4 de marzo de 2011

La Nieve


El blanco de la nieve silenciaba el paisaje, bajo su manto helado y espumoso se escondía la realidad de nuestra vida, nuestros sueños e ilusiones quedaban silenciados y ocultos por su caer suave y aterciopelado. Todo, todo quedaba oculto bajo la nieve y por primera vez desde que me había levantado esa mañana pude sonreír. Levanté la piel de mi cara hacia las nubes...

y dejé que su frescor calmara el rubor de mi carne temblorosa. Jadeé al dar otro paso y otro más y aún cuando ya me suponía incapaz de dar un paso más, fui capaz de seguir adelante. Mis huellas dejaban su marca en la nieve virginal mecánicamente. Jadeaba a causa del cansancio y el dolor me impedía concentrarme. Pero nevaba, estaba nevando y mis pies me obligaban a continuar adelante…

Lo intenté, solo mi alma sabe con cuánta fuerza lo hice, con cuánto coraje… la nieve seguía cayendo, suave, silenciosa, pacífica. La vi venir a lo lejos, era una niña pequeña, me fijé en sus pecas y en sus ojos relucientes. Me ofreció la mano y me inundó un bienestar indescriptible. De su mano caminé sobre la nieve. Mi cuerpo quedó atrás, cobijado por el mando aterciopelado de la nieve, esperando que el deshielo dejara mi muerte al descubierto.

1 comentarios :

Jose dijo...

Ay la niña pecosa... ;-)