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"La gran aventura de Sir Wilfredo - El asedio de las sombras"

Una novela para disfrutar de las princesas y de los caballeros.

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La importancia de las librerías

Artículo publicado en Diábolo Magazine

28 de febrero de 2011

La Dama del Claro XX



Me adentro en la noche sin luna del desfiladero. La niña rebulle inquieta entre mis brazos, protesta y balbucea un berrinche. No tengo ninguna experiencia con bebés o con niños… o eso recuerdo y sin embargo me queda claro que la niña no quiere que me adentre en la oscuridad. Pero tengo que hacerlo, la he perdido allí dentro. Ella está en algún lugar de este camino, entre la roca no tiene escapatoria, tiene que estar ahí delante, a unos pocos pasos. La niña protesta aún más fuerte y mis ojos oscuros la miran en la sombra. Quiero gritar que se calle, quiero lanzarla contra el suelo y olvidarme de su cálido peso entre mis brazos, quiero olvidarla a ella y a la mujer que me atormenta, quiero estar a mil kilómetros de ambas. Mas estoy aquí y al mirar a la niña mi corazón se descoloca, mis manos tiemblan… y me trago las palabras que quería dedicarla. No puedo hacerla daño, no quiero. No quiero gritarla un reproche, quiero cuidarla y protegerla, quiero que no sufra daño alguno. La miro y siento calor en el corazón, un calor infinito que no recuerdo haber sentido en el pasado.

Ni siquiera pierdo ese calor al saber que tengo a la espalda algo enorme y monstruoso, algo con un aliento fétido y putrefacto, algo que me hace estremecer. Un ronquido gutural hiela la sangre de mis venas. Mis runas enloquecen y mi mente me grita que me mueva. Aun así permanezco inmóvil, en medio del desfiladero, notando el sonido sinuoso del ácido golpeando contra el suelo.

Y la miro. Miro a la pequeña y a pesar de la noche que nos envuelve puedo verla. Puedo ver sus ojos claros y su sonrisa, puedo incluso contar sus pecas, puedo ver cómo será en el futuro, cuando crezca, porque sé que ella no va a morir esta noche en mitad de un desfiladero, porque sé que daría mi vida por ella con gusto.

Ella lo sabe y me sonríe. Sabe que estoy con ella y que la defenderé de todo mal. El tiempo parece detenerse unos instantes. Me calmo. El destino es una broma grosera y a veces intenta lanzarte al barro… de ti depende permanecer en el suelo embarrado o levantarte lo más limpio posible. La miro y la regalo una sonrisa. La primera sonrisa sincera que esgrimo desde que desperté a lomos de mi viejo caballo. El recuerdo de leviatán me enerva, hace que mi cuerpo tiemble de cólera. Mis ojos refulgen al ardor de mi ira.

La niña me sonríe, no me teme, ni con toda mi furia podría hacerla temblar. Ella me entiende, me quiere. Puedo notarlo y renuevo mis votos hacia ella. Daría mi ser por ella, me condenaría a una eternidad de sufrimientos por su bienestar.

A mi espalda la bestia ruge. Es inmensa y su rugido azota mi espalda, provocándome llagas y quemaduras. Mi cuerpo está herido, pero mi alma está sanando. Tengo alma, creí que la había perdido para siempre. Tengo alma… olvido el dolor de mi carne. Olvido mis heridas y me giro, haría cualquier cosa por esa niña, cualquier cosa.

Incluso una criatura como yo tiene por obligación que estremecerse ante el monstruo que se erige ante mí. Es un titán, una bestia gigantesca y atroz, un asesino más eficaz que yo… porque carece de sentimientos o de intelecto, es una criatura que se mueve por puro instinto. Incluso en la oscuridad puedo distinguir su forma gigantesca y retorcida, aunque no alcance a ver por entero la enormidad de su cuerpo. Carece de ojos o de fosas nasales, en su cabeza gobierna únicamente una boca inmensa capaz de devorar una montaña de un bocado si lo pretendiera. ¿Cómo voy a matar a una cosa así? ¿Hay criatura en el mundo capaz de hacerlo?

Miro a la pequeña y la descubro sonriente.

¿Por qué sonríes? ¿Crees que seré capaz de derrotar a este engendro?

Por primera vez me descubro derrotado antes de la batalla y en unión con mi primera sonrisa sincera hacen demasiadas primeras veces para un solo momento. Tengo que hacer algo, tengo que pensar. Esa bestia es monstruosa y parece inabarcable, pero sé que puedo derrotarla, solo tengo que descubrir el modo.

De pronto el desfiladero se ilumina. Se hace de día en un segundo. La criatura chilla y mientras la veo encogerse de dolor y retroceder, veo que su piel sonrosada y translúcida arde, la luz la está matando…y cada vez hay más luz, tanta que el resplandor provoca que mis ojos acostumbrados a la oscuridad me traicionen. La luz sigue creciendo, cada vez es más intensa, mis runas arden, la misma piedra que nos rodea parece arder.

Con un esfuerzo inhumano abro los ojos y la miro, miro a la pequeña y la veo sonreír… y algo más, veo de dónde procede la luz. Sus tres runas plateadas. La luz ardiente y poderosa procede de la pequeña.

¿Quién eres? Me pregunto por vez primera mientras veo a la lombriz gigante derritiéndose ante mis ojos doloridos. Pronto no queda de la bestia más que un líquido espumoso por el que chapoteo para atravesar el desfiladero. La niña se duerme y las runas plateadas terminan por apagarse. Una vez más nos quedamos al amparo de mi querida oscuridad y continúo hacia el norte, sin dejar de preguntarme quién diablos es esta pequeña que me acaba de salvar la vida.

¿Quién eres?

¿De dónde has salido?

¿Quién soy yo?

Mi sangre arde, tengo el cuerpo destrozado por las quemaduras y las heridas de mis pies, me estoy desangrando poco a poco, pero ella sonríe, la pequeña sonríe y su calor templa mi corazón y mi espíritu.

Tengo que continuar hacia el norte.

He de darme prisa.

25 de febrero de 2011

Rabia y Vergüenza



Antes de leer este artículo de opinión os recomiendo ver el vídeo que lo acompaña… o mejor aún a cerrar los ojos y escucharlo, solo escucharlo durante los 32 segundos que dura. Si después de eso no os sentís como yo en el titular, mejor no continuéis leyendo. No os merecerá la pena.

Estoy cabreado, estoy ofendido, me siento engañado, me siento humillado, estremecido, aterrado y carcomido por la rabia. Me siento vilmente estafado por nuestros presuntos gobernantes, por su ego infinito y su falta de cordura, me siento robado por este mundo egoísta en el que vivimos. Estoy tremendamente cabreado por lo que nos hacen pasar por algo natural y lógico sin serlo, estoy, definitivamente, indignado porque no haya nadie que haga nada con la velocidad y la contundencia necesarias.

Los pueblos subyugados por los tiranos despiertan, ¡por fin despiertan de la pesadilla en la que sus gobernantes corruptos, con nuestra complicidad, los han sometido a lo largo de los años! Europa se marchó de África y de Asia, liberó sus colonias, abandonó sus ansias imperialistas… pero nunca se marchó del todo de esos países que había gobernado. Las diplomacias continuaron funcionando, nosotros nos aprovechamos de la opresión de esos pueblos, de su malvivir. Gracias a esos tiranos que gobernaban con mano de hierro y ejércitos equipados por los occidentales, nosotros vivimos casi medio siglo mucho más seguros y tranquilos, vivimos en la opulencia, en la abundancia, mientras que ellos eran esclavos de regímenes dictatoriales. Parece que eso se está terminando, que internet ha logrado lo que no lograrían ni cincuenta mesías puestos en fila india, los pueblos oprimidos han degustado las mieles de la democracia desde lejos, han visto cómo vivimos en occidente… y quieren gozar del privilegio de vivir como nosotros, quieren vivir en libertad y comer y no tener miedo de decir una palabra equivocada, de enfadar a alguien equivocado…

Primero fue Túnez, luego Egipto, después Bahreim… todos ellos gobernados por déspotas y ladrones, por dictadores con el apoyo de nuestros gobiernos. Con nuestro apoyo, porque nos venden su petróleo y su gas, porque retienen la inmigración y el terrorismo, porque, supuestamente, contienen el integrismo islámico… porque esos dictadores nos venían de perlas y no nos importaba lo más mínimo cómo viviesen sus pueblos. Pero esto va a cambiar, nos guste o no va a hacerlo, porque ya ha cambiado, porque estos pueblos son capaces de ver, de sentir, de abrazar la libertad. Porque claman por el pan, por la justicia, por la libertad, por la democracia… los jóvenes egipcios que tanto hemos visto por la televisión quieren establecer un Egipto demócrata al estilo de Turquía, un país que está en negociaciones para ser europeo.

La libertad se abre paso a pedradas, llegará. La revolución está en marcha y a occidente le tiembla el pulso. No es capaz de gritar en alto que está con la revuelta, que apoyará la imposición de la democracia, que velará por esta juventud con ansias de libertad, que enviará cuanto haga falta. A occidente le tiemblan las piernas, al menos a sus gobernantes. ¿Por qué no se dice claramente que estamos con la democracia? ¿Que esos países serán apoyados en su transición? ¿Por qué no nos olvidamos por un momento del petróleo, la inmigración…? ¿Por qué no nos olvidamos del dinero y el poder y nos fijamos en las personas, en su padecimiento, en sus ansias?

