10 de marzo de 2011

Un duro despertar

Un amanecer nublado presagiaba un día duro. Se desperezó con pereza, no le apetecía lo más mínimo el tener que levantarse, pero así era la vida, un continuo levantarse cotidiano que nunca terminaba por llevarte a ninguna parte en concreto. Al llegar al lavabo se miró en el espejo, donde dos ojeras negras y un terrible dolor de cabeza le recordaron la borrachera de la noche anterior...

Se vistió despacio, rezongando por el paso de los años evidenciado en los chasquidos de sus articulaciones. Un agudo dolor de espalda se sumó al fin de fiesta al que estaba llegando. El tiempo había pasado, indomable y malhumorado, el tiempo había pasado y se le estaba acabando a toda prisa. Sonrió con desgana, al menos había vivido... lo que le habían dejado vivir las eternas preocupaciones diarias...

Se decidió por fin. Un rayo de luz entró por la ventana e iluminó el lugar en el que había dejado la carta. Aquella noche había pensado en tantas cosas... al lado de la carta se encontraba la pistola con la que podría haber terminado con todo de un disparo. Sonrió y se ajustó la corbata. Se miró al espejo y su sonrisa se ensanchó. Cogió la carta con ternura e ilusión. Todo podría haber terminado de un disparo, pero hoy, su vida acababa de volver a empezar.

4 comentarios :

OSCURA FORASTERA dijo...

por muy mal que estemos en un día, siempre está la esperanza... de que seguro mañana será diferente...
Un saludo.

VENUS dijo...

muy bueno me encanta cuando escriben corto y consiso. igualmente esta historia sigue no? osea que dice en la carta??? ojala me visites en el verjel!

Javi dijo...

La esperanza es lo último que se pierde, sí señora (o eso dicen), en cuanto a qué dice esa carta... estaría bien una continuación, la verdad, pero prefiero que cada cual imagine qué sería lo que le haría seguir adelante.

La atalaya de la bruja dijo...

Es bueno no llevarse por el primer impuso, ¿quién sabe lo que te espera mañana?. Me ha gustado mucho