1 de agosto de 2011

En la cama


Lo más difícil del asunto fue convencerla... la verdad es que me costó horas y horas de infinita paciencia que se diese la vuelta y se pusiese a cuatro patas, pero al final lo conseguí, era un sueño hecho realidad. Siempre había deseado hacer algo así. Estaba tan excitado que estuve a punto de terminar aquella aventura antes de empezarla. Tener a toda una mujer así, a tu disposición, me hacía sudar de la emoción.

Quería hacerlo como en las películas de internet, me puse de pie y me preparé lo mejor posible. Antes apagué la luz, para que la sensación fuese todavía más placentera. Empecé a salivar de pura emoción. Estaba tan cerca… esperaba estar a la altura de las circunstancias. Cerré los ojos y me acerqué a su piel, despacio aunque presa de una ansiedad difícil de ocultar. Estaba preparado. Sonreí en la oscuridad…

Y entonces, con todo el ímpetu que pude acumular me senté a horcajadas sobre la espalda de mi mamá, levanté la mano y grité como los pistoleros de las películas. Mi madre aguantó conmigo encima solo un par de minutos, pero nunca podré olvidar la sensación de montar un auténtico caballo purasangre.

1 comentarios :

La atalaya de la bruja dijo...

Jajaja divertido final, te gusta quedarte con el lector ¿eh?