30 de abril de 2011

La Dama del Claro XXXIII


La cacería - parte II

Tengo la sensación de haber vivido esto hace tiempo, hace mucho tiempo. Tengo en la mente un regusto a recuerdo, a vieja herida ya cicatrizada y sin embargo, no soy capaz de discernir si estoy corriendo realmente tras mi presa o sencillamente la evoco, sin más. No sé si todo pasó hace siglos o estoy siguiéndola hoy mismo. No me importa lo más mínimo, la cicatriz aún duele, sea pasado, futuro o presente y duele tanto que me dejo arrastrar por el esfuerzo, por la sed de venganza, por la adrenalina despertada en la persecución.

No sé si estoy recordando un hecho ya pasado o estoy corriendo tras ella en este instante, pero sé una cosa, sea como sea pagará por lo que ha hecho, de eso sí estoy completamente seguro.

Su rastro es sencillo de seguir. Es fuerte y rápida, quizás pudiese competir conmigo en velocidad o agilidad, pero en una lucha cuerpo a cuerpo… no tiene nada que hacer y lo sabe, por eso corre y por eso es tan sencillo seguir el rastro que deja en su carrera. Porque está desesperada. Es consciente del error que ha cometido. Hasta un niño podría apreciar sus huellas en la nieve pisoteada. Pero yo no necesito que deje ese rastro, hay otro que podría seguir con los ojos vendados y es el de su miedo, puedo oler ese aroma almizcleño a temores infantiles y pesadillas oscuras, a puertas cerradas y habitaciones mohosas. Puedo sentir su aprehensión hacia los monstruos ocultos tras las esquinas. Es curioso, es una guerrera poderosa, una asesina despiadada capaz de masacrar a todo un pueblo sin mostrar el mínimo ápice de piedad, pero en el fondo de su corazón sigue siendo una niña aterrada ante una pesadilla siniestra.

Yo soy esa pesadilla.

Quizás sea precisamente su temor, su infancia plagada de temores y dolores insanos los que hayan hecho de ella la asesina que es actualmente. Nadie cuidó de ella con amor, nadie la trató con cariño, es como yo, debería entenderla… y sin embargo, yo, siendo hijo de mi padre, siendo quien soy, siendo el peor de los asesinos, el peligro personificado. Yo que he sido llamado demonio en más de un millar de ocasiones por mis aterrados enemigos, que soy amigo de la propia muerte y he enviado ante sus pecas a más almas que cualquier otro ser. Yo soy incapaz de arrebatar la vida a un inocente, puede que en eso seamos distintos, puede que eso sea precisamente lo que haga de mí un asesino tan perfecto, un peligro tan aterrador. Porque mi espada es justa además de certera y es esa justicia la que me otorga el poder que otros no ostentan.

No, no siento lástima por ella, es una asesina de inocentes, solo con ellos se muestra altanera… ¿cuántos niños ha sacrificado para seguir siendo joven? ¿Cuántas personas ha torturado en su búsqueda? ¿Cuánto mal ha hecho al mundo?

No siento lástima por ella.

Es una guerrera poderosa, sabrá combatir con honor a pesar de todo su miedo, a pesar de todo. No habrá piedad en el combate, pero tampoco ensañamiento. Incluso ella merece intentar defenderse de mí.

No siento lástima por ella, la mataré antes del alba.

No hace falta ser demasiado inteligente como para saber que me ha temido desde el primer día en el que nuestras miradas se cruzaron. Puede que me tema desde que no era más que un bebé protegido en una cuna mugrienta. A lo largo de los siglos he ido adquiriendo la capacidad de percibir qué sentimientos albergan los humanos respecto a mi presencia. En Ullha percibí fascinación, respeto y sobre todo, miedo, un miedo infinito que era incapaz de ocultarme. Es una auténtica lástima que tenga que matarla, habría sido una buena guerrera y una aliada útil en el futuro. Pero ahora ya no hay vuelta atrás, es una traidora y la traición se paga con la muerte, aunque puede que el verdadero traidor sea yo…

No tiene importancia. El hecho es que somos enemigos y que ella es peligrosa, muy peligrosa.

Por eso es mi presa. Porque debe morir. Y no hay nadie mejor para realizar este trabajo que yo mismo.

A pesar de su traición podría haberme negado a matarla, no creo que hubiese nadie más capacitado para acabar con su existencia, es una de las guerreras más poderosas con las que me he topado. Pero no me he negado y sigo sin estar seguro de por qué he aceptado hacerlo. Supongo que es por esos cuerpos torturados y calcinados de la última aldea que arraso, supongo que es por ese afán mío por la justicia, supongo que por su arrogancia y su crueldad extrema.

No soy de los que se sobrecogen con facilidad, pero incluso yo lo he hecho al comprender todo lo que había pasado en esa aldea, al comprender el mal que encierra ese hermoso cuerpo de Ullha. Lástima, podría haber sido una buena amante, al menos mientras se mantuviese joven. No sería la primera ni la última a la que utilizo hasta que ya no me sirve. Desgraciadamente Ullha no me sirve, es una asesina sin control, es una perturbada, su mente no está en su sano juicio. Por eso debe morir.

Por eso voy tras ella.

Por eso está muerta.