5 de marzo de 2011

La verdadera historia del Lobo y Caperucita



Muchas veces, de tanto como se dice una mentira, acabamos creyendo que es verdad. Pues bien, tengo varias fuentes que confirman que la historia de Caperucita Roja no es tal y como tantas veces hemos oído... ¿por qué un lobo iba a querer comerse a una niña pequeña y a su abuela? ¿Por qué espera para hacer ese paripé de las orejas, los ojos y la boca en vez de comérsela de un bocado directamente en el bosque? ¿Qué hace a un lobo vestirse con un camisón de señora mayor? Exacto, son demasiados interrogantes estúpidos y sin resolver, pues bien. Yo conozco la verdadera historia, lo que ocurrió realmente en ese bosque ¿vas a saberlo tú también o prefieres quedarte con la mentira que nos han contado desde hace tanto tiempo?


La verdadera historia del Lobo y Caperucita

Había una vez, hace mucho, mucho tiempo, un lobo que dormitaba tranquilamente debajo de un pino frondoso. A su alrededor todo era paz y sosiego. Los pájaros trinaban con candor y alegría, los diminutos roedores correteaban de un arbusto a su madriguera y el sol calentaba lo justo para que la mañana fuese de lo más agradable.

El lobo soñaba con siete cabritillos que llamaban a su puerta y perturbaban su descanso. Uno había comido yeso para aflautar su voz, otro se había manchado las patas de harina y otro hablaba con una voz ronca y malhumorada… los otros cuatro se limitaban a balar con insistencia llamando a su puerta… aquella era la peor pesadilla que el pobre lobo había tenido en su vida… pero no acabó ahí, porque de pronto los tres cabritillos más molestos se convirtieron en seres rechonchos y sonrosados que sonreían con maldad y que le tiraban madera, paja y ladrillos a la cabeza con bastante buena puntería. Cuando el lobo soñaba que se caía al río con la tripa llena de piedras se despertó por culpa de un ruido bastante molesto.

Una horrible cancioncilla, berreada por la garganta gritona de una niña maleducada se coló en su sueño y le hizo abrir los ojos desmesuradamente. El lobo estaba tan asustado que se incorporó de un brinco y se dio en la cabeza con una rama del pino bajo el que dormitaba tan tranquilo.

La paz se evaporó como por arte de magia. La niña seguía gritando su terrible cantinela y el lobo no podía dejar de escucharla ni tapándose las orejas con las patas. La canción no dejaba de soñar, decía algo sobre una cestita, una abuelita y unos bollos calientes. Los pájaros huyeron acobardados, los roedores se escondieron en las madrigueras y los mismos árboles parecían ofendidos por aquella niña maleducada que gritaba sin ningún miramiento. Incluso el sol decidió esconderse detrás de unas nubes que habían aparecido como por arte de magia.
El lobo pensó en escabullirse a un lugar más tranquilo y al salir de su escondite se dio de bruces con una cosa roja que saltaba sin mirar por donde iba.

-Oye, ten más cuidado lobo estúpido –dijo la niña mientras se levantaba del suelo con cara de pocos amigos.
-Perdona guapa, no esperaba que llegaras corriendo y sin mirar…
-Ya… bueno, da igual. ¿Sabes? Voy a casa de mi abuelita a llevarle una cestita…
-Como si todo el bosque no lo supiera ya.
-¡¿Qué quieres decir?!

El lobo tenía estudios superiores y era la mar de educado, pero le acababan de despertar de una siesta estupenda y no tenía ganas de aguantar la cháchara de una niña maleducada y gritona. Así que optó por escurrirse de allí cuanto antes.

-Nada, nada, perdona. –Y tras decir esas palabras intentó marcharse. Pero a la niña vestida con una capa roja aquella respuesta no le gustó demasiado y agarró al lobo por su cola peluda y tiró de ella hacia atrás con todas sus fuerzas, hasta que el lobo estuvo frente a ella.
-Te he hecho una pregunta, lobo estúpido. ¡Y quiero una respuesta! ¿Qué quieres decir?

El lobo ya sabía que esa niña le iba a traer problemas, así que intentó escabullirse de nuevo, con idéntico resultado.