Nuestro mundo es cruel y egoísta, injusto. Precisamente ahora tenemos la oportunidad de cambiar esto, de convertir nuestro hogar en un sitio mucho mejor, ¿por qué no lo hacemos? Ahora es nuestro tiempo, gritemos que queremos libertad para todos, posibilidades para todos, democracia para todos. Gritémoslo lo más alto posible, para que nos escuchen los tiranos y nuestros propios gobiernos.

Nuestros gobiernos occidentales continúan callados, amedrentados por las turbulencias económicas que podrían sacudir nuestras naciones… aquí, en occidente, ellos peleando por cortar nuestros derechos, por recortarlos todo lo posible y ahora les salen unos países respondones donde volver a empezar ¡no puede ser! Algunos tienen que estar desesperados.

Muchos temen una alianza islámica surgida de estos países, un bloque creado por los integrismos, pero creo que nosotros podemos sofocar ese integrismo aquí y ahora. Para ello necesitamos que todos esos países sepan que estamos con ellos, que defenderemos su lucha pacífica, que colaboraremos a levantar sus casas, que apoyaremos sus ansias de libertad. Es un gesto que deberían dar nuestros gobernantes, lo sé, pero si ellos no lo hacen, ¿para qué estamos nosotros? ¿Por qué no nos lanzamos a la calle para que esto se sepa? ¿Por qué no peleamos por un mundo mejor? ¿Acaso estamos demasiado obnubilados con nuestra placentera vida? ¿Nos tienen tan tremendamente aborregados que no somos capaces de ver esta posibilidad de cambiar las cosas para mejor?

No quiero un mundo en el que los poderosos se reúnan para ver si hacen algo, después de días de no hacer nada mientras un país se desangra. No quiero que nuestros gobiernos mantengan dictadores, quiero un mundo mejor. Quiero un mundo en el que mi hijo se pueda sentir orgulloso del legado que le estamos dejando y no un lugar en el que temer al prójimo.

Podemos hacerlo, lo presiento. Ahora es el momento de intentarlo al menos. ¿Te vas a quedar en casa o vas a gritar a todos estos luchadores pacíficos que en occidente cuentan con los mejores aliados posibles?

Me gustaría saber dónde están ahora los que nos metieron en Irak o Afganistán con la excusa de llevar la democracia a esas gentes, ¿por qué siguen callados? ¿Por qué nos callamos todos? ¿Por qué no exigimos a nuestros gobiernos que se muestren contundentes y que actúen? ¿Tan poco nos importa?

Mientras no nos movamos, mientras sigamos siendo borregos preocupados por el precio de su gasolina o por tener este o aquel capricho, en vez de pensar en la gente que lucha por su libertad, seguiremos escuchando sonidos tan desagradables como el del vídeo. Dará igual el país o el lugar del mundo, seguiremos escuchando gritos de terror que nos seguirán haciendo destilar rabia y vergüenza.

El poder del tirano

El Tirano sofocó las rebeliones, mató a sus opositores, destrozó su país para mantenerse en su trono... y sentado delante del desierto inhabitado en el que se había tornado su nación se preguntó a quién le iba a gobernar ahora que se había quedado solo...

Cumpliendo órdenes


Yalahd se giró hacia sus tropas, las órdenes venían de arriba y eran claras, tan concisas que daban miedo. Tenían que disparar a matar. A sus vecinos y amigos, a sus familiares, a sus compatriotas. Siempre había sido un soldado obediente y eficaz, pero esta vez temblaba delante de los rostros dispuestos de sus muchachos ¿cómo les iba a ordenar un crimen tan atroz?

Tomó una decisión, se debía a su patria, había jurado obediencia a su nación. Cuando comenzó el discurso ya sabía que a muchos miembros de su tropa no les gustaría lo que estaba a punto de decir. Estuvo casi una hora hablando, ordenando. Y al final incluso los más reacios estaban más que dispuestos a obedecerle. Eran soldados, se debían a su patria. La traición se pagaba con la muerte...

Con una última orden puso todo en marcha. Su batallón estaba preparado, lo había estado desde siempre. Eran los mejores... se llevó tres patrullas con él hacia el palacio presidencial mientras el resto de sus hombres se perdió entre las calles, dispuestos a cumplir órdenes, tenían que disparar a matar, eran las órdenes, disparar a matar. Yalahd pidió a Alá que le perdonase por lo que estaba a punto de hacer. Esa noche, las noticias de todo el mundo dieron la noticia: los soldados libaneses abatían sin piedad a los mercenarios desplegados por sus calles, morían defendiendo a su pueblo, como habían jurado hacer. La cabeza de Gadafi pendía de una pica, estaba bien muerto.

Uno de sus generales, el mejor de ellos, había cumplido por fin la promesa de defender a su pueblo y a su nación...

24 de febrero de 2011

Entrevista en "El desván de los sueños"

Siempre es un placer que le entrevisten a uno, pero si además esa entrevista es en un programa de radio que acaba de nacer, el placer es doble, de verdad. Ya pasó con "El bosque de las palabras", donde Francisco Legaz metió en mis venas el gusanillo por las ondas hercianas. Ahora es otro programa recién salido del horno, aún en pañales, el que se ha decidido a llamarme y yo estoy como niño con zapatos nuevos (le estoy cogiendo el gusto a esto de estar al otro lado del micro de vez en cuando...).

El programa en cuestión se llama "El desván de los sueños", está presentado por Tania López Parra y por Tania González y se emite desde Málaga. En él se habla de cine, música, cultura en general y literatura. Hablan con músicos y escritores. Bueno, pues para mí es un orgullo decir que, en su tercer programa en antena, el escritor invitado fue un tal Javier Fernández Jiménez.

Aquí tenéis el audio con mi entrevista




Y si queréis escuchar el ptrograma entero, os lo podéis descargar en ESTE ENLACE

El anillo espanta lobos...

El niño cogió a su padre de la mano y antes de dar el primer paso le preguntó si allí fuera, entre la nieve, podían toparse con lobos. Los lobos le aterraban. Su padre apretó la mano del pequeño con ternura. Inspiró profundamente y le mintió, procurando que el viaje fuese menos intranquilo para su hijo. "Tranquilo, tengo un anillo espanta-lobos, me lo regaló una bruja buena" –mintió...

Caminaron durante horas entre la nieve, bajo el manto estrellado de la gélida madrugada invernal. El viento arreció y Rhog cogió al pequeño en brazos. El niño no los vio, pero media docena de lobos acechaban tras los árboles. El leñador aceleró su marcha, tembloroso. Temía a los lobos, los temía desde niño, cuando estuvieron a punto de devorarle en una noche estrellada, gélida y envuelta en nieve...

Los lobos podían notar su miedo y se acercaban más y más, saboreando de antemano la carne cálida y la sangre de la que disfrutarían bajo las estrellas. Pero, cuando iban a atacar se detuvieron. La mirada sin temor del niño les amilanó y al final, terminaron huyendo con el rabo entre las piernas. Joy sonrió, su padre tenía razón, el anillo que pendía de su cuello ahuyentaba a los lobos. Lo que nunca supo fue que había sido su valor y no un anillo, lo que les salvó aquella noche de ser devorados por la manada.

22 de febrero de 2011

La Dama del Claro XIX

Estoy sangrando.

Mis pies sangran y arden ante cada paso que doy. Debería dar un rodeo, debería volver sobre mis pasos y buscar un nuevo paso, pero las prisas me impiden actuar con la cordura necesaria, quiero llegar al norte, quiero hacerlo ya, necesito llegar al norte. Necesito saber quién soy yo y quién es la pequeña que sonríe entre mis brazos. No hay dolor capaz de detenerme, no hay fuerza capaz de impedir que continúe caminando, siempre hacia el norte, buscando algo que aún desconozco qué es. Sigo caminando entre penumbras. Las runas de mi brazo arden y el colmillo de lobo parece refulgir en la noche. Bien, eso quiere decir que el camino se hará más divertido de aquí a unos segundos, tengo que ocupar mi mente en algo que no sean las púas que atraviesan mi carne. Podría haber buscado otro paso, podría haber dado un rodeo, pero continúo adelante mientras reniego de mi estupidez. Los pies ya no me duelen, ya no siento el dolor cuando las púas aceradas atraviesan mi piel. Estoy sangrando, debería detenerme, debería dejar de caminar entre los clavos que surgen de la tierra, debería cerrar las heridas sangrantes de mi piel. Pero sé que debo continuar. No puedo pararme.

Algo me dice que mi tiempo es limitado, que tengo que llegar pronto al norte. Lo antes posible.

Estoy sangrando.

Y sé que no es solo mi carne lo que sangra, mi alma está marchita, puedo sentir su agonía. No recordaba que tuviese alma, creí haberla perdido hace tiempo… aunque ya no puedo estar seguro de nada. Ni siquiera sé si mi sangre es roja, más bien parece negra, como si estuviese podrida o corrupta, como si no fuese sangre ¿la sangre es siempre roja? No sé quién soy. Estoy sangrando y la niña sigue sonriendo.

