9 de febrero de 2011

Quería ser escritor...


Quería ser escritor, lo ansiaba con toda su alma y tenía madera para serlo, madera y cuatro novelas guardadas en un cajón. Al quedarse en el paro escribió la quinta y la sexta y la séptima. Parecía no tener límites a la hora de escribir. Sus amigos le leían y elogiaban, algunos llevaron los manuscritos a amigos suyos que no le conocían, para saber si realmente eran buenas historias o no.

Y resultaron serlo. Unos y otros le animaron a enviarlo a editoriales y a concursos literarios. Animado por las buenas críticas y parabienes obtenidos envió relatos y novelas por doquier, aguardando una respuesta o una mención o una simple llamada. Tras un año de espera decidió olvidarse del asunto. Su desilusión era infinita, había depositado todas sus esperanzas en esa apuesta literaria…

Alguien le habló de la autopublicación, argumentando que muchos grandes escritores habían entrado así en el mundo editorial, convencidos de su talento desechado por los encargados del mercantilismo literario. Él se negó en redondo. Algún día encontraría a un editor dispuesto a publicarle y a apostar por un escritor novel. Dice la leyenda que aún sigue paseando sus novelas de editorial en editorial...


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