-¡Que qué quieres decir lobo estúpido! –Repitió la niña, repitiendo lo de lobo estúpido hasta la saciedad. Ya hemos dicho que el lobo tenía una educación exquisita y estudios superiores y eso, pero claro, todo el mundo tiene un límite. Entrecerró los ojos amarillentos, inhaló aire y gritó con toda la fuerza de sus pulmones (y en la misma cara de la niña de rojo)
-Quiero decir, niña idiota, que todo el bosque te ha oído cantar esa estúpida y desagradable canción sobre que llevas pasteles y bollos a tu abuela enferma ¡¿Te enteras?!

Y claro, aunque al principio la niña intentó guardar la compostura, al final empezó a hacer pucheros… porque un lobo, por educado que sea, si se enfada... pues eso, amadrenta al más pintado, los pucheros se convirtieron rápidamente en un llanto continuado y el berrinche fue creciendo más y más hasta convertirse en alaridos de rabia que resonaron por todo el bosque.

El lobo no sabía dónde meterse, quiso marcharse de allí, pero la niña tiró de su cola peluda y le atizó una patada en sálvese la parte, con lo que no tuvo más remedio que gritar y hacerse un ovillo en el suelo. Y mientras la niña de las narices seguía gritando y llorando y berreando hecha una furia.

Al rato apareció por allí la abuela de la niña, acompañada de una docena de rudos leñadores armados con hachas afiladas y vestidos con camisas de cuadros de franela (a la moda de los leñadores de toda la vida, por supuesto). Todos miraron con cara de malas pulgas al lobo encogido en el suelo. Al mirar al grupo, el lobo pensó que la abuela era la que más miedo le daba de todo aquel grupo… bueno, descontando a la niña, claro.

-¿Qué ha pasado Caperucita?
-Que este lobo malo me ha querido comer –musitó la niña entre hipos, con una voz dulce y melosa que en nada se parecía a la que tenía en sus conversaciones de hacía unos pocos minutos.
-¿Qué te ha querido comer? ¿Será posible? ¿A mi niña?
-Señora, yo no… -Se quiso explicar el lobo, que recibió una orden de silencio coreada por la abuela, la niña vestida de rojo y la docena de leñadores con hachas y camisas de franela.
-¿Qué ha querido hacer? –Preguntó el leñador con la camisa de cuadros de franela más fea que el lobo había visto en su vida.

La niña miró al lobo con inquina y se inventó eso que todos hemos oído de las orejas para oírla mejor, la nariz para olerla mejor, los ojos para verla mejor y los dientes para comerla mejor… que mira que tenía mala sombra la niña.

Los leñadores, al escuchar eso, cogieron al lobo y le raparon todo el pelo con sus hachas. Y el pobre lobo salió corriendo con el rabo entre las piernas, bueno lo que quedaba de su pobre rabo despeluchado, mientras los leñadores le gritaban que no volviese por allí nunca jamás.

Mientras huía lo más lejos posible, el pobre lobo volvió a escuchar la odiosa canción de la niña “Soy Caperucita y llevo una cestita”…

7 comentarios :

Erzengel dijo...

Jus!
jaja... qué mala Caperucita!!! y pobre Lobo!!!

Me gustó tu versión... ahora sí la entiendo mejor, jaja...

Besos!

La atalaya de la bruja dijo...

Siempre supe que esa caperucita era un bicho repelente, jajajajaja. Muy divertido

irene dijo...

Auch!!!!
Esta caperucita necesita un mes sin natillas y que alguien la diga que es no se hace
Niña mala....
Me encanta leerte mi chico, lastima tener siempre tan poco tiempo , un beso

serra dijo...

estoy deseando que llegue la segunda parte... en la que el lobo le da su merecido.... o tal vez se reconcilien y viajen al Caribe.
¿Quién sabe?
Un abrazo!
adolfo

Javi dijo...

muchas gracias a todos por vuestros comentarios y Adolfo, no sabes la idea que me acabas de dar... creo que esta noche habrá una segunda parte de esta historia.

Anónimo dijo...

jaja que grande!!

me encanta esta versión de la historia, aún más creible si pasas cerca de algún instituto...

pensaste en rehacer otros cuentos y publicarlos?

Javi dijo...

Jejeje. Pues la verdad es que lo estoy pensando, ahora mismo em encuentro fraguando el verdadero encuentro entre el Lobo y los tres cerditos, ya te contaré