Mis pies desnudos me llevan hacia un desfiladero estrecho y afianzo el peso de la pequeña en mi brazo. No pesa. La niña parece un apéndice más de mi cuerpo, pero el fulgor de sus tres pequeñas runas plateadas me recuerdan que es otro ser. Un ser frágil e inocente que debo salvaguardar con mi propia existencia. Olvido mis pies y mi alma y mi sangre negra, olvido todo y agudizo mis sentidos antes de entrar en la noche desplegada por el desfiladero. Debo actuar con precaución. Algo me dice que llevar esa niña en brazos es peligroso, que las criaturas oscuras la odian y tratarán de devorarla por todos los medios a su alcance. Que la odian más incluso que a mí, que la temen…

Mis pies me hacen detenerme un segundo. Una púa retorcida y oxidada acaba de atravesar desde la planta hasta el empeine. El dolor es agudo e intenso. Me arranca un grito preñado de cólera y sufrimiento. La niña hace unos pucheros ante mi bramido y tengo que olvidarme de mis pies para susurrar palabras agradables en sus oídos inocentes.

Sigo sangrando y dejando tras de mí un reguero de sangre caliente y humeante.

Pero ella sonríe y se calma y se vuelve a dormir. Una cálida sensación de bienestar me sacude y me asusta al mismo tiempo. No recuerdo quién soy yo, pero yo no me siento bien ante la sonrisa de un bebé. Yo no puedo amar. Mi capacidad de amar desapareció hace tiempo… no puedo amar, eso lo sé.

Soy un peligro y un mal acechante y un asesino despiadado. La sangre y la muerte son mis compañeras de viaje. No puedo amar…

Entonces la veo. A una veintena de metros desfiladero adelante. La vuelvo a ver. Parece una aparición luminosa. Allí está. Me mira y parece dedicarme una sonrisa divertida. La odio. La odio y la necesito al mismo tiempo. Corro en su búsqueda, sin importarme lo más mínimo que mis pies alojen varias puntas aceradas más ni que me siga desangrando poco a poco. Corro hacia sus rizos dorados, hacia sus pecas, corro hacia su figura turbadora e infinita.

Pero vuelvo a perderla y esta vez mi alarido hace temblar las montañas que me rodean. Esta vez no me detengo, mi rugido surge de esa alma que no recordaba poseer. La he vuelto a perder. La odio, la necesito, la amo… aunque no pueda amar…

La niña se despierta y esta vez su llanto es imparable.

La niña se despierta.

Estoy sangrando.

A lo lejos se oye el bramido de una criatura monstruosa. Y mi sonrisa vuelve a aparecer, necesito una criatura en la que descargar todo el peso de mi furia. Necesito olvidar mi alma, mi sangre y mi dolor.

La odio…

Y mi alma sigue desangrándose en medio de un desfiladero oscuro.

Que me perdonen las ratas!

La voluntad de los pueblos es imparable. No hay tanques, pistolas o balas capaces de contener las ansias de libertad cuando estas se desatan. Algún día los tiranos se darán cuenta de eso y tendrán que huir acobardados a rincones oscuros, como las ratas que son… con perdón de las ratas.

A mi musa esquiva...

Te escribo esta carta ahora que ya estoy lejos de ti y no puedo arrepentirme de mis actos. Sé que nunca llegará hasta tus manos y que nunca arrancará un sollozo de tu alma, sé que no la leerás nunca y que no conocerás jamás mis sentimientos, pero créeme, es mejor así, es mejor que no llegues a saber por qué me fui. Y aunque no la leas nunca, aunque no la aferres con fuerza y la emborrones con tus lágrimas, necesito escribirla, necesito gritar lo que te quiero, necesito desgarrar al fin mi pecho y contártelo, aunque no puedas oírme. Me encantaría estar a tu lado y susurrarte todo esto en la penumbra, abrazarte en silencio y sentir tu piel ardiente en mi mejilla. Notar tu respiración palpitante y tu sonrisa traviesa, saber que estás ahí, a mi lado, escuchando mi declaración de amor… pero soy un cobarde y no me he atrevido a contarte todo esto en persona por miedo a no ser capaz de hacer lo que debo. Por miedo a no ser capaz de marcharme y dejar que seas feliz lejos de mí.

Te quiero, siempre te he querido. Desde el mismo día en el que nos cruzamos en aquel pasillo atestado de gente y parecíamos estar solos, tú y yo y nuestras miradas cruzadas. Siempre te he querido. Desde el instituto. Y siento no haberme atrevido a decirlo nunca, no haber aprovechado tantos momentos a tu lado para confesarlo.

Sé que hubo un tiempo en el que también me quisiste, podía presentirlo cuando estabas cerca, entre nosotros había tejido un espejismo que nadie podía quebrantar. Tú y yo estábamos hechos el uno para el otro, lo sabía todo el mundo… excepto nosotros dos. Hace unos días recordé aquella fiesta en la que nos quedamos solos, en la que bailamos y reímos como nunca… con cualquier otra chica habría terminado enrollado, tirado en el parque o abrazados en un banco, pero contigo… contigo no podía hacerlo, eras mi amiga. Así que te acompañé a casa y te besé en la mejilla aunque me moría por besarte en los labios ¡Qué idiota! Ahora caigo en que nunca te he besado, aunque me muera día a día por no haber probado el néctar de tus labios. ¡He soñado tantas veces con tus labios!

Lo siento. Siente haberme ido lejos. Siento no haberme despedido de ti y, sobre todo, siento no haberte besado nunca ni haberte confesado mis sentimientos. Siento haberme casado con otra y haber dejado que tú también te casaras. Siento haber dejado que la rueda de la vida nos arrastrara. ¡No sabes cuánto te quiero! No puedes imaginarlo. Por eso me voy, porque quiero que seas feliz y sé que no podré conseguir que lo seas conmigo. Después de divorciarme pensé en llamarte, la verdad es que lo pensé muchas veces antes de mi divorcio… pero nunca lo hice y también te pido perdón por ello. Te quiero tanto que no quiero arrastrarte a una relación incierta. Porque sé cuánto me quieres y que vendrías conmigo si te lo pidiera… pero no sé durante cuánto tiempo sería capaz de mantenerme a tu lado. Creo que es cierto eso de que soy un irresponsable, como dice mi ex mujer a la menor oportunidad.

Sé que no leerás jamás esta carta ni sabrás dónde estoy. Solo espero que nunca llegues a saber todo lo que te amé, cuánto te he amado y cuánto te amaré en el futuro. Es mejor que no lo sepas, es mejor que no leas nunca esta carta, es mejor que seas feliz aunque yo me muera por besarte.

Adiós y perdóname por ese abrazo que nunca te llegué a ofrecer cuando lo necesitaste. Te quiero.

El Mundo se mueve


Sorbos de libertad se adivinan a lo lejos,
suspiros ahogados por el último estertor de los tiranos,
el mundo se mueve
conmocionado por la llegada de una nueva era,
de una nueva Tierra,
derechos declarados en voz alta para todos,
exigidos a voz en grito
parapetados tras pancartas redactadas con arrobas,
derechos verdaderos
y no los dibujados para unos pocos en hojas desvaídas,
el mundo se mueve,
es imparable,
se mueve,
una nueva marea se desata cual tsunami furioso
e imparable,
la libertad se abre paso a pedradas
y se enfrenta a tanques en su cólera,
a disparos cobardes desde las azoteas,
el clamor es infinito,
la justicia se derrama,
la libertad clama su victoria,
nos la han robado tantas veces…

el mundo se mueve,
no hay ya quien lo detenga
el mundo se mueve,
conmocionado y por sorpresa,
el mundo se mueve

¡Ay del que no se mueva a su ritmo!
¡Ay de quien se pare!
¡Ay de quien ose enfrentarse a la marea!

La Libertad se abre paso a pedradas
y mientras algunos siguen su deambular, imperturbables
tras la seguridad del mando a distancia,
muchos más son los que ya se mueven a su ritmo.

El mundo se mueve
¡Que nada detenga esta ola incierta de Libertad y espuma!

El mundo se mueve
¡Ay de quien aún no se haya dado cuenta!

Estoy echando algo de menos...


El mundo está cambiando, aunque algunos aún no se quieran dar cuenta y otros teman lo que está por venir. Supongo que, tras lo que pasó hace años en Irán, todos estamos un poco temblorosos ante lo que puedan traer estas revueltas sociales (pacíficas y, según nos cuentan, laicas, lo que las convierte en doblemente loables), pero una cosa estoy echando en falta, hay algo que no me gusta de todo esto que está ocurriendo.

¿Dónde están las voces de Europa y de las Naciones Unidas? ¿Por qué nuestra clase gobernante no sale a defender contundentemente estas revueltas y manifestaciones? ¿Por qué seguimos temblando ante lo que pueda ocurrir con el petróleo que tenemos negociado en vez de estar con esa gente que lucha por tener lo mismo que nosotros disfrutamos día a día?

