11 de julio de 2011

El Solitario. III


Y entonces fue cuando su espíritu luchador y su experiencia se impusieron a su terror. Con una velocidad pasmosa se llevó las dos pistolas a las manos y disparó a bocajarro sobre aquellos engendros gimientes. La sangre de Bill se quedó impregnada para siempre en las paredes de su tienda, pero al menos se quedó quieto de una vez, un tiro en la frente es suficiente incluso para un monstruo sin vísceras. Con el muchacho lo tuvo algo más complicado. El primer tiro le dio en el centro del pecho, un tiro mortal de necesidad que solo sirvió para que el chico diese un par de pasos trastabillantes hacia atrás entes de reemprender su ataque. Jon, acostumbrado a calibrar la resistencia de un hombre antes de cualquier enfrentamiento no daba crédito a que el chico continuase en pie, aunque el tambor de su Colt aún guardaba cinco brillantes balas en su interior, tres de las cuales se alojaron en el pecho de Tomas. Cuando Jon vio que el chico volvía a levantarse y que nada parecía herirle de gravedad, utilizó las dos balas restantes para destrozar su cabeza y su cara. La sangre salpicó por todas partes y los restos del cerebro del chiquillo quedaron esparcidos por el suelo de la tienda… pero ya no se levantó más y Jon se sintió un poco más seguro al comprender que había una forma de acabar con esos seres, destrozando su mente asesina.

Apenas tuvo tiempo de ponerse en pie antes de que la tienda se viese ocupada por más de una docena de vecinos de Long Town, todos con un aspecto semejante o peor que el bueno de Tomas, al que siempre le habían gustado las aventuras de Jon. El Solitario notó un nudo en la garganta al percatarse de que acababa de matar al muchacho y que ya no habría nadie a quien contarle sus historias. Los recién llegados caminaban arrastrando los pies, con las manos hacia Jon y sus miradas muertas inyectadas en sangre. Jon solo tuvo que verlos una vez más antes de comprender que estaban muertos o algo parecido. Allí ya no estaban los vecinos de Long Town, sino unos seres sin conocimiento ni cerebro que querían comérselo vivo. Caminando de cara a los monstruos, se encaminó hacia la escalera que subía a las habitaciones de la casa de Bill. Hizo recuento de lo que sabía de la vida del tendero para hacerse a la idea de que allí no habría nadie. Bill vivía solo con su hijo desde la muerte de su mujer hacía más de una década. Arriba podría pensar algo y podría planear cómo salir del pueblo. Además, tenía que averiguar qué había ocurrido con el resto de paisanos de Long Town y encontrar al Sheriff para advertirle de lo que estaba ocurriendo.

Los engendros le seguían lenta pero inexorablemente y Jon supuso que tendría que abrirse camino a base de tiros. Era buen tirador. Descargó el cargador de su Colt aún llena en los cerebros de seis de aquellas criaturas. No erró un solo tiro y los seis cayeron en el suelo. Enfundó sus pistolas, no sin antes agradecerse los 17 dólares que se había dejado en cada una de aquellas joyas y extrajo de su espalda el Winchester, con el que disparó al resto de criaturas, destrozando sus cabezas mientras se escabullía escaleras arriba.
Al llegar allí buscó la habitación de Bill, en la que encontró cartuchos para su rifle y balas, además de un revólver de un calibre que apenas había visto, que se guardó en la bolsa de cuero que llevaba de un costado junto a más munición.

Fue entonces cuando se asomó a la ventana y ahogó un grito aterrado.

Long Town era un pueblo grande, de unos 500 habitantes… todos ellos estaban en la calle, ensangrentados, mutilados, heridos de muerte… todos caminaban trastabillando por las callejas de tierra. Algunos salían de las casas o locales comerciales, llamados por el instinto, deseosos de algo…

Vio que una ingente multitud surgía de las puertas destrozadas de la iglesia y tuvo que contenerse para no vomitar ante el espectáculo sangriento que se desencadenó ante sus ojos. Aquello parecía un río de muerte que recorriese un cauce ensangrentado. Sangre. El mundo del Solitario se pobló de terror y angustia y sangre…

Jon solo tardó unos segundos en apercibirse de qué era lo que querían, aquellos seres caminaban hacia un único destino… tenían hambre, podía saberlo… y él era el plato principal.

2 comentarios :

Yosu Rc! dijo...

¡Un Western de Zombies!
Me acabo de devorar las 3 entradas de un tirón.
Como dijo Homer J. Simpson: "Que no pare la cosa..."

Javi dijo...

Sí... ¿no es divertido?

He tenido días ocupados, pero voy a intentar continuar en un ratejo con la historia.

Espero que te siga gustando.