11 de marzo de 2011

Dos escritores en un banco. El escritor en el Banco 2.0


Se abre el telón. En el escenario, sobre un fondo oscuro (en el que puede haber o no una luna llena difuminada por la luz o las penumbras) solo hay un banco de madera alumbrado por una farola (lo deseable sería que la luz parpadease de tanto en tanto). Si hubiese posibilidad de añadir árboles de hoja caduca (desnudos o con muy pocas hojas castañas ya), mejor, así se daría a entender que estamos en otoño.

Tampoco sobraría una fuente de piedra (de cartón) situada junto al banco.

Suena una canción… Si tú no estás, de Rosana.

De la oscuridad surge un joven de aspecto desaliñado sin llegar a la exageración, lleva una bolsa de tela o cuero al hombro y camina despistado. Al llegar al banco y tras dar una vuelta completa a su forma decide sentarse. Se recuesta hacia atrás y sonríe con tristeza, sacude la cabeza. Abre los brazos y los apoya en la madera del respaldo. Cierra los ojos y respira hondo. Después abre los ojos y se queda un tiempo mirando a lo alto.

Al cabo de unos segundos se inclina y abre la bolsa, de su interior saca un cuaderno de cuadros y un bolígrafo, cruza las piernas para apoyarse y empieza a escribir. Emborrona un par de líneas de su cuaderno y lanza una exclamación, tirando el cuaderno abierto a un lado del banco.

En ese momento aparece en escena un señor mayor, vestido con soltura, sonriente y afable. Al pasar junto al joven se le queda mirando y ve el cuaderno. Parece que se va a marchar, pero, tras una duda decide dirigirse al chico.

Anciano- ¿Puedo?

Joven- ¿Perdón?

A- ¿Te importa que me siente?

J- (Mirando como si le molestase algo la interrupción y un poco brusco) No, no me importa, estamos en la calle ¿no? (recoge el cuaderno con rapidez e intenta esconderlo en la bolsa… aunque el abuelo ya lo ha visto)

A- Eso es verdad, estamos en la calle… (El abuelo siempre parecerá jovial y risueño, está de vuelta de la vida. Emite un gustoso quejido y se sienta). Mis huesos ya no son como antes ¿sabes?

(el chico se prepara para levantarse)

A-Espera (el anciano pone una mano en la pierna del joven, para que no se vaya), me gustaría charlar contigo un rato. Es muy agradable conversar con los jóvenes, sobre todo a mi edad…

J-Tengo prisa. Tengo… tengo que ir a estudiar

A-Vamos hombre. Seguro que tienes unos minutos para hablar con un viejo como yo.

J-La verdad es que no. Mire, me encantaría quedarme a charlar con usted y estoy seguro de que lo pasaríamos bien, pero… pero me tengo que ir, de verdad.

A-Es una chica ¿verdad?

J-¿Cómo dice?

A-Que es una chica a la que escribías esas palabras que has tachado ¿a que sí?

J-Bueno… yo… yo…

A-(Suspiro) El amor… ese enemigo traicionero al que todos deseamos poseer, pero que cuando nos es negado nos parece el más villano de los males. Créeme, no eres el primero, ni serás el único que sufra por su dulce veneno.

J-Yo…

A-He visto ese cuaderno antes de que lo escondieras, parecía muy usado ¿Eres escritor?

J-La verdad es que no… bueno, o sí. La verdad, me gustaría serlo, pero no tengo suerte. Aún no he conseguido publicar un libro y ya he pasado la treintena… no creo que llegue nunca a ser escritor.

A-No te preocupes muchacho, ser escritor no es una profesión, no es acumular éxitos de crítica y público, no es ganar concursos literarios, ser escritor es un sentimiento… es una manera del ver el mundo, es… es notar que se es. Se puede aprender el arte de escribir, sí, puede hacerse. Pero no todos los que escriben o publican son verdaderos escritores. ¿Te gusta escribir?

J-(Olvidada ya toda su brusquedad) Sí, lo hago casi todos los días, aunque apenas tenga nada que contar.

