17 de diciembre de 2011

Álamos del Encinar que me acompañan



Retorcidas ramas de álamo joven,
sois mudas compañeras de delirios,
testigos silenciosos
    de minutos robados a lo cotidiano,
    a la vida más cercana,
    al anhelo
    o al pasado,

reflejos de sentimientos rugidos en papel,
quimeras azuladas,,

en días de sol, claváis vuestras agujas en el azul celeste o
atravesáis la espuma de los grises en invierno,

siempre estáis aquí, cálidas acompañantes,
del silencio,
de las citas a escondidas con los versos,
con las musas revoloteadoras,
desnudas
prestas a impregnar mis escritos con su aroma.

Retorcidas ramas de álamo joven,
sombreadoras risueñas en primavera
y dolientes esqueletos en otoño,
quizá estéis ahora muertas de este frío,
aguardando esperanzadas el abrigo de los brotes,
quizá lo estéis,
quizá tembléis en la mañana
o al ocaso de la tarde,
y aun así estáis aquí, conmigo,
siempre lo estáis,
bailando sobre mis escritos,
regalando vuestro aliento,
siempre estáis aquí,
como vigías mudos,
aguardando,
siempre estáis aquí,
dibujando sombras fugaces en mis hojas.

Quiero regalaros un poema,
reteneros para siempre en mi retina,
teneros cerca,
por si el día de mañana no nos vemos,
gracias por acompañarme,
gracias por estar en mis cuadernos,

gracias por bailar sobre mi sombra.