24 de marzo de 2011

La Dama del Claro XXX


He llegado.

Al fin he llegado al norte y no hay nada…

Solo esta ella, esta pequeña que descansa entre mis brazos y sus runas de plata. Solo ella y al fin, después de tanto tiempo, el dolor que desatan mis recuerdos. El lacerante rugido de mi pecho herido por la muerte de mi amada, por la pérdida… al fin estoy completo, he dejado de ser una fulgurante sombra en la floresta, vuelvo a ser el asesino implacable, el peligro. Vuelvo a ser yo. Frío y perverso y sanguinario. El dolor de mis víctimas recorre nuevamente los latidos de mi corazón. Sé quién soy, al fin, después de tanto tiempo que sería imposible calcularlo.

Yo me impuse esta condena eterna.

Lo hice cuando tuve que matar a Ishbell, cuando no fui capaz de romper el juramento. Mi querida Ishbell… ¿por qué tuvo que ser así? ¿Por qué tuve que conocerte? Yo era el Mal, el poder, el fuego de la venganza… yo era un arma imposible de parar, una herramienta de la oscuridad. Yo era un asesino implacable… te odiaba a muerte… ¿por qué tuve que conocerte? ¿Por qué tuve que sufrir? ¿Por qué tuve que matarte?

Me hiciste jurar que lo haría, me hiciste jurar que te mataría si era preciso. ¡Maldita sea! ¡Lo juré! ¡Maldita sea! Lo juré… te quería tanto, te he echado tanto de menos… Ishbell…

Ni siquiera cuando perdí al pequeño que encomendaste a mi cuidado, ni siquiera cuando fui incapaz de cuidar de Aleph pudiste odiarme, ni siquiera entonces lo hiciste… ya lo hice yo por ti. Removí cielo y tierra hasta encontrarle… pero ya era tarde para entonces, ya era muy tarde…

Ishbell…

Me prometiste, que pasara lo que pasara, me aguardarías en el norte. Ahora lo recuerdo, me dijiste que esperarías mi llegada… pero no estás aquí. No me has esperado. El norte está vacío, no hay nadie esperando a mi alma condenada. No me extraña nada, no merezco redención, las pecas de la muerte han saludado a más víctimas mías de las que soy capaz de calcular, muchas de ellas inocentes… no merezco redención alguna, merezco esta condena que me impuse cuando tuve que matarte.

¡Maldita seas Ishbell! ¡Maldita seas por haberme hecho jurar que haría cuanto estuviese en mi mano para salvarlos a todos!

Nunca he roto un juramento.

Tampoco he roto el último que te hice. Estoy aquí, en el norte, como te aseguré que ocurriría. Te dije que fuese cual fuese la condena y costara lo que costara, acabaría por abrirme paso y llegar hasta la costa. No me creíste y por eso no quisiste esperarme.

Hiciste de mí una sombra. Un ser sin sosiego, un errante solitario y oscuro. Hiciste de mí una sombra tiznada con runas negras. Te quise Ishbell, te quise tanto como te odié. Y aquí estoy, en el norte, como juré que pasaría.

Estoy aquí.

¿Dónde estás?

¿Dónde estás Ishbell?

Siempre fuiste un problema, desde la primera vez que nos vimos. Para aquel entonces yo era un asesino despiadado y tú una víctima, un recurso para ser más poderoso que mi padre. Tu sangre era vital para que mi espada fuese capaz de atravesar la piel de mi padre. Todo habría resultado rápido y sencillo, ni siquiera habrías notado la hoja en tu cuello antes de verte ante la Parca. Pero no pude hacerlo, no pude matarte. Provocaste un estremecimiento en mi alma. Me cambiaste en un instante. En algún momento llegué a pensar que me habías ablandado, pero hiciste justo lo contrario, me di cuenta tiempo más tarde, cuando la guerra se adueñó del mundo y todo fueron cenizas, sangre y oscuridad. Durante la guerra comprendí que habías fortalecido mi espíritu. Contigo fui más peligroso que nunca…

Hasta que perdí al pequeño… y me alejé de ti para encontrarlo. Y al hacerlo, al encontrar a Aleph víctima de mi propia obra, enloquecí…

Después…

No es necesario recordar lo que vino después Ishbell…

Es mejor no hacerlo.

Estoy en el norte y solo tengo conmigo a esta pequeña. No me esperaste, al final decidiste no esperarme, no te lo reprocho. Ojalá hubiese roto el juramento que hice entonces, ojalá no te hubiese escuchado…

Pero todo ocurrió hace demasiado tiempo como para poder cambiarlo. El destino está fijado por cada una de nuestras acciones y yo siempre seguiré siendo un solitario errante, un viajero sin rumbo, un guerrero siempre en la batalla. Esa es mi condena por matarte. Esa es mi condena…

Nadie quiso creer que lo haría, pero estoy aquí, estoy en el norte.

He llegado.

Pero no hay nadie esperando mi llegada…