1 de marzo de 2011

La bestia interior

Algo raro me pasaba, no podría describir bien qué era... me sentía fuera de mí, irascible y violento, me sentía rabioso. Preso de una furia incontrolable que me obligaba a destrozar cuanto encontraba a mi paso... mis manos se crisparon y tuve que encogerme a causa de un dolor inaguantable que me sacudió de repente ¿qué me estaba pasando?

Me faltaba el aire y estaba muy cerca de derramar espumarajos por mi boca apretada. Los dientes me castañeaban y tuve que hacer un esfuerzo por mantenerlos unidos y no morder mi propia lengua. Parecí crecer de tamaño y decisión, mi cara enrojeció por el esfuerzo y sentí desgarrones en la ropa, como en las películas en blanco y negro de la Hammer...

Pero al poco me tuve que calmar. Así, sin más y me sentí como un huracán sofocando antes de ser una suave brisa marinera. Mi interlocutor no había perdido la sonrisa ni un segundo, ni siquiera se había mostrado mínimamente sorprendido por mi presunto acceso de ira. Levantó el extracto con mis números rojos y vi el mal en sus pupilas. Parecía incluso divertido ante mi enfado. Lo siento, pero su petición de crédito ha sido denegada. Vuelva otro día…

2 comentarios :

OSCURA FORASTERA dijo...

Que bueno, ajajja, a mi me paso lo mismo una vez, grrrrr, como se regodean, ante los números rojos...
¿Quién inventó el dinero?
Jo¡ más valía que se hubiese quedado dormido...
un beso.

La atalaya de la bruja dijo...

Estos banqueros y bancarios te hacen sacar lo peor de tí, jajaaja.