no sabéis en la de líos y peligros que me he metido por cosas que están entre mis piernas y no todas son tan inocentes como un caballo de guerra…

Es extraño que Leviatán tiemble como un potrillo, pues, desde que lo recuerdo a mi lado, poco más de una semana, nos hemos enfrentado juntos a trolls de barro, duendes y un feroz ogro que estuvo muy cerca de matarnos y devorarnos. Y hasta hoy se había mostrado como un caballo fiel y templado, un aliado en la batalla. Mis recuerdos son muy sesgados y están emborronados, pero supongo que Leviatán y yo ya hemos combatido juntos en más ocasiones de las que soy capaz de recordar. En los últimos días he perdido la cuenta de las veces que me ha salvado la vida, se mueve veloz como el relámpago y furioso como el rayo, parece un apéndice más de mi cuerpo, tan certero en los movimientos el cuerpo a cuerpo como mi espada negra y mi arrojo en la batalla. Por eso, no es de extrañar, que ante su agitación, me turbe como una chiquilla a punto de perder la virginidad. No me gusta reconocer ese tipo de cosas, pero estoy asustado, no puedo negarlo, lo noto en el sudor frío que recorre mi espalda, en el vello de punta de mi nuca, en mis manos temblorosas. Estoy asustado y eso hace que mi rabia se multiplique por cien.
No debería estar asustado.

¿Por qué me asusto? En esta semana he mutilado, asesinado y herido a más de una docena de criaturas oscuras, algunas mientras intentaban huir de mí… ¿por qué asustarme entonces? Sea lo que sea lo que hay más allá de esos robles retorcidos me enfrentaré a una muerte asegurada, llevo siete días y siete noches haciéndolo. No sé dónde diablos me encuentro, pero este maldito bosque oscuro y marchito parece no tener fin y mi agresividad parece fuera de todo límite. ¿Debería temer a las criaturas que me acechan si hasta ahora me he mostrado más fiero y peligroso que todas ellas? Lo dudo, y aun así soy incapaz de tranquilizarme, estoy más nervioso de lo que me gustaría aceptar y supongo que el nerviosismo de Leviatán acrecienta mi desasosiego.

Perdonad que no me presente, me encantaría hacerlo, supongo que sería lo aconsejable en una situación como esta. Os diría mi nombre, quién soy y, puede, que incluso mis atributos físicos, pero no puedo hacerlo. ¡No sé quién demonios soy! Y aunque suene mal decirlo, esa frustración de desconocer de donde vengo es la que ha hecho que asesinase sin piedad a alguno de los enemigos con los que me he encontrado en este puto bosque, cuando podría haberles vencido y olvidado, hacerles huir o, incluso, asustar sin más, alejarlos de mí… aunque, por esa frustración de no saber quién soy he preferido matarles a todos. Por esa frustración y porque he podido hacerlo, no sé quién soy, pero sí que puedo asegurar que soy poderoso y un guerrero formidable. El único recuerdo de esta semana en el infierno es un arañazo en mi antebrazo izquierdo, un negro arañazo de una daga de duende, un arañazo que debería haberme matado, porque la hoja de la daga estaba envenenada… y sin embargo, aquí estoy. Nervioso, asustado… pero vivo al fin y al cabo.

Como ya os he dicho no sé quién soy ni dónde estoy. Me desperté bajo un conjunto de álamos desnudos, envuelto en hojas amarillentas. A mi alrededor solo se oía el ulular del viento y algún tenue aullido lejano, supongo que de lobos. Junto a mí pude ver los restos humeantes de una hoguera y un fardo de ropa que, supuse, pertenecían a una mujer, por sus colores cálidos y su tamaño. No había nada más junto a mí, a excepción de Leviatán, mi caballo y la espada con la que me llevo defendiendo desde entonces. Un terrible dolor de cabeza y un pequeño charco de sangre me indicaron que había sufrido un fuerte golpe en el cráneo, probablemente, ese golpe sea la causa de esta amnesia que me impide recordar ni cómo me llamo. Por fortuna no he olvidado cómo se lucha ni cómo sobrevivir a solas en un bosque repleto de alimañas.

No sé qué lugar es este, pero está impregnado de maldad. Todo es peligroso, todo es mortal… lo bueno del asunto, es que, de momento, yo soy lo peor que hay por aquí. Desde mi despertar de hace una semana no he visto salir el sol un solo día. Aunque, de haberlo hecho, la frondosa cúpula arbórea que tengo sobre la cabeza tampoco habría dejado ver demasiada luz. No sé quién soy, ni qué, pero no me importa demasiado la ausencia de luz, casi diría que su ausencia me otorga fuerzas y sentidos irracionales. Veo en la oscuridad, siento a mis enemigos antes de toparme con ellos, huelo el alimento necesario, distingo los frutos venenosos de los que no lo son… soy un guerrero experimentado y un excelente rastreador, de eso no me cabe ninguna duda. Llevo una semana viviendo gracias a ello y a Leviatán y a la misteriosa espada que mora en mi vaina de cuero.

