31 de diciembre de 2011

Recuerdos de año nuevo en un cuaderno


El año viejo languidece
y yo vuelvo a rasgar otro cuaderno
con mis notas y borrones,
mis dedos son más viejos esta tarde,
cuerdas más gastadas,
y mi piel está un tanto más arada,
más endurecida,
aunque mi arma se parezca a la de entonces,
a la pluma de hace un año
ya marchita y olvidada.

Los últimos minutos enmudecen en compases apagados,
taciturnos,
como si no quisieran seguir corriendo eternamente,
azorados bajo fiestas y campanas,
encogidos,
amortiguando sollozos,
tristezas
y funestas noticias aciagas,
el año viejo nos deja
y soñamos que el nuevo nos acune,
que sea, al menos, tranquilo,
apaciguado.

El año viejo huye veloz a su retiro
convertido ya en recuentos,
en historia,
y yo sigo emborronando recuadros con azules,
desangrando pensamientos en papel,
dejándome caer en el abismo de un cuaderno
un año más,
entumecido por el frío del invierno,
resguardado al calor de mis suspiros
y ensoñaciones,
soñador…

¡de nuevo he dejado sin culminar tantos proyectos!

A este año que se va le he hecho una única promesa,
no prometer lo que nunca cumpliré,
esa es mi única promesa de futuro,
mi nuevo himno,

el año nuevo llega
mecido en el mar incierto de lo ignoto,
y yo, lejos de preguntas y promesas,
seguiré enturbiando cuadernos con tachones,
rellenando páginas sin tesón y ningún orden,

no sé cómo será este nuevo año,
solo sé que si no me viene a reclamar la niña muerte
lo volveré a terminar
caminando en el calor de un nuevo cuaderno,
de nuevos proyectos
y nuevas e imposibles quimeras.