25 de noviembre de 2011

Cobarde

 
Me ves llegar y adivinas pronto mis anhelos,
la sed de mis labios por saciarse con tus besos,
no debe ser complicado,
mis torpes disimulos son como libros abiertos,
te busco,
en silencio,
procurando no mirarte,
apresado por el embrujo destilado por tu cuerpo,
callando a duras penas el mensaje
que me muerto por gritar,
hambriento,
mi corazón se desboca cada vez que te encuentro,
y lo sabes,
sabes que lato por ti,
sabes bien lo que siento,
sonríes sin demostrarlo, te despistas,
rozas tu cabello con los dedos, sabiéndote admirada,
a través del velo que me nubla te sonrojas,
o eso creo
y ya soy incapaz de huir de tu secuestro,
cuando se hace evidente mi presencia
aparto la mirada, quizás demasiado deprisa
sorprendido,
descubierto,
sabes que te deseo,
mi pecho se contagia de temblores inciertos,
me miras de soslayo,
por un segundo me siento respondido,
aunque supongo que solo es una imagen de mis sueños,
te miro de recuerdo,
te pierdo…

y de pronto, te veo frente a mí,
en penumbra,
el momento adecuado,
el instante perfecto,
tus castaños me devoran
mis castaños me delatan,
nuestras pieles son de fuego,
nuestros cuerpos, dos batallas,
un instante bastaría,
una decisión acertada,
entreabrimos los labios deseosos,
suspiramos,
solo necesitamos el coraje de un segundo,
una hazaña,
nos miramos otra vez
y somos fuego avasallado
aguardando…

pero el beso se diluye sin siquiera ser intento,
el momento ha pasado,
lo sabemos,
nunca volverá,
y sentimos cómo nos devora el desierto
y somos dos cobardes doloridos
sin valor de vivir de amor
sin valor de morir por un beso.

Este poema podría describir algunos encuentros de juventud... qué queréis nunca he sido una persona lanzada (y menos en según qué cosas), así que alguna chica (todas) se ha librado de mis besos. Qué le vamos a hacer... jeje.