La Libertad se está haciendo escuchar a pedradas, su clamor parece a día de hoy imparable, ¿dónde están ahora esos amantes de la democracia y la Libertad que nos llevaron a bombardear a Irak y a todas sus gentes? ¿Dónde están ahora los que nos mantienen en Afganistán peleando por un sistema político justo? ¿Por qué no se les escucha ahora uniéndose a esa manifestación mundial?

Ni están ni (por desgracia) se les espera, supongo que estarán observando todo desde sus mullidos sillones de guata (o cuero, mejor, que tienen pasta para eso), calculando qué beneficio pueden terminar sacando de todo esto... pensando la manera de volver a controlar a todos esos países para que no estorben demasiado en el orden mundial...

Pero no es esto lo que echo de menos, de verdad, aunque también lo haga. Lo que echo de menos y de verdad son manifestaciones de jóvenes en los países occidentales apoyando a sus colegas árabes o chinos o sudamericanos. Deberíamos salir a la calle a hacernos escuchar, a proclamar a voz en grito que estamos con ellos, que no dejaremos que nadie vuelva a apresarlos con su yugo, que haremos cuanto esté en nuestra mano para hacer un mundo mucho mejor. La Libertad está gritándonos, nos está recordando lo que nunca debimos olvidar, nos está restregando la Declaración Universal de los Derechos Humanos que solemos pasarnos por el forro... ¡vamos a dejarnos de tonterías y a decir que estamos con ella! ¡Que creemos en todos esos Derechos Humanos! ¡Y que los queremos para todo el mundo!

Esta revuelta se ha iniciado en la red, allí todos gritamos, proclamamos, opinamos, comentamos. Allí ya estamos mostrando nuestro apoyo a esa juventud árabe que está saliendo a la calle a exigir lo que nunca han disfrutado, a pedir por sus derechos de una manera pacífica pero contundente. Muy bien, en internet ya hemos apoyado y hablado sobre esto, pero me falta la calle.

Echo en falta la calle y las manifestaciones y los gritos en favor de la Libertad y las pancartas de apoyo a los ciudadanos de otros países de todo el mundo. ¿Cuándo vamos a gritar a esta gente que estamos con ellos? ¿Cuándo vamos a demostrar que no somos enemigos, sino todo lo contrario? ¿Cuándo vamos a luchar por un mundo mejor y más justo?

Hay que hacerlo ya, cuanto antes mejor. Tenemos la llave para cambiar nuestro mundo y hacerlo mejor, definitivamente mejor, ¿cuándo nos vamos a poner manos a la obra?

21 de febrero de 2011

Un rayo de esperanza


¿Y si todo fuese verdad? ¿Y si todo el mundo se acabase de ir a la mierda de un plumazo? Se sentó en un bordillo aún caliente, tras él se levantaba el esqueleto de lo que, hasta hacía un par de minutos, era el Centro de Gobierno Mundial... no podía creer que hubiese sobrevivido a la explosión, no podía creer que aquella recomendación estúpida de parapetarse tras un bordillo hubiese funcionado.

Todo estaba abrasado y en ruinas, como si fuese una ciudad que llevara años arrasada por un bombardeo, aunque el paisaje era aún más descorazonador, pues a su alrededor humeaban las cenizas de las centenares de personas que deambulaban a esas horas por la calle. Estaba solo, se había quedado completamente solo. Había escuchado rumores de guerra, pero aquel ataque era totalmente impensable...

Recorrió las calles, arrasadas y envueltas en hollín humeante, durante horas. No encontró a nadie con vida. Su mundo había sido destruido en un único y devastador golpe. No podía creerlo. Continuó caminando hacia las afueras, llorando desesperado. Más allá de la ciudad todo era igual, todo estaba arrasado por el fuego... su desesperación era total. Y de repente vio una flor entre las cenizas y supo que había esperanza.

19 de febrero de 2011

La Dama del Claro XVIII

Al despertar me siento pesado y encerrado. Me han drogado. Siento el veneno recorriendo mis venas, adormeciendo mis sentidos. Estoy mareado. No veo nada salvo un velo blanco imposible de atravesar con la mirada. Un fluido viscoso me envuelve. Huele a amapolas… no puedo levantarme ni moverme apenas. Siento las runas de mi brazo ardiendo con una furia infinita y sé que debería intentar levantarme, pero algo, una voz infantil y remota, me pide que no me mueva, que me quede allí, arrullado por su canto, que me acurruque en el fluido que me envuelve y me duerma, que me deje llevar por su canto infantil.

Por unos segundos estoy a punto de dejarme llevar de nuevo, de dormirme, de olvidar que estoy encerrado en un fluido orgánico que huele a amapolas. Recuerdo la sangre y la mujer que persigo y el norte. Recuerdo todo como un eco lejano que no necesito comprender, que ya no es necesario comprender.

Empiezo a sumirme de nuevo en el sueño.

Y es entonces cuando el llanto vuelve a abrir los ojos y me saca del trance. Mi cuerpo inhumano expulsa la droga a base de una explosión de adrenalina, mis ojos relucen de odio y presiento la empuñadura de mi espada negra en la palma de mi mano antes de tenerla allí.

Me levanto con un rugido siniestro que hace temblar los mismos cimientos de la ciudad y noto que mis enemigos se encogen ante mi nuevo despertar. Puedo saborear su temor, puedo relamerme con su tacto.

Como si renaciese después de una muerte prematura, desgarro la telaraña infecta en la que he estado atrapado unos minutos. Mi odio es inmenso, no creo que haya sentido jamás un odio así, aunque algo me dice que sí, que este es solo el recuerdo vago del odio que solía esgrimir ante casi cualquier ser.

Un paso, otro, otro. Levanto la espada negra y rasgo. Mis pies desnudos apenas tardan dos segundos en volver a pisar la gélida piedra marchita de la plaza. Y entonces veo. Entonces es cuando sé lo que ha ocurrido y mi sorpresa crece. Algo intenta irrumpir en mi cabeza, un recuerdo, un sabor, un momento… pero no recuerdo nada más. Solo tengo algo en mente. Acabar con esas bestias que acechan a la niña.

La niña ¿Quién es? ¿Qué significan las runas plateadas de su cuello? ¿Por qué tengo esta necesidad indefinible de librarla de todo mal? ¿De protegerla?

No lo sé, pero me lanzo a la batalla, mirando de reojo a la manada de lobos que se enfrenta a los escorpiones negros, impidiendo que estos lleguen a la pequeña. Por fin se han dejado ver. Son siete. Una manada de siete lobos enfrentada a una multitud de escorpiones negros de proporciones gigantescas. Sé que no son rivales para los escorpiones, incluso ellos lo saben y aun así se han arriesgado para salvaguardar la integridad de la niña, ¿Quién diablos serás?

Un aguijón repentino lanza a uno de los lobos contra una columna, dejando su cuerpo desmadejado junto a la piedra derruida. Está muerto. Su dolor recorre mi espalda y hace que una de mis rodillas tenga que posarse en el suelo repleto de cenizas. Estoy sin resuello, de pronto, ¿Qué ocurre? Intento incorporarme para unirme a la batalla, quiero ayudar a la manada, pero no soy capaz de dar un único paso. Otro escorpión lanza un nuevo ataque y atraviesa el pecho de un lobo negro como la noche. Grito de dolor, al sentir la punzada del aguijón en mi pecho. Me siento morir. No puedo respirar y una lágrima oscura brota de mi ojo derecho al saber que un nuevo lobo acaba de morir. Debo llegar a la niña. Quiero protegerla…

Y de pronto allí estoy. Junto a los lobos, enfrentado a los escorpiones. Mi espada gime de dicha ante la batalla. Miro de soslayo a la pequeña para cerciorarme de que está bien. Y lo está, los lobos se han encargado de su custodia. Les miro y ellos se preparan para la batalla, como si yo fuese el jefe de la manada y se lo acabase de ordenar.

Dos escorpiones me lanzan su aguijón, pretendiendo envenenarme por segunda vez, pero en esta ocasión estoy preparado. Sonrío. Esto va a ser muy divertido. Mi espada parece chillar de emoción cuando la lanzo hacia adelante y sesgo los apéndices de las bestias oscuras. Apenas tardo un segundo en dar otro mandoble que atraviesa la coraza de otra criatura, enviándola al abismo.

Se retuerce y parece encoger ante mi vista. El resto recula. Están asustados. Ya saben a quién se enfrentan y están arrepentidos de haberme atacado. Me gustaría saber quién soy para causar tanto temor.

Los lobos rugen y aúllan a la noche. La lucha comienza.

En unos minutos termina todo.

Recojo a la niña y canto una canción de cuna que no recuerdo conocer, pero que calma su llanto y la hace dormirse entre mis brazos. Sus runas destellan cuando duerme. Sonrío con ternura y me asusto ante esa prueba de sentimientos, volviendo a preguntarme quién demonios soy yo.

Los lobos ya no están, han desaparecido, incluso los dos que habían muerto. En la plaza de las columnas solo quedan los restos de los escorpiones. En un arrebato de ira abro la mano derecha y siento un calor inmenso en la piel. Una bola de fuego surge en mi palma. Vaya, con esto no contaba.

