22 de diciembre de 2011

Encuentro fugaz


Te veo llegar y siento arder profundamente mis entrañas,
a través del velo que me ciega intuyo la turgencia de tus formas,
la sugerente caricia de tu piel de caramelo,
el encendido que llamea entre tus manos tentadoras,
el néctar sabroso,
tus canelas…

y sin rozarte ya despiertas mi suspiro,
mi deseo…

y la punzada en mi pecho es el comienzo,
la caída inexorable hacia tu abismo,
el deseo de convertir sábanas en campo de batalla,
en contienda desatada,
en la guerra cobijada entre gemidos
y los sueños con tu lengua incandescente,
desatada.

Deseo penetrar en tu tibieza
y antes de probarte, de merodear por tu silueta estremecida,
ya te he sentido entre mis dedos
impregnados de deseo ajeno,
el fuego de mis yemas ya ha hollado tus secretos ,
tus labios se han paseado por los míos
en un contagioso juego sin mesura,
ni siquiera te he rozado y ya he arrancado tu ropa,
dejándome gozar con tus contornos,
haciendo la pasión más estridente
y la punzada, acuciante,
imperiosa,

¡el deseo es infinito!

Me desvistes desde lejos,
el fulgor de tus pupilas me devora
y sin probarte ya soy un ente exhausto,
ya he jadeado,
tu perfil ya ha sido descubierto,
y mi anhelo, sin besarte, te ha besado.

Tu piel desnuda me devora,
mi lengua te recorre lentamente, abrasada,
y mis manos…
    mis manos bailan con tus formas,
te delatan,
te arrinconan.

Solo una mirada es necesaria
para que la tormenta se desate,
los jadeos se multiplican,
nuestros cuerpos se dejan arrastrar por nuestro encuentro…

el abrazo es el comienzo de la lucha,
el vaivén de las caderas, el compás,
el gemido desgarrado en tu garganta,
y el sudor perlando tus mejillas,
arrebolando mi pecho enfebrecido ,
erizando tu piel,
apresurando los sentidos,
el primer jadeo resuena en el silencio
cuando dibuja de nosotros un instante
y no somos dos entes enzarzados

sino labios y caricias
y bocas y pieles y dedos…

nuestras ansias disparadas
y los gemidos de placer multiplicados

una vez
        y otra vez
                y otra vez

embravecemos el temblor de nuestro espacio,
solo somos ya jadeo y gemido y jadeo y calor y jadeo y pasión
y jadeo
y suspiros…

dos bestias enzarzadas,
enfrentadas para siempre en su tibieza,
húmedas,
perdidas entre sábanas caídas,
pasión arrastrada hacia el abismo…


Y después, tras la contienda,
tras el estallido apasionado,
tras la ofrenda,
el sosiego se hace manto,
la batalla ha concluido

y somos de nuevo un abrazo,
caricias temerosas,
miradas compartidas,
calor en mutua compañía…

hasta el instante en que me mires
y despiertes de nuevo el ardor de mis suspiros.


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1 comentarios :

Irene Comendador dijo...

Calido y sensual, que bien poder leerlo que ya me tenías con la intriga de este texto largo del que nos hablaste, y es magnifico Javier, enhorabuena, esas mejillas perladas por el sudor... lo dicho, genial
Un beso nene