A-Amigo, siempre hay algo que contar. A ti te tiene loco una mujer y en vez de hacer cualquier otra cosa, has decidido escribirlo en un cuaderno, eres escritor, no me cabe duda alguna.

J-Yo no he dicho nada sobre una mujer…

A-No hace falta que lo hagas. Se te ve en la cara. Apuesto a que es una amiga, una amiga a la que no te atreves a declararte… ¿verdad? Tienes alma de poeta muchacho, tienes alma de poeta…

J-Pero, pero…

A-Tranquilo. Los nervios suelen ser, bastante a menudo, nuestros peores enemigos. Si logras permanecer tranquilo en las situaciones azarosas, serás capaz de cualquier cosa. Aunque, he de reconocer, que el amor no correspondido, el oculto, es el que más jugo da a los poemas.

J-No sé cómo sabe todo esto, pero me gustaría estar un rato a solas, si no le importa.

A-Cámbiate de banco, si quieres. Aquí se está muy bien. La compañía es agradable y la conversación interesante, no me iría de este banco. ¿Desde cuándo sientes la necesidad de escribir?

J-(Un poco confundido). Está bien, le seguiré el juego. Aunque espero que tras la charla me deje en paz con mis cosas ¿de acuerdo?

A-De acuerdo. Solo quiero un poco de conversación. Después te dejaré en paz.

(Se estrechan las manos)

J-La verdad es que no sé cuándo me asaltaron las ganas de escribir, pero no creo que eso se decida un día en concreto, ¿no cree?

A-Así es. Siempre que escucho o leo entrevistas a escritores suelan tener clarísimo cuándo decidieron que querían serlo... y nunca me lo creo, esa sensación, esa necesidad llega, como las ganas de besar o las de irse de viaje a la otra punta del mundo. Simplemente ocurre y ya está.

J-Muchas veces que es como una enfermedad crónica.

A-Exacto, una enfermedad de la que muchos incluso llegan a morir… espero que no sea este tu caso joven.

J-Seguro que no, aunque me encantaría tener esa necesidad extrema de escribir sobre cualquier cosa…

A-No es algo que tenga que ser así necesariamente. Pero ser escritor es algo que viene con uno de serie, no puede decidirse, no se puede rechazar. Si eres escritor lo serás para siempre, aunque nunca llegues a escribir nada. Tú escribes para una chica ¿verdad? ¿Siempre la escribes a ella y para ella?

J-Últimamente sí, no me la puedo quitar de la cabeza. Es una obsesión y aunque quiera escribir un cuento fantástico o sobre un país lejano, siempre termino hablando de sus ojos y de su forma de caminar y de su sonrisa y de…

A-Ya… te entiendo. ¿Sabes? Por mucho que un escritor piense que tiene el control, que será capaz de esconderse de sí mismo y de ocultar sus sentimientos, siempre termina desnudándose en el papel. El escritor siempre termina desnudo ante los demás, sus personajes y sus palabras hablan de sí mismo, de su estado emocional y de sus problemas y manías.

J-Tiene usted razón. Muchas veces escribo cualquier cosa, lo que sea y no es hasta que la leo que no descubro realmente cómo me encuentro ese día.

A- No hay mejor psicólogo que uno mismo. Lo bueno del papel es que es casi imposible mentir, por mucho que lo intentes, por mucho que te engañes y te digas que no te reflejas en tus escritos, que no estás ahí, por mucho que lo hagas, siempre terminas estando, de una u otra forma. El papel en el que escribes es un espejo certero del que muy pocos son capaces de escapar y del que, añadiría yo, nadie escapa nunca por completo. Como te he dicho antes, si quieres escribir, si quieres ser escritor, acabarás completamente desnudo ante tus lectores, aunque te creas refugiar tras las palabras.