Mis pasos me llevan de nuevo hacia el norte, atrás queda la plaza de las columnas, que arde por los cuatro costados. No he vuelto a ver ni sentir a los lobos, pero en mi cuello ha aparecido de pronto un colgante de plata con un colmillo.

Aleph…

Sigo sin saber quién soy.

Sigo sin ver a la mujer que persigo.

Sigo sin saber quién es esta niña y por qué necesito protegerla.

Sigo sin saber quién soy.

Pero sigo adelante, sé que las respuestas están aún lejos, en el norte…

La Cosa del Pantano - Alan Moore

De pequeño no me atraían los tebeos con imágenes de cubiertas raras, por eso, cuando iba al kiosco de mi barrio no compraba nunca V de Vendetta, ni siquiera La Patrulla X (porque me daba repelús eso de que a un tipo le saliesen rayos por los ojos, fíjate tú qué tontería más grande) y por supuesto, como era así de pitiminí, nunca me dio por coger un tebeo de "La cosa del Pantano"... en fin, que, años después, tras haber devorado Mortadelos, Zipis y Zapes, Superlópez, Carpantas, 13 Rúe del Percebe y demás... aparte de muchos supertipos enmallados varios, me doy cuenta de todo lo que me perdí por no coger este tipo de tebeos, ¡porque son una pasada!

Ahora, gracias a Planeta deAgostini, los nostálgicos pueden releer en tomos de lujo esos tebeos de su infancia y/o adolescencia, y otros idiotas como yo, podemos conocer por primera vez a toda una suerte de personajes dispares que jamás debimos dejar de lado, pero que, por unas cosas o por otras, no hemos leído hasta hoy.

Y os tengo que decir una cosa, es un lujo acercarse por primera vez a La cosa del pantano de esta manera, virgen y sin contaminar, deseoso de saber quién, qué o cómo es esta Cosa que deambula por el pantano, es amigo íntimo de una mujer de lo más extraña, tiene un corazón como un piano de grande y es practicamente indestructible, por más que unos y otros se empeñen en acabar con él.


A lo largo de este primer tomo de la colección que nos acaba de presentar Planeta deAgostini, la buena de la Cosa se tiene que enfrentar con un ejército enviado a capturarla, con un doctor chiflado, con uno de los locos a los que se suelen enfrentar los de la Liga de la Justicia habitualmente, a un marido celoso (y endemoniado por un antiguo enemigo de la Cosa cuando esta aún era humana), con demonios (algo que incluye una visita a los infiernos a lo Dante, de la mano de un antihéroe de la DC, Etrigan) y con toda clase de dilemas personales (que incluye un autoentierro). En fin, que en un solo volumen, el personaje es desdoblado a conciencia por el guionista y zarandeado de mil y una formas diferentes, aunque al final, siga paseando tranquilamente por su pantano, peleando con cocodrilos y salvando doncellas cual Quijote enzarzado entre madreselvas.

El guionista de esta espectacular saga de "La cosa del pantano" es el increíble Alan Mooore, uno de los tipos con peor cara de la industria del Tebeo, pero que tiene un genio tremendo a la hora de elaborar historias narradas a través de interminables bocadillos. Alan Moore es algo más que un guionista de tebeos, es un verdadero escritor y poeta, es un tipo capaz de descolocar del todo a un personaje y a volvernos locos, para contarnos simplemente una extraña y aparentemente imposible historia de amor. Alan Moore es un genio y como tal nos hace bailar al son de su batuta, nos hace jadear cuando le quiere imprimir velocidad a sus historias y es capaz de dejarnos exhautos cuando se pone filosófico (de tanto como hemos de pensar).

Este primer volumen es una pasada, yo os recomiendo encarecidamente que no dejéis de leer por ningñun motivo, el momento en el que la Cosa se enfrenta al Rey Mono, un diablo mosntruoso que se alimenta del miedo y que hace que todo un centro de niños autistas dibuje su forma de una u otra manera, e incluso que los presos de Arkham estén aterrados atne su presencia (ver al Joker sin su eterna sonrisa es algo difícil de olvidar, en serio). Pero hay momentos sublimes en la historia, como ese encuentro "sexual" entre Abigail y la Cosa, algo aparentemente impensable y que Alan nos narra de un modo impresionante.

En líneas generales estamos ante un volumen repleto de tebeazos, bueno, hay uno de ellos que a mí, particularmente, me ha gustado menos, que es cuando unos extraterrestres muy bajitos llegan al pantano y tal, pero bueno, supongo que en toda obra de arte debe haber un momento de bajón o de divertimento.

Un tebeo altamente recomendable, no solo por la historia en sí (que con Alan Moore es sinónimo de filosofía, profundidad y acción a raudales), sino por las estupendas ilustraciones que lo acompañan. Aunque, ya que estamos, me gustaría proponer a la DC, que se dibujase una versión moderna de La Cosa... no es por nada, pero con los dibujantes que hay ahora mismo en el mundo de los superhéroes, con las heroínas que dibujan... en fin, que casi me estoy relamiendo al pensar en una Abigail Arcane dibujada por uno de ellos...

En fin, que me arrepiento muchísimo de haber sido tan pitiminí cuando era pequeño, seguro que esta Cosa del Pantano habría poblado más de una de mis pesadillas infantiles, pero, ¡por Dios! Qué gran historia me había perdido hasta ahora, la de un hombre que sobrevive a una bomba, pero no es un hombre, ¿o sí?

Tendréis que leerlo para descrubrirlo.

18 de febrero de 2011

La Dama del Claro XVII

Despierto al cabo de las horas. Sigo atado al árbol, aunque ahora lo hago amparado por la oscuridad y el silencio. El campamento duerme y puedo sentir el aroma a leña quemada. Las ascuas de las hogueras son las únicas que permanecen inquietas, como si presintiesen lo que está por venir. Son muy pocos los humanos destinados a la guardia. Creen haber derrotado a mis hombres, creen estar a salvo.

Idiotas.

No recuerdo cómo me dejaron unas horas atrás, aunque un molesto dolor de garganta me indica que, probablemente, me decapitaron. Supongo que para cualquier humano es imposible reponerse de algo así… pero los de mi linaje somos diferentes, es tan difícil matarnos completamente que son muy pocos los que conocen ese secreto que continúan con vida. Nos ocupamos de que así sea…

Mi sonrisa se ensancha. Esta noche se llevarán la sorpresa más desagradable de sus vidas. Me recuerdo a mí mismo que no debo matar a todos, que debo dejar a algunos vivos para que corran la voz de mi presencia, de mi peligro. Aunque aquellos que sí mueran hoy, lo harán de una manera que hará enloquecer a los que sobrevivan. De ser ellos, no sé en qué puesto me gustaría estar. Miento, sí lo sé, sería mejor morir.

Miro a mi alrededor, no hay armas a la vista… peor para ellos, así, sin armas, siempre es más doloroso todo. Los dedos y los colmillos, la fuerza bruta siempre es más dolorosa. Con un arma eres más eficaz y menos burdo…

Es un recuerdo, lo sé. Sé que estoy recordando, que debería estar a una distancia inmensa de aquel lugar bañado por el fulgor de la luna. Debería estar lejos de las hogueras y de los hombres a los que estoy a punto de asesinar… no debería asesinarlos a sangre fría, debería ser más justo y luchar de frente, debería ser menos cruel.

Estoy lejos de allí, en el espacio y en el tiempo. Debería tener algo entre los brazos que ya no tengo, debería estar desnudo en una ciudad de hollín y muerte… pero estoy en uno de los frondosos bosques de mi país natal y estoy a punto de acabar con la amenaza de un ejército invasor.

Padre estará orgulloso de mí.

Se llevarán una sorpresa.

Sonrío.

Las cuerdas que intentan retenerme suspiran al romperse, ni siquiera he tenido que hacer demasiada fuerza para desentrañar su abrazo de mijo. Por lo menos no han decidido quemarme. No es que sea más o menos molesto que un hacha que te rebane el cuello o una soga de la que pender, pero si me hubiesen quemado ahora estaría desnudo en medio del bosque. Por lo menos, aunque estén agujereadas y ensangrentadas, sigo teniendo mis ropas.
Me deslizo en silencio hacia el campamento. El recuerdo de lo que está a punto de suceder me hace salivar. El ansia me lleva. Hacía mucho tiempo que no disfrutaba del placer de la sangre ¿desde cuándo no saboreo la sangre de un humano?

Padre estará orgulloso.

Aleph…

Solo tengo tiempo de escuchar el alarido aterrado del primer guardia con el que me encuentro, después desato mi ira y me dejo llevar por mis instintos animales. La bestia que anida en mi interior ruge satisfecha y pronto el campamento de mis enemigos se convierte en un caos de sangre, fuego y muerte.

Una hora, ese es el tiempo que ha resistido ese batallón. Necesito un esfuerzo inmenso para no asesinar hasta el último de esos guerreros, al final permito que tres o cuatro de ellos se alejen, aunque todos ellos llevan un recuerdo de mi furia en su carne.

Tras ese tiempo me siento frente a una hoguera y dejo que mis ojos se posen durante largos minutos en el bailoteo de las llamas anaranjadas. Estoy bañado en la sangre de mis enemigos, me relamo. Estoy saciado… por el momento.

