1 de abril de 2011

El encierro


Intentó abrir la trampilla con todas sus fuerzas, no hubo manera, estaba atrapada. No había forma de salir. La oscuridad era infinita, solamente interrumpida por un insolente rayo de luz que se colaba por una rendija demasiado estrecha. Tenía ganas de llorar, pero se obligó a ser fuerte y mantenerse firme. No se rendiría, lucharía hasta el final para salir de allí o aguantaría hasta que alguien la sacara. Había sido tan idiota...

Luchó durante horas y al final se rindió a la evidencia, no había modo de salir de allí. Se dejó caer en el suelo de madera y se abrazó a sus piernas. Estaba tan cansada que temblaba, la sed era lo peor, tenía tanta sed… tenía tanto hambre. Se quedó dormida de puro cansancio y al despertar notó un bulto sobre su regazo. Lo palpó en la oscuridad y se apercibió, era un trozo de carne cruda…

Horas después, a pesar de su asco, empezó a devorar el bulto. Sufrió arcadas y vomitó parte de la carne, pero al menos no moriría de hambre. Pasó así días, meses… quizás años. Hasta que un día se encogió en el suelo y permaneció totalmente inmóvil y con la respiración tranquila, pero no se durmió. Lo había planeado todo al detalle. Notó que la trampilla se abría. No volvería a cerrarse jamás… esa misma noche, él siempre abría de noche, devoró la carne cruda de su captor, tal y como él la había enseñado a hacer.

2 comentarios :

Un corazón enamorado dijo...

Javi cuán fuerte está esto pero bueno sigo a ver qué más hay que tragar. Madre mía cuán fuerte es esto. Pero se ajusta a aquello de "no me cuentes más..." que lo demás es pura tontería.

La atalaya de la bruja dijo...

Inquietante relato....