18 de marzo de 2011

Noche de copas


Había estado charlando y bebiendo hasta las tantas de la madrugada. A duras penas llegué a casa y me tambaleé hasta la cama. Estaba solo, una noche más estaba solo y desquiciado e insomne. Era un momento tan bueno como cualquier otro para ponerme a escribir. La conversación sostenida sobre la barra del bar había deambulado sobre los escritores malditos, aquellos que bebían hasta la saciedad antes de escribir...

Después, habíamos optado por reordenar y mejorar el mundo. Es gracioso cómo uno se siente capaz de cualquier cosa después de unas copas con los amigos. Como eso de escribir un libro, ¿era capaz de hacerlo? Al menos, ahora que estaba en el paro y sin ningún trabajo u ocupación a la vista, podría intentarlo. Estaba tan mareado que me costaba ver las líneas que garabateaba a duras penas…

Y entonces, de pronto y sin previo aviso, ocurrió algo que me hizo comprender la verdad y consiguió que temblase de miedo. Lo adiviné antes de que ocurriese, un segundo antes de que todo se fuese a la mierda. Alguien decidió tacharme de su cuaderno pintarrajeado de azul y me convertí en un simple borrón encerrado en un cuaderno de cuadros… un triste y borroso olvido en una hoja perdida de un cuaderno cualquiera.

1 comentarios :

Gijón dijo...

Sorprendente... me ha gustado mucho este breve fragmento. Es la primera vez que me paso por aquí, pero repetiré.
¡Un saludo!