18 de julio de 2011

Tú también puedes


Me cansé de esperar, de ser siempre el que aguantaba, el que ponía la otra mejilla... me cansé de seguir siendo yo mismo y, por fin, me decidí a cambiar, a ser más agresivo, locuaz y decidido. Me preparé para ello cada día de mi nueva vida. Comencé a vivir sin miedo, a envalentonarme en las situaciones azarosas, a dejar de ponerme rojo de vergüenza cuando era el centro de atención... y disfruté de ello ¡vaya si lo hice!

Poco a poco fui cogiéndole el gusto a eso de hablar en público, a recibir las atenciones de esas personas que antes apenas me miraban de soslayo, a ser el alma de la fiesta. No era mi belleza o pulcritud lo que llamaba la atención de todo el mundo, era mi espíritu, mi coraje, mi desatada autoestima. Era un imán increíble que atraía amigos y conocidos por todas partes. Mi suerte creció exponencialmente…

Y cuando mejor me iba decidí dar un paso decisivo en mi existencia, me hice político. Como no tenía una ideología definida hablé con unos y con otros… se pegaban por tenerme entre sus filas, porque era un reclamo en potencia. Al final opté por el que mejor me pagaba, obvio. Fui el candidato presidencial, gané las elecciones y cuando estaba en la cima de mi carrera… morí de un infarto.


EPÍLOGO

Eso sí, en el Infierno soy el alma de la fiesta y estoy a punto de convertirme en socio capitalista del mismísimo Diablo. Estuve en el cielo, pero estaba muy aburrido y el bueno de San Pedro me recordaba demasiado a mí mismo antes del cambio, así que le di unos consejillos… y ahora es mi compañero de piso.

1 comentarios :

Marcos DK dijo...

Una buena autoestima es el mejor "don" de gentes, pero este creo que se pasó un poco, jeje. Muy bueno, Javier.