7 de abril de 2011

La historia de Pipo y Silbato

Autor de la imagen: Cristina Alejos Cañada
Título: Caballos blanco y negro
cristina@pinturayartistas.com


Os voy a contar a todos
la historia de dos caballos
hijos del sol y de la luna
de plata y fuego sus cascos,
guardianes de las estrellas,
uno es negro, el otro blanco
y ambos de crines dorados
os voy a contar a todos
la historia de Pipo y Silbato.

Un día, durante el ocaso,
cuando el sol y la luna llena
se besaban en los labios,
una yegua castaña
paría dos lindos caballos,
tan pequeños y temblones
que hasta el viento travieso
decidió pasar a acariciarlos.

El sol y la luna rieron
y aquel milagro otearon
cuando cuatro ojillos curiosos
como luceros vistosos
contemplaron ese fugaz abrazo
entre la plata y el fuego,
entre el fulgor de sus labios.

Mas ocurrió algo terrible,
la yegua temblando estaba,
el parto había sido malo
y el castaño vivo de su pelo
se tornó en un pardo grisáceo.

La tierra tembló emocionada,
el viento silbó enternecido,
las nubes lloraron de pena,
cuando aquella yegua parda
se apagó lentamente
y murió sobre la pradera.

Los dos caballitos temblones
uno blanco, el otro negro
lloraron con sus relinchos
y sintieron que el dolor
llenaba sus corazones,
tenían hambre, tenían frío,
llamaban a su madre parda,
pero ella no respondía
y ya nunca más lo haría
pues la tierra era ya su eterna manta.

El destino de ambos potros
todos ya suponían,
acabarían junto a su madre,
los dos revueltos en polvo
que la tierra acogería.

Todo fue bajo el ocaso
la luna y el sol brillaban
y en el cielo una estrella
que con tristeza lucía.

Estaba ya decidido,
la ley volvía a cumplirse
los dos caballos serían pasto,
y hierba y heno y rocío.

Pero la luna, resuelta,
su plata en oro fundida
miro al sol a los ojos
donde las lágrimas caían.

No hizo falta palabra alguna,
todos estaban de acuerdo,
aquellos preciosos potros
nunca jamás morirían.

El viento peinó sus crines,
la tierra afianzó sus cascos,
el sol les dio su potencia
y la luna su magia y canto.

Desde ese día,
cuando moría el ocaso
y el sol y la luna llena
se besaban en los labios,
y el destino fue generoso
con dos nacientes caballos,
ellos recorren los cielos
del amanecer al ocaso,
uno negro como el carbón
y el otro, como la nieve, blanco,

y ambos del sueño de un niño
fueron por fin bautizados,
uno se llama Pipo
y el otro se llama Silbato.

Los dos viven en la luna
donde galopan, juegan y relinchan
y desde aquel día de ocaso
tienen trabajo diario.

Cuando llega la mañana
y el sol despide a la luna
de su escapada nocturna,
el negro azabache de Pipo,
recoge el cielo estrellado
y guarda todas las estrellas
en su saco de lona embrujado

y cuando llega la noche
y es el sol quien se marcha
Silbato las coge todas
y por el cielo las manda.

Así termina esta historia,
de dos caballos hermosos,
que viven por siempre dichosos
y guardan los sueños hermosos
de los niños más curiosos.

Si un día te asomas
durante el ocaso nocturno
puede que veas su estela
surcando el cielo del mundo.

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2 comentarios :

Susi DelaTorre dijo...

¡Qué hermoso!

Crea una atmósfera onírica que me ha encantado.

¡Felicidades... y buen finde!

JESÉ dijo...

Simpático y hermoso.