J-Y aun así, aunque no quisiera desnudarme, aunque quisiera seguir oculto tras una coraza me veo obligado a escribir. Siempre, de alguna manera, en el fondo de mi corazón he sabido que quería escribir, aunque la vida me llevase por caminos muy diversos antes de dejarme en la estación de los suspiros emborronados y las dichas suspiradas. Siempre lo he sabido. Desde el colegio. Desde ahí ya sabía que quería escribir, lo sentía en el alma, en la punta de mis dedos, en mis lecturas precipitadas. En esa pasión por las historias que no se puede describir. Lo sabía…

A-¿Ves? Escribir no se decide, se hace. No es una profesión, es un lamento o un grito de euforia, es una sensación de placer u horror inexplicable. Habrá quien escriba de manera mecánica y facilona, quien lo haga a través de esquemas certeros. Pero el verdadero escritor lo hará sin más, apenas sin pensar. Escribirá por el puro placer de hacerlo o para hablarse a sí mismo a través de sus palabras. Ahora dime una cosa, ¿por qué escribes?

J-Porque escribir es mi vida…

A-Muy buena respuesta, digna de una sesuda entrevista en cualquier revista del ramo. Muchacho, si ahora escribes es por Ella. Pero Ella no es solo una mujer, es tu pasión, es tu ilusión, es… es tu vida. Por eso escribes, para eso escribes. En tu cuaderno quedará pasa siempre el recuerdo de su sonrisa, de su belleza. Cuando seas viejo, como yo, recordarás la juventud y la alegría y la pena, recordarás todo lo que dejaste reflejado en tus escritos y esa añoranza te ayudará a seguir escribiendo. La vida de un escritor es como la de todos los demás, pero gracias a la escritura siempre podrás recordar las cosas hermosas de tu vida. Dará igual el éxito, o los premios acumulados, o lo que tu oficio te haya conseguido dar. Solo importarán tus recuerdos y esa sonrisa por la que un día pensaste ser capaz de morir…

J-¿Sabe? Esta misma tarde hablaré con Ella, le enseñaré todas las cartas que la he escrito, todos los poemas. La diré cuánto la quiero…

A-No lo dudo jovencito, cuando uno es joven es capaz de hacer esas cosas y mucho más. Por mi parte, ya me voy, creo que ya he divagado demasiado por hoy. Gracias por darme conversación, ha sido un rato muy agradable.

J-Me gustaría leer alguno de sus escritos.

A-¿Cómo sabes que yo soy escritor?

J-Nadie podría hablar así de la escritura sin amarla tanto como lo hago yo.

A-Muy bien. Entonces, mañana espero verte en este banco a la misma hora. Te traeré algunos de mis escritos si prometes traerme alguno de los tuyos. Será divertido. Puede que este sea el comienzo de una buena historia. Aunque usa tu ingenio para conquistar a esa chica y nunca dejes de escribirla cartas o poemas, aunque llevéis decenas de años juntos.

J-Aquí estaré, con noticias frescas. Mañana se lo pienso contar con todo lujo de detalles, para que pueda escribir un nuevo relato.

A-Jovencito. Esos relatos ya los viví en el pasado y los escribí, recuerdo la miel en los labios y el calor en el corazón. Créeme, no es necesario que me lo cuentes, aunque te escucharé con mucho gusto, son pocos los jóvenes que le dan conversación a un abuelo en un banco del parque.

J-Hasta mañana.

A-Adiós. Deja que te dé un último consejo antes de irte. En referencia a la escritura. Si te gusta escribir, si de verdad la amas tanto como yo, nunca dejes de amarla ni de escribir. Escribe siempre, aunque nadie llegue a leerte. Escribe y disfruta haciéndolo. La escritura es un mal acechante que nos atrapa, pero bendito mal que saca siempre lo mejor de nuestras almas furtivas y murmuradoras.

J-Lo haré, seguiré su consejo. Se lo prometo. Adiós, hasta la próxima. Gracias una vez más.

2 comentarios :

Yosu Rc! dijo...

Gracias una vez más a ti.
Una vez más, un relato genial.

Relatos de sal dijo...

Muy bonito...Reflejas lo que muchos sentimos cuando damos cuerpo de escrito a nuestros pensamientos, sensaciones y aspiraciones. Me gusta la profundidad que alcanza la conversación.
¡Un abrazo!