Padre estará orgulloso de mí.

Es solo un recuerdo…

¿Dónde está ella? ¿Dónde estoy?

Siento mi cuerpo pesado, rígido, la cálida sangre que me baña se vuelve pegajosa. Intento moverme, pero me es imposible hacerlo. Entonces caigo en la cuenta, No debería estar aquí, esto sucedió hace años… debería estar en una ciudad oscura, arrasada por el fuego y por la guerra. No debería estar allí.

¿Dónde estoy? ¿Dónde está la mujer a la que persigo?

Y recuerdo, como si saliese de un trance violentamente, que aún debo encaminarme al norte.

Algo más se cuela en mi mente, un aviso chillón que me impulsa a despertar, que me obliga a moverme, a abrir los ojos y regresar a la ciudad arrasada.

¿Dónde está la niña que llevaba en brazos?

El caballero andante



El caballero andante fue el primer libro que publiqué. Es la historia de un chaval corriente que acaba convertido en héroe... bueno, eso creo.

El caso es que he decidido regalaros los capítulos para que podáis conocer al bueno de Sir Wilfredo de Montesquiau, un héroe atípico que hace lo que el resto de caballeros andantes de todo el mundo, pero que lo hace de manera... hum... sí, diferente. Espero que lo paséis bien con sus aventuras (y desventuras) y dejéis algún comentario de lo que os parece la historia del "Caballero Andante Oficial de los Reinos de Tedim, Oblectatium y buena parte del continente de Regensis", no os lo perdáis, creo que, por lo menos, podréis echaros unas risas.

Para leer el libro solo tendréis que estar atentos a las entradas del blog y seguir las etiquetas.

17 de febrero de 2011

Bajo la lluvia...

Ese día llovía a rabiar. Una lluvia violenta, iracunda y gélida. Ese tipo de lluvia que cala hasta el alma y hace que uno se encoja. Había decidido quedarse en casa. No tenía demasiadas opciones allí, pero era mejor que mojarse por nada. La cola del Paro podría esperar. Un buen libro, anestesia a base de telebasura... el mando a distancia era su argumento...

Así estaba un par de horas después, anestesiado en el sofá, con un libro sin abrir en el regazo, arropado con una cálida manta de franela y, de repente, como esos antojos mitológicos de las embarazadas, deseó tomarse un café con todas sus fuerzas. Pero ¡horror! Cuando se atrevió a levantarse descubrió que no había leche en casa. Fuera seguía lloviendo con ganas...

Y aun así se armó de valor y salió a la calle a toda prisa, sin mirar por dónde iba. No dio ni tres pasos antes de chocar con alguien. Ambos trastabillaron y cayeron en un charco. Abrió los ojos, con una disculpa que nunca llegó a salir de sus labios. Gracias -pronunció la voz de la mujer más hermosa que había visto en su vida- esto es lo mejor que me ha pasado en todo el día...



Epílogo...

Tras mirarse en silencio unos segundos, ambos arrancaron en un estallido de risa y comenzaron a salpicarse con las manos, arrojándose el agua fría del charco como niños en la playa. Y allí seguirían de no ser porque ella se acordó de que iba a casa a tomarse un café, ahora en compañía.

Escrito por Marcos (no se digáis a nadie. pero a excepción de la frase de los niños en la playa y eso, el resto es lo que yo había pensado como final para la historia... en serio)

16 de febrero de 2011

La Dama del Claro XVI


Al despertar siento un regusto dulzón en los labios. Apenas necesito unos segundos para comprender que se trata de sangre. Mi sangre. Estoy sangrando… me llevo la lengua a mis propios labios y saboreo el dulzor del precioso líquido elemento. La sangre es fundamental para la vida… y para la muerte. Lo sé bien. Puede que demasiado bien.

Me cuesta ubicarme. No sé dónde estoy. Aún tardo tiempo en comprender que estoy muy lejos de la ciudad en ruinas y de la niña que hace un instante se acomodaba en mis brazos. No me inquieto. Lo peor que uno puede hacer en caso de estar perdido o en manos de un enemigo es demostrar que se está inquieto o asustado, eso hace que el oponente se crezca, se sienta estimulado y acapare los ánimos suficientes como para querer demostrarte lo asustado que debes estar en su presencia. No abro los ojos para no dar pistas sobre mi regreso de entre los durmientes. Agudizo el resto de mis sentidos para averiguar que estoy atado fuertemente a un árbol. La soga que me retiene es tan gruesa como debería pero podría romperla si lo pretendiese, aunque de momento prefiero aguardar acontecimientos. El olfato me indica que alguien está cocinando al fuego y que no hay una sola hoguera, sino decenas de ellas. Mis pies desnudos pisan hierba húmeda, así que debe ser temprano, pues el tiempo es muy seco en la época en la que estamos, algo que puedo saber gracias al olor del árbol al que me han atado.

Escucho voces y risas… no sé qué es lo que dicen, así que presto atención unos minutos para recopilar toda la información posible acerca de mis presuntos captores. Esa es otra regla básica en una situación como la mía, saber con quién y con cuántos te la estás jugando. Cualquier otra criatura estaría preocupada en una situación así, pero para mí es simplemente un desafío, un divertimento. Ni siquiera debería estar allí ahora mismo, sino enfrentado a unas criaturas gigantescas en una gran ciudad asolada por la guerra… ¿por qué preocuparme entonces?

Al poco tiempo sé quiénes son, qué hacen allí y por qué me retienen y tengo que hacer un esfuerzo ímprobo para no soltar una carcajada. Desde luego, el destino juega malas pasadas de vez en cuando… sobre todo a mis enemigos. Ya sé dónde estoy… y aunque debería ser un simple recuerdo, algo difuso en mi mente, sé que es tan real como las runas que abrasan mi brazo, como el bebé que me aguarda entre las ruinas abrasadas. Ya sé dónde estoy. Es real, puedo notarlo. Y voy a disfrutar enormemente con lo que estoy a punto de hacer.

Comprendo que es un recuerdo, que no es real, y sin embargo… casi puedo saborear la sangre que estoy a punto de derramar.

Alguien me lanza un cubo de agua emponzoñada a la cara. Abro los ojos muy despacio, mirando con odio exagerado al osado aguador. Fijo su cara en mis retinas. Antes de morir verá cómo le arranco las dos manos y le hago beber un cubo repleto de las mismas lindezas que me acaba de dedicar. Ya no hace falta que continúe fingiendo. Quieren que me despierte… bien, estoy despierto y sonrío divertido al saber que podré gozar una vez más de una sangría que ya me dediqué en el pasado.

Mi despertador se toma a mal mi sonrisa. Iluso. Usa todas sus fuerzas para golpearme con saña, pretendiendo que me duela. Pobre necio. Los humanos son tan predecibles… es increíble que todos caigan en la misma treta. Con este que estoy a punto de masacrar, ya son cuatro los campamentos enemigos que me atrapan…

Idiotas.

Este humano me odia a muerte, puedo verlo en su mirada, en el velo de ira que niebla su rostro. Puedo verlo en su aura enrojecida. Me odia. Y estoy convencido de que tiene razones más que suficientes para hacerlo.

Mi pueblo… ¿tengo un pueblo? ¿Pertenezco a alguna parte? Algo me impide llegar a mis recuerdos por completo. A pesar de esta rememoración de tiempos pasados, a pesar de saber que podré disfrutar de un hecho acontecido en otro tiempo… a pesar de todo sigo sin poder saber quién soy. Y eso me convierte en una bestia.

Pero me calmo. Podría arrasar el campamento ahora mismo. Masacrar lentamente a todos sus ocupantes y estar a kilómetros de allí antes de que llegase la noche. Sería divertido. Pero no sería práctico, tengo una misión. Una misión encomendada por Padre… ¿Tengo un padre?

Tengo una misión… no solo he de matar soldados, debo hacer que todo el ejército enemigo nos tema. Debo hacer que comprendan a qué se están enfrentando.

Sin previo aviso me convierto en el foco de atención. Voy a ser ejecutado. Alguien me dicta una condena a muerte, aunque antes de hacerlo ordena a todos sus soldados que me golpeen una vez por cada familiar perdido en la guerra. Me duelen esos golpes, realmente me duelen, aunque sé que me recuperaré de todos ellos en unas horas. Los aguando estoico, se merecen golpearme. Son muchos los que han perdido un familiar en esta larga contienda… estoy seguro de que muchos de sus familiares han servido de alimento a mi ejército. Son muchos los que han perdido un familiar en esta larga contienda, pero muchos más los que han perdido a más de uno.

Sonrío.

Y eso hace que la paciencia de su regente se agote. Deja que los soldados desaten su ira conmigo y sus golpes me convierten en un bulto hinchado y sanguinolento. Después de que todos y cada uno de ellos se haya sosegado, el mismo regente ordena al verdugo que acabe conmigo. Yo no he perdido su sonrisa y a través de mis labios amoratados hago una advertencia, pues se acerca la noche.

Algunos realizan un signo religioso, otros recuerdan al Creador en una oración improvisada, la mayoría de ellos tiembla… y mi sonrisa es aún más exultante cuando el verdugo, por fin, cumple con su oficio.