Desde que desperté en el claro no he parado de caminar hacia el norte, algo me grita insistentemente que me dirija hacia el norte, aunque todos mis instintos de guerrero me dictan que abandone y me encamine hacia el sur. Algo me dice que estoy buscando algo o a alguien. He perdido algo muy preciado, es imposible no admitirlo y ese algo es lo que me ordena que me dirija hacia el norte lo más rápido posible.

Hay un olor… no sé decir demasiado bien de a qué pertenece, pero hay un olor suave y aterciopelado, un olor fresco, que me impulsa a no detenerme ni un instante. Cada vez que lo noto mis sentidos se agudizan, siento que la sangre me hierve y noto una punzada dolorosa en el estómago. Cuando me topo con ese olor es cuando sé, sin lugar a duda alguna, que he perdido algo, que me lo han arrebatado y que haré lo imposible por recuperarlo.

Pero espera… creo que escucho algo.

Sí, ahí está, es un sonido inconfundible, algo se arrastra por el suelo, noto el crujir de las hojas caídas, la arena y el musgo deslizándose despacio. Un murmullo apenas audible, aunque para mí resuena como un grito en la noche. Tres criaturas me acechan tras los robles. Tres criaturas grandes y corpulentas… probablemente más grandes que yo. Bien, ya llevo ocioso demasiadas horas, necesito ejercitar los músculos. Por suerte mis ropas son negras y opacas, sólo el brillo de mis pupilas podría delatarme. Por eso cierro los ojos.

Y por eso me bajo de Leviatán lentamente, muy despacio. Está nervioso, lo sé y no lo está por esas tres criaturas que nos aguardan unos metros más adelante, algo le tiene nervioso de verdad, le noto preocupado. Acaricio su lomo con ternura y le susurro unas palabras tranquilizadoras mientras le indico que me espere allí, que no tardaré en regresar a por él. Después voy hacia los robles, hacia las tres criaturas que me aguardan. Sé que me acechan y que intentarán matarme no bien irrumpa en el claro, pero ni siquiera desenvaino mi espada, será divertido ver hasta qué punto son capaces de ponerme en aprietos. No recuerdo quién soy, por eso llevo toda la semana poniéndome a prueba, divirtiéndome… es como si nunca hubiese podido divertirme tanto en toda mi existencia, como si nunca hubiese forzado mi saber. Y es terriblemente adictivo. Cuantas más vidas sesgo más necesito sesgar, cuanto más me arriesgo más divertido e interesante me parece todo esto.

Sé que este bosque es peligroso, que es una trampa mortal y sin embargo, me resulta tan interesante estar aquí, estoy tan nervioso como un chiquillo con un juguete nuevo. Podría decirse que estoy feliz por estar siempre en peligro. La verdad, sinceramente, no debo estar demasiado cuerpo para pensar de semejante manera, me encantaría saber quién soy… supongo que tarde o temprano acabaré por recordarlo, eso si antes no soy vencido y masacrado.

Antes de llegar a los robles sé cómo me atacarán, es una emboscada en toda regla. Mis tres enemigos son grandes, muy grandes, uno de ellos me dobla en estatura, no me preguntéis cómo lo sé, pero lo sé y eso me basta por el momento. Sus armas son casi tan formidables como ellos y me odian con toda su alma, eso sí que es evidente, porque rezuman un aura oscura que me amenaza en silencio. Sus corazones están tan podridos como su aliento, alguien les debería haber dicho que para emboscarme a mí deberían haber sido mucho más cuidadosos, pero no lo han hecho mal para lo toscos que son. Me tienen rodeado o me tendrían si yo no fuese quien soy y si no fuese un guerrero tan condenadamente bueno como lo soy.

Me hago el despistado, así es mucho más divertido. Dejo que se levanten en silencio, que se crean que me han cogido por sorpresa y me ataquen. Así es mucho más divertido el matarlos, así puedo ver sus caras de terror cerca, muy cerca, puedo saborear su terror y sentirme poderoso, sentirme eterno. Es una sensación increíble y misteriosa la que me embarga cuando esto ocurre. Y después la sangre, ¡ah! La jugosa y cálida sangre resbalando entre mis manos.

