15 de marzo de 2011

La Dama del Claro XXIV


Una trampa. He caído en una trampa. ¡Estúpido!

A pesar de la profundidad, a pesar de la distancia, a pesar de la garra que me arrastra puedo escuchar el llanto, puedo saborear el peligro al que se enfrentan sus runas de plata. La manada luchará hasta la muerte para protegerla, pues así lo he requerido, pero no será una barrera eficaz por mucho tiempo. Los he visto venir, sé a qué se van a enfrentar en la playa y tiemblo de pavor por ellos… y por la pequeña a la que he jurado proteger. No tendrán compasión, nunca la tienen. Los gusanos son asesinos despiadados, despreciables. Los conozco bien pues una vez estuve a su mando. Son poderosos y terribles, lo sé, pues yo les convertí en lo que son. Fui su líder y su maestro.

¡Por todos los dioses! ¿Quién demonios soy yo?

¿Por qué mi mente alberga solo retazos de recuerdos?

¿Quién soy?

Podría dejar que me llevase la corriente, abandonarme al empuje negro que me arrastra hacia el fondo oscuro y eterno, olvidar el juramento realizado, dejarme llevar… podría hacerlo, pero no lo hago. Nunca me rindo.

Una trampa maldito estúpido.

He caído en una trampa tendida por la noche y sus criaturas. Alguien pagará por esta afrenta, alguien pagará por mis heridas. Alguien tendrá que responder ante la hoja negra de mi espada por el juramento que me he visto obligado a realizar.

He caído en una trampa y el enemigo que me arrastra es poderoso. Mejor, la lucha es más entretenida e interesante cuando existe la posibilidad de una derrota. Sin darme cuenta vuelvo a sonreír. Estoy emocionado ante el combate.

Cuando todo es más difícil mi sangre ruge ante la lucha, cuando hay verdadero peligro es cuando me siento completo, cuando mi alma parece por fin en paz.

La niña llora y yo sonrío.

Ha llegado el momento de oponerme.

Mis runas arden bajo el agua, mi carne arde.

Mi propia voluntad es suficiente.

Me detengo en las profundidades y el propio mar parece amedrentado y tembloroso. La espuma crece a mi alrededor con mil y una formas diferentes, me atacan desde cualquier flanco posible. Soy incapaz de calcular cuántos enemigos lo hacen.

Da igual cuántos sean, he realizado un juramento inquebrantable.

Venzo, una vez más derroto a cuanto enemigo se me opone.

Emerjo con violencia. A mi alrededor la espuma se desvanece.

He vencido esta batalla.

Una vez más he vencido.

El llanto crece.

Bajo la luz de una luna amarillenta veo que la manada está a punto de ser derrotada por los gusanos. Ellos aún no me han visto. Se llevarán una desagradable sorpresa cuando lo hagan. Temblarán de arriba abajo al apreciarme llegar bajo la luna, armado con mi espada y con mi furia.

El juramento es para siempre.

La pecosa aún no tiene potestad sobre esa niña.

Antes de partir miro a mi espalda y la veo, una mujer hecha de espuma. Me observa con temor, tiembla.

¿Por qué? ¿Por qué me habéis tendido esta trampa? ¿Por qué me habéis engañado con una promesa de paz eterna para mi alma condenada?

¡Malditos mentirosos!

Antes de que pueda alejarse de mí la acorralo entre las olas. Intenta recular, me teme. A través del blanco espumoso veo unos ojos aterrados que piden clemencia. Imploran un perdón que no puedo entregar. Me han engañado con promesas falsas.

Me han engañado con una mentira cruel y despiadada.

No hay piedad para ella.

Mi espada la atraviesa y de la espuma veo brotar el carmín de la sangre cálida, sangre derramada sobre el oleaje salvaje.

Un alarido de dolor y temor y muerte alcanza la arena de la playa. Los gusanos al fin me han visto e intentan cumplimentar su trabajo lo antes posible. Han venido a llevarse a la pequeña o a matarla. No puedo permitirlo. Mi juramento me lo impide.

Atravieso las olas salpicadas de sangre y espuma. Tampoco habrá clemencia para ellos. El peligro es inminente, están muy cerca ya de la pequeña, sólo hay tres lobos en pie. Me tomo mi tiempo para llegar hasta la lucha y al hacerlo los gusanos me ven aparecer entre las olas, como la imagen de una deidad antigua.

E imploran que vuelva a ser su amo.

Hoy no habrá piedad ni clemencia para nadie.

He realizado un juramento.

La niña aún está llorando cuando hasta el último gusano acaba arrastrado por el agua y mi espalda vuelve a ser un recuerdo tatuado en mi piel castaña.

1 comentarios :

La atalaya de la bruja dijo...

Es impresionante, leo tus descripciones y veo en mi mente la sangre y el miedo. Saludos