Es un recuerdo, lo sé. Y aun así me descubro relamiéndome de placer por lo que está a punto de ocurrir... o precísamente por eso...

15 de febrero de 2011

Susurros programados



Se trata de una obra de teatro o una radioficción para dos personajes, un chico y una chica (Pedro y María).


(Al abrir el telón se ve a un chico sentado en un estudio de radio, él solo y un micro, no hace falta nada más, de fondo suena una melodía muy suave, en este caso hemos optado por True Lover. El fondo es negro, con una puerta que se abre y un foco muy ténue cae sobre el chico, no hace falta nada más. Al lado derecho del chico hay una silla vacía, con un micro y unos cascos preparados...)


Hola a todos. Os estaréis preguntando qué pasa hoy en Castillos en el Aire. A ver… por dónde empiezo… vale, lo mejor será que me presente primero ¿no? Me llamo Pedro y soy amigo de Javi y de Silvia, los presentadores del programa. Hoy seré yo el que presente. No, tranquilos, que no les ha pasado nada, esto es un favor que me están haciendo, ahora os lo explico. Tampoco voy a presentar el programa yo solo, no creáis, de un momento a otro llegará mi amiga María, que va a presentarlo conmigo… claro, ya sé que estaréis pensando que esto es bastante raro ¿verdad? Os lo voy a explicar rápidamente antes de que llegue María.

María me gusta, me lleva gustando desde que tenía 10 años, así que ya llevo casi quince años enamorado de mi mejor amiga… ya sé lo que estaréis pensado, que soy un bobo o un cobarde o cualquier cosa por el estilo, pero comprended que es mi mejor amiga y que siempre he tenido miedo de perder su amistad si me declaro. Por eso la escucho hablarme de los chicos que conoce o la aconsejo o… en fin, seguro que sabéis de lo que os hablo ¿verdad? El problema es que no soy capaz de quitármela de la cabeza, por más que lo intente, incluso cuando beso a otra chica estoy siempre pensando en María. Llevo casi quince años sintiendo esas molestas mariposas en el estómago que todo el mundo dice que son dulces y a las que yo casi he llegado a odiar.

Me gusta María, pero esto va mucho más allá, sí. Estoy enamorado de María, de verdad. Pero enamorado de poder estar años a su lado sin rozarla siquiera, de poder embobarme pensando en sus ojos incluso en medio de un partido de fútbol. Estoy enamorado de María y de hoy no pasa que me declare, aunque solo sea para llevarme un chasco de una vez y olvidarme de ella. Lo necesito.

Por eso, cuando Javi y Silvia me comentaron que iban a hacer un programa especial el día de San Valentín marqué la fecha en el calendario y me juré que de hoy no pasaba. Aunque claro, no me atrevo a decírselo directamente, así que la he invitado a venir y a ayudarme con el programa… en fin, deseadme suerte… esperad, creo que ya llega…

-¿Hola? ¿Pedro?

-Estoy aquí. Pasa.

-Hola, oye qué sitio más chulo. Nunca había hecho un programa de radio.

-Ni yo, a ver qué nos sale. Como lo hagamos mal creo que Silvia y Javi dejarán de hablarnos, no sé qué dijeron de sus queridos radiolectores…

-Bueno, espero que sepamos hacerlo ¿dónde me siento?

-Aquí. Ponte los cascos, acércate al micro y ya está.

-Perdona que haya llegado un pelín tarde, pero me acaba de llamar Marcelo para quedar el viernes y… bueno, que todavía no sé qué hacer… oye ¿tú qué tienes que hacer este viernes?

-Nada, si quieres podemos ir a dar una vuelta por ahí.

-Sí, mejor tú que Marcelo, que es un plasta. Bueno, ¿empezamos?

-Sí, a ver, para empezar traigo un poema que le he robado a Javi, para que lo leamos juntos y luego nos ponemos con los microrrelatos que hay que leer.

-Vale, vamos entonces. ¿Cómo se titula el poema?

-Se titula Miradas Infinitas

(Se cambia la música y empieza a sonar la BSO de Romeo y Julieta, la música es orientativa, se puede cambiar sin problemas)

Miradas infinitas, ensueños.
Noches eternas de insomnes desvelos, perenne agonía, rincón apartado,
pozo sin sombra que oculte mi cuerpo
y evite que se abrase con el ardor
de tus ojos de noche, donde me pierdo, donde me pierde el deseo.
Quiero escapar de ti,
mas a ti me acerco.
Quiero dejarte atrás, pero me sigues en sueños.
Vivir, morir, soñar o sentir,
Tanto da, pues soy incapaz de borrar tu recuerdo.
Condena. Condenado soy a morir en tus besos
o dejarme llevar al infierno de una vida sin ti, sin mis sueños.
No sé si podré vivir o será mejor morir cuerdo.


-Jolín, hemos empezado muy fuerte.

-Sí, pero vamos a seguir adelante. Oye María, ¿te imaginas cómo será tu pareja cuando seas mayor?

-No, la verdad es que nunca lo he pensado, siempre intento pensar en el hoy y no en el mañana. Pero supongo que me encantaría que me siguiese queriendo como el primer día que me besó o me dijo que me quería…

(Vuelve a cambiar la melodía, en este caso suena NEVER SAY NEVER)

-Entonces, seguro que te gusta este primer microrrelato de hoy, titulado “Aniversario de Plata”

Me desperté con los rayos del sol que se colaban por la ventana iluminando mi rostro, hoy es una fecha importante, me di vuelta en la cama con una sonrisa en el rostro para despertar a mi amante, pero no estaba, en su lugar había una carta con mi nombre en el dorso, inmediatamente la abrí con la curiosidad a mil y comencé a leer:

Ángel de mi vida,

Hoy quiero decirte que TE AMO con cada célula de mi cuerpo, el amor que alguna vez sentí por ti se ha multiplicado en el paso del tiempo y se ha hecho verdaderamente indescriptible, sé que hemos tenido momentos malos y peores que hemos sabido superar los dos juntos, siempre juntos; pero no se comparan en nada con cada segundo que paso a tu lado. Recuerdo que un día como hoy me hiciste dichosamente feliz diciéndome ese SI QUIERO.Y es que desde el día en que te conocí le diste sentido a mi vida. Quiero agradecerte por todos estos años de dicha y amor, por ser la mujer excepcional que eres, que me enamora a diario tan solo verte sonreír. ¡Feliz Aniversario de Plata Querida!

PD: baja a desayunar, el día apenas comienza y esta es la primera sorpresa.

-Qué bonito, Ojalá mi pareja me diga esto en mi aniversario de plata.

-Yo lo haría, ya lo sabes

-Lo sé… pero no todas las parejas son capaces de ser tan constantes en su pasión. Algunas tienen que hacer esfuerzos para lograrlo, como los protas del siguiente microrrelato. Titulado “A cuatro bandas”

(Suena de fondo LOOK AFTER YOU)

Veinte años de traiciones y disputas no han conseguido acabar con su matrimonio. Cuando ella amenaza con marcharse, él encuentra el regalo preciso que la reconquista; si es él quien decide abandonarla, ella lo enternece con nuevas e inspiradas caricias; si rompen de común acuerdo, un reencuentro casual reaviva la pasión. Y es que sus respectivos ángeles de la guarda son capaces de urdir cualquier estratagema con tal de permanecer juntos. Nunca se vio en el cielo un amor más constante.

-Uf, este amor es demasiado trabajo para mi gusto ¿no? El amor debería ser libertad y frescura y pasión…

-Sí, pero también es confianza, esfuerzo, tesón y constancia. (Yo me dedicaría en cuerpo y alma a amarte durante toda mi vida).

-¿Qué has dicho?

-Nada, que el siguiente microrrelato te toca a ti y se titula “Amarte sin mitades.”

(Vuelve a cambiar la melodía, en este caso se escucha ENOUGH FOR YOY)

Hubiera dado media vida por tener dos vidas, y en una de ellas haber podido amarte la mitad de lo que no pude amarte en ésta. Aunque mi condena hubiera sido pasar una vida sin tu amor, y en tan sólo media entregarte un amor en dos mitades. Y eso no hubiera sabido hacerlo.

-Esto del amor es muy raro, pero dicen que mueve el mundo ¿tú has estado alguna vez enamorada?

-Hombre, algunas veces he estado loca por un chico…

-Ya, pero enamorada de verdad María. Total y locamente enamorada…

-Sí. Llevo mucho tiempo enamorada de un chico que no me hace ni caso…

-Pero si nunca me has hablado de él.

-Porque no merece la pena hacerlo, es algo imposible. Por mucho que lo intente, por mucho que intente hablarle, mimarle, llamarle, quererle… por mucho que lo haga, nunca consigo que sepa cuánto le quiero.

-Qué curioso, a mí me pasa algo parecido… a veces el amor nos gasta malas jugadas.

