16 de marzo de 2011

La Dama del Claro XXV


Durante días he recorrido una costa cada vez más áspera y afilada, dejando el mar a mi derecha. Buscando el destino que me aguarda en el norte. La arena de playa dio paso a rocas con filos peligrosos y saltos verticales hacia un mar enfurecido y cada vez más frío y más oscuro.

En mi carrera he atravesado puentes colgantes sobre el océano turbulento, he recorrido tierras baldías y he visto a la tierra marchitarse junto a las olas, poco a poco, la he visto marchitarse hasta no ser más que un desierto de hielo y nieve y rocas como cuchillas mortales. Mis pies descalzos han pisado piedras que cortaban como el filo de una espada, he tropezado y resbalado a causa del hielo… mi propia alma ha sido herida por el llanto eterno de esta tierra vacía.

Y ella me ha acompañado en mi regazo, cobijada entre mis brazos, sonriente.

Desde el lance de la playa no ha vuelto a emitir un solo llanto. Se limita a dormir y ronronear tranquila bajo el amparo de mi piel acribillada.

Estoy cansado del viaje.

Estoy muy cansado, pero mi juramento sigue en pie, ella me tendrá siempre a su lado y lo sabe. Sé que lo sabe, en lo más profundo de mi corazón sé que lo hace y que se encuentra a salvo entre mis brazos. Se encuentra a salvo entre los brazos de un asesino despiadado. Tiene gracia… podría matarla ahora mismo, podría lanzarla al mar y dejar que las olas se la tragasen para siempre, condenarla a una muerte helada y segura. Solo tendría que hacer un gesto o soltarla, abandonarla al pie de este acantilado, ni siquiera tendría que tirarla yo mismo. Sería sencillo…

Pero yo nunca me rindo, siempre sigo adelante y nunca he roto un juramento.

Mi juramento es eterno.

El norte me espera.

Estoy cerca, lo presiento. Esta vez estoy cerca de verdad.

¿Qué será lo que me aguarda en el norte?

¿Quién soy?

Y la vuelvo a ver, como siempre, fugaz, huidiza, irresistible. Me está esperando, Ella me está esperando y me guía, ahora estoy seguro de que lo hace, lo ha hecho desde el principio. Me encantaría ser capaz de rebelarme, no seguir sus pasos… pero me ha estado guiando desde el principio, la dama me ha estado guiando hacia mi destino.

Siempre tras ella, siempre hacia el norte. La odio, algo dentro de mí se agita cuando aparece y me grita que la mate, que use con ella la hoja negra de mi espada y arranque su corazón con las manos desnudas. Algo grita en mi interior contra ella, me alerta de un peligro inigualable. Algo me empuja a odiarla y temerla al mismo tiempo. Pero hay algo más aquí dentro, algo más que no consigo descifrar y que me empuja a desearla. La odio, pero la amo al mismo tiempo. Y el deseo es más fuerte que ninguna cadena. El deseo y el amor me anclan a esta tierra magullada, a esta piel surcada por mil heridas, a estos pies descalzos.

Estoy anclado al sufrimiento.

Y ella es la culpable.

La odio… y la amo.

Y esta es la peor condena, saber que la deseo y que nunca será mía. Saber que la odio y seguirla eternamente.

No debería obedecer a mis instintos. Debería coger a esta pequeña y volver al sur, abandonar esta tierra helada. Debería obviar las huellas que me guían hacia el norte, olvidarme de su piel, de sus rizos… debería olvidarme de su aroma y regresar al calor y al bosque. Debería regresar a la lucha despiadada y dejar de adentrarme en este mundo incierto de los sentimientos, donde me siento inseguro y desvalido.

Debería olvidarla.

Debería olvidarme de ella para siempre y del juramento y de la pequeña y de mí mismo. Debería volver al mar y dejar que la espuma me arrastrara hacia la noche.

Pero nunca me rindo. Nunca rompo un juramento.

Siempre sigo adelante.

He de llegar al norte. He de saber.

He jurado protegerla de todo mal y ni siquiera Ella podrá retener mi juramento.

No lo hizo en el pasado y no lo hará ahora.

Nunca he roto un juramento, aunque me doliese cumplirlo.

Esta vez el norte está más cerca que nunca, mi corazón bombea desbocado y la pequeña se muestra inquieta. Las runas arden e incluso el colgante parece palpitar de nerviosismo. El norte está cerca.

Las preguntas se siguen agolpando.

El norte está cerca.