18 de noviembre de 2011

Gato Negro


Me crucé con el gato negro en la noche, al pie del cementerio. Las puertas enrejadas temblaban y gemían bajo la tormenta. La niebla dejaba entrever las lápidas antiguas, repletas de verdín y letras ilegibles. Los ojos del felino brillaban amarillentos. Nos miramos. Le bufé. Y salió corriendo despavorido. Antes de perderle de vista, vi que buscaba desesperado alguna madera que tocar.