8 de abril de 2011

Un día de perros


Abandonado en un recodo del camino,

olvidado,

perdido entre las copas temblorosas
de un bosque siniestro, oscuro y profundo,
neblinoso,

perseguido
atrapado
solo,

errabundo en el desierto,
sediento de algo indefinido
que nunca busco, que nunca encuentro,
dudoso de todo y de todos,
enfurecido con el mundo sin motivo,
mi sangre se caldea hasta cocerme por dentro,

me siento furioso
colérico
apagado…

no sé qué es lo que me ocurre,
no sé lo que enerva bajo esta canícula triste y agrisada,
no sé qué es lo que pasa
pero no termina de gustarme lo que siento

y carezco del coraje necesario
para izarme ante todo y todos
y ser al fin yo solo,
serlo por fin y olvidarme del resto

aunque solo sea por un segundo.

Aunque solo sea para no saberme tan solo…


No suelo tener días como este que tuve ayer y que describo en estos versos, por eso cuando me pasa, me suele sacudir a lo bestia. En fin, no había motivos y ya estoy muchísimo mejor que ayer, en serio. Pero de vez en cuando uno tiene un día de perros sin saber muy bien por qué. Será la primavera...

En fin, tampoco es que sea un gran poema ni nada, pero es lo que salió, qué le vamos a hacer ¿no?

1 comentarios :

Jolan dijo...

Pues me parece muy bueno, de veras. Será porque me identifico con esa misma sensación que describes.