13 de abril de 2011

La Cruzada de los Niños

No me preguntéis el por qué, porque no sabré contestarlo. Lo he intentando, no creáis, me he parado frente a un espejo y me he preguntado (en alto y todo) ¿qué es lo que te pasa? ¿Por qué te emocionas de esa forma? Pero, por más que me lo pregunto, soy incapaz de saber por qué, de un tiempo a esta parte, me emociono con mis lecturas, me sorprendo derramando lágrimas o riendo acaloradamente. No comprendo la razón, no sé si hay una razón, el caso es que me pasa. Lloro solo, delante de una buena historia que me emociona, como si tuviese ante mí el fatídico momento de la muerte de la madre de Bambi. no me avergüenzo de hacerlo, solo me pregunto la razón (sin encontrar la respuesta).

Puede que este párrafo os resulte superfluo en una reseña literaria y que os dé igual lo que me pase o lo que me deje de pasar, que llore o ría, que pase de mis lecturas o las viva de una manera demasiado visceral, puede que os resulte superfluo, repito. Pero creo que os tenía que decir esto para deciros que estamos ante uno de los textos que más me han abrumado en mis lecturas.

Este es un poema épico, enorme y difícil de leer en voz alta, sobre todo sin emocionarse. Al leerlo uno se queda vacío del todo, exhausto, sin saber qué hacer ni dónde ir, te deja bastante tocado, en serio. Es una historia de coraje y fuerza vital, de supervivencia, de aprendizaje y madurez repentina, pero también es una historia llena de dolor, de sufrimiento, de rabia (la que sentimos nosotros al leerla), de indignación, de ternura... es una historia inmensa contada en pocas palabras, es una historia actual que ocurrió hace más de cincuenta años, es algo que ocurre cada día y, por desgracia, seguirá ocurriendo en el futuro.

Bertolt Brecht (un autor que me apunto para cuando pueda profundizar en mis lecturas más allá de las novedades literarias) nos presenta una herida en forma de poema, una historia repleta de símbolos y dolores personales. Desde luego sabe cómo ponernos en situación, nos hace ver todo lo que nos cuenta, nos hace vivirlo y sufrirlo y, finalmente, llorarlo... algunas personas deberían estar obligadas a leer este libro, algunas personas deberían estar obligadas a reflexionar lo que nos cuenta...

Una historia sin final feliz que no os podéis perder.

Espero que nadie más tenga que encontrar un perro moribundo con una nota de petición de socorro ¡nunca!

¿Veis? Ya me he vuelto a emocionar...

1 comentarios :

Jolan dijo...

Tomo nota de esta obra. Tu comentario sobre ella me ha llamado lo bastante la atención para tenerla en cuenta como posible compra.

Saludos.