25 de noviembre de 2011

El Farol

El farol sigue en su puesto,
hiriendo la roca
con su corazón de metal caliente,
ensartado para siempre
bajo la sombra de ese árbol cercenado,
cubierto de hojarasca que se pudre,
rodeado de matojos despeinados,
viejo,
macilento,
herrumbroso,
pero aún inquebrantable,
ha visto correr los años
y el paso de nuestras horas,
ha visto cómo las tardes
languidecían
como sueños olvidados,

mis arrugas crecientes son
profundas, como sus recuerdos
vestidos de pinturas rotas
y cristales polvorientos.

El farol sigue en su puesto,
los años vuelan fugaces,
la vida se diluye en estaciones ya pasadas,
sigue ahí,
imperturbable,
fiel en su atalaya.

El farol sigue en su puesto
observando cómo decrece mi silueta
cómo mi sombra se aletarga,
cómo poco a poco voy muriendo
y haciéndome menos todo
y más nada.

Y ahí seguirá cuando nadie lo recuerde
o le dedique un simple vistazo,
inmóvil vigía de nuestras vidas,
testigo impertinente
del paso del tiempo.

El farol sigue en su puesto
y ahí seguirá
cuando seamos solamente
susurros que viajan a lomos del silencio.


A veces, las cosas más simples son las que despiertan mayores sentimientos en nuestro deambular cotidiano. El farol de la fotografía no es el del poema, pero se le parece ligeramente. Seguro que vosotros tenéis vuestro propio farol, vuestro banco, vuestro testigo diario de que la vida sigue corriendo sin darnos un descanso. Espero que os guste el poema.