Uno me sale de frente y otros dos a mi espalda… y justo en el último momento siento uno más que surge a mi derecha, vaya, eso sí que no me lo esperaba, al final resulta que son más listos de lo que me pensaba, bien, ya os he dicho que así es más divertido, cuando el peligro es real. Su estrategia está muy bien planteada y creo que alguien les ha informado sobre mí, porque saben que soy zurdo, me gusta, esto se pone interesante. Quizás, si encuentro a su informador pueda averiguar quién demonios soy.

Su emboscada es hábil y sencilla, cubren todo el espacio de defensa, en especial el derecho, que es donde tengo la espada. En teoría, yo debería intentar saltar a la izquierda, buscando la única escapatoria posible, pero estoy casi seguro de que allí me espera otro ejemplar de tres metros de criatura desconocida y portentosa, además de repulsiva. No sé dónde estoy, pero todos los seres con los que me he topado son verdaderamente repulsivos, palabra. Así que hago lo que menos se esperan que haga, salto hacia la derecha, hacia el gigantón que corre hacia mí. Supongo que, mi figura esbelta les ha podido engañar, supongo que habrán supuesto que eran más robustos y fuertes que yo… puede ser, pero soy un guerrero experimentado y sé cómo hacer daño a un enemigo, por grande que este sea. No me cuesta demasiado arrebatar el resuello y el fuste de mi primer oponente. Los otros cuatro, sí, a mi izquierda ha aparecido otro Minotauro sin cuernos –al menos eso es lo que parecen estos seres-, se han detenido un segundo, apenas un segundo de duda. Pero ese segundo ha sido suficiente como para que desenvaine mi espada negra.
No es momento de descripciones, pero la verdad es que merece la pena describir mi extraña espada. No es de metal, parece de piedra, no sé, granito… o incluso carbón, quizás sea de obsidiana, no lo sé. Es un arma de lo más tosca y anodina, ni siquiera debería estar afilada… y sin embargo es mortal y sanguinaria. Creo que, en algunos momentos de algunas refriegas, es ella y no yo la que busca los puntos débiles de mis enemigos. No solo los busca, los halla y los ataca sin piedad. Solo la empuñadura es metálica y en el pomo de su salvaguarda hay una única runa plateada que no sé qué diablos significa, pero que reluce cuando hay algún peligro cercano o cuando la sangre de un enemigo baña su hoja aparentemente desafilada.

De un solo tajo rebano el cuello de uno de los toros –dejadme que les llame así- que me atacan desde la espalda. El bruto cae de rodillas entre sonidos guturales y no tarda en desangrarse y ahogarse con su propia sangre. Embravecidos por esta primera sangre derramada, el resto de atacantes se lanza hacia mí en masa, pensando que su corpulencia y número bastarán para derrotarme. Pobres, no saben con quién se la están gastando… en menos de un minuto acabo con ellos. Destripados y mutilados, así es como suelen acabar siempre mis oponentes. Sigo pensando que esta espada extraña es la causante de casi todas las heridas, yo me limito a bailar con ella.
Mierda –pienso casi en el mismo instante en el que cerceno la cabeza del quinto toro masacrado- debería haber dejado a alguno con vida para que me contase qué pasa en este bosque, quién soy y por qué todo el maldito mundo me ataca allá donde voy.

Debería haber dejado a alguien con vida, pero esta maldita espada…

Tras un par de minutos rebuscando entre las ropas y pertenencias de los toros regreso hasta donde se encuentra Leviatán y me subo a su grupa. El pobre sigue nervioso, puedo notarlo entre mis piernas, pero le obligo a continuar hacia delante, sin saber qué habrá más allá de los robles.

4 comentarios :

Marcos Dk dijo...

Un tío muy bruto este misterioso guerrero. Estaré encantado de seguir las andanzas de este hombre tan modesto.

Víctor Pintado dijo...

El inicio no es lo más atrapador que hayas escrito, de hecho la frase de la amnesia me recordó inevitablemente a Malditos. Pero luego a partir de lo del olor entra el misterio. Yo también me pregunto qué o quién le llama. Y entonces la emboscada... ahí ya consigues mi enganchamiento. Se parecía a la narrativa de acción de R. E. Howard.

Como bien dice el sobrao protagonista, "No es momento de descripciones, pero...", pero no lo es. Con todo lo anterior no me distraje, pero con esta interrupción me distraje con una película. Eso sí, al volver AMÉ la espada y su descripción.

La cosa promete, ¿es una novela?

Javi dijo...

Es la idea, pero va a estar escrita a fogonazos, como estos primeros capítulos, la idea es escribir y publicar a la vez, por eso habrá errores que corregiré al acabarla (si la termino)

Gracias por leerlo.

Jose dijo...

La terminarás, mi joven padawan ;-)

Cojonudo, ya te contaré

Ya he empezado al menos jeje, mñn sigo con alguno más tron, b noches majo