(Suena la canción Los Tejados, de CÓMPLICES, esta vez es necesario, porque lo requiere el siguiente microrrelato)

-Sí, es cierto, a veces estamos por las nubes o en los tejados. Mira, este microrrelato parece dedicado a mí ¿me lo lees? Me haría mucha ilusión que me hubieses dedicado uno, con lo bien que escribes…

-Te prometo que te escribiré un libro entero algún día, ya sabes que te lo debo…

-Y yo espero que sea una novela romántica que cuente un amor imposible con final feliz, ya lo sabes, pero, de momento, me conformo con que me leas este microrrelato titulado “Confusión.”

María es así, como la canción...un susurro dulce que se coló en mi corazón hace mucho, mucho tiempo... demasiado como para pretender volver atrás. La vida es así a veces, como el acero retorcido de una broca; entra dentro ti arrancando jirones de alma a su paso, abriendo un agujero infectado de dolor que ya jamás podrá sanar.

Así me siento: como un enano cojo encima del cable de un trapecista, confundido.

Es domingo, hace sol, quizás para tranquilizar mi espíritu debería salir a pasear, pero estoy seguro que el aire fresco de este invierno retardado no hará más que recordarme el pasado. Un pasado contra el que ninguno de los dos pudo hacer nada, que nos venció entonces y que también lo hará ahora, porque ya no podemos hacer nada por suturar la herida, a través de la cual se nos escapó toda una vida. Nuestra vida. La vida que tenemos es de otros, son otras personas. Nosotros perduramos cada uno en el corazón del otro, sin saberlo... hasta ahora.

-Qué bonito, eso de perdurar en el corazón de otro, me encantaría que algún día alguien me dijese algo así de bonito.

-María, yo… yo… dejaría de pisar el suelo por tenerte a mi lado, me asomaría a tus ojos castaños aunque me perdiese para siempre… volaría hasta las estrellas solo por un beso tuyo. Todo eso haría por ti…

-Ya lo sé. Bobo, pero tú no cuentas porque me lo dices siempre y eres capaz de inventar esas frases en un momento, tienes esa facilidad… (si al menos fuese real que sientes algo parecido por mí…)

-No es tan fácil inventar cosas así de la nada… si no hay un poso de verdad sería imposible inventarlas…

-Ya… anda, vamos a seguir, que al final me vas a poner roja como un tomate. A veces sería mucho mejor y más fácil enamorarse como en las películas esas en las que un chico conoce a una chica y se enamoran nada más verse, un flechazo de película…

(Vuelve a cambiar la melodía, suena THE LAST SONG)

-Hace muchos años yo sentí un flechado así.

-¿Sí? ¿Y qué pasó? Nunca me has contado eso…

-Ya lo sé, pero ya sabes cómo soy para según qué cosas, como de costumbre, no me atreví a dar el último paso…

-Sí, eres un poco cobardica con las chicas… con lo que podrías ligar…

-A veces no basta con ligar María, deberías saberlo.

-Lo sé Pedro, lo sé perfectamente…

Ella posa su mirada sobre mí. Yo le respondo con una sonrisa y no tardo en decirle hola para preguntarle después por su nombre. Ella me contesta y sin dudarlo, me pregunta también por el mío. A continuación, me dice que vive por aquí y que está en el último año de carrera. Yo le digo que trabajo en una multinacional y siguiendo el protocolo, le pregunto si tiene novio. Ella me contesta que no. Ha sido un flechazo, pienso mientras la miro fijamente. Enseguida, convencido, le pido su número. Pero, inoportunamente y para mi desgracia, su semáforo decide cambiar de color.

-Oye, este me ha gustado, qué mala suerte, hay que aprovechar las oportunidades, si no, uno se puede estar toda la vida esperando a que ocurra algo…

-Tú lo has dicho, hay que aprovechar las oportunidades… a partir de hoy mismo te prometo que voy a hacerlo, voy a aprovechar las oportunidades que tenga…

-Así me gusta… y espero estar ahí para verlo.

-Seguro que lo estás…

-Eso espero… oye ¿tú qué locura harías por amor?

-Haría un programa de radio romántico en una hora robada…

(Suena DREAM OF YOU)

-Jajaja. Qué gracioso, no, en serio, ¿serías capaz de recorrer el mundo entero como los protagonistas del siguiente microrrelato?

-Lo recorrería todas las veces que hiciese falta…

Son exactamente 37.945 los kilómetros que les separan. En avión se tarda casi un día en llegar y un billete de ida cuesta una mensualidad. Además, el cambio de horarios provoca que apenas tengan tiempo para hablar porque cuando en un lugar es de día, en el otro empieza a anochecer. Al final, presos del hastío y en un último intento de sacar a flote su relación, ambos han decidido darse un capricho y cometer la mayor locura realizada hasta la fecha. Hoy, esperanzados, los dos van a recorrer el mundo de punta a punta, eso sí, no se puede decir más porque ninguno de los dos sabe nada. Es una sorpresa, por desgracia.

-Espero que esa sorpresa acabe con los dos recorriendo el mundo. Yo he soñado con eso muchas veces…

-¿Sí? ¿Sueñas con chicas?

-No te burles, sueño con que recorro el mundo con una chica, siempre es la misma.

-¿Y quién es? No vas a salir de este estudio de radio sin decirme quién es.

-Prometido. Pero deja que lea el siguiente microrrelato.

-De acuerdo, sé que me estás dando largas, pero bueno. Espero que esa chica no sea esa Lucía con la que sueñas…

(Vuelve a cambiar la música de fondo y suena HAPINESS)

-Tranquila, la chica del microrrelato es alguien evocador del que podría enamorarse cualquiera.

-Pues lo estás arreglando.

De repente, llego a casa y allí estás, apoyada sobre la mesita de noche, con ganas de hablarme, esperando ya a que te coja para llevarte por fin a la cama. Y es que te enciendes de locura cuando te recorro de arriba abajo hasta encontrarte. Sólo entonces, logras responderme con tu llanto infinito. Después, la noche va perdiéndose lentamente mientras con tu boca, logras paralizar de golpe todo mi cuerpo. Es en ese momento, durante mi sueño, cuando tu susurro se cuela por última vez en mi oído y consigues levantarme: Buenos días, son las ocho de la mañana, una hora menos en la comunidad canaria.

-Jejeje, qué bueno. Cuánta gente estará enamorada de voces de radio y de recuerdos y de evocaciones.

-Más de las que pensamos…

-Yo prefiero querer a alguien real.

-Sí, todos lo hacemos Pedro, pero no todos podemos tener a quien queremos…

-Sí, es verdad. Hay amores imposibles, pero también los hay prohibidos…

-Como el que viene a continuación. Un amor que debe reservarse para el futuro, cuando ambos enamorados estén preparados para amar al otro. Hay que tener mucho cuidado con según qué relaciones. Uno no se puede enamorar así como así de una niña… que conste que leemos esto, porque nos parece que está escrito con la cordura necesaria, con dulzura y con un deje de amor verdadero…

(Suena FALLING IN LOVE)

Comienza el nuevo curso. Sin haberme dado cuenta, han pasado 3 años desde que entré en este instituto. Mi nombre es Pedro, y soy profesor de Matemáticas y tengo un gran problema… me he enamorado de una de mis alumnas. Ella es Lucía, rubia con ojos dorados. No sé como ha pasado, pero no puedo evitarlo. La diferencia de edad es abismal, ella sólo tiene 15 años y yo 28…. Una mañana, cuando acabaron las clases, Lucía me esperaba en la puerta, quería hablar conmigo. Sin darme cuenta, la tenía frente a mí, mirándome a los ojos. Mi corazón palpitaba muy deprisa. Me pidió que cerrara los ojos. Dudé. No quería hacerla daño. No podía. Me besó dulcemente y yo la devolví el beso ¿Pero qué estoy haciendo? No, no puedo. No debemos.

-No me importa qué digan los demás. Profesor, lo amo. Debemos mantenerlo en secreto. Me ama… me ama tanto como yo a ella… Alguien en la clase, se dio cuenta de cómo nos mirábamos y se lo contó al director del instituto. Tuve que confesárselo. Querían expulsarla del instituto. Preferí que me echaran a mí en vez de a Lucía. Lucía ya no me volvería a ver, debía irme lejos… Su madre quiso denunciarme, pero no lo hizo, ella se lo pidió, le dijo que me amaba.

-Te esperaré –me dijo con lágrimas en los ojos. Tras años buscándome, me encontró… siempre la amé y siempre la amaré…

(Descanso de cinco minutos. Al regresar suena de fondo una canción melódica cantada, la que sea, en nuestro caso suena SIN QUE SE NOTE, de Alejandro Sanz)

-Bueno, pues yo creo que no nos está quedando tan mal ¿no?

-La verdad es que no, nos lo estamos pasando muy bien. ¿Te has dado cuenta de lo bien que estamos cuando estamos juntos?

-Sí… me he dado cuenta… ¿quieres? ¿Quieres que sigamos adelante?

-Sí, vamos allá. Javi y Silvia van a querer contratarnos al final…

-Jeje. Oye ¿te gusta la poesía?

-Ya sabes que sí, que me encanta, sobre todo esos poemas que escribes para mí…

-No son para ti, son para la literatura, la escritura, las musas…

-Vale, lo que tú digas. ¿Lees tú este? Se titula “Encuentros en un verso.”

(Cambia la melodía y suena MY LOVE)

Hoy, pintaré mi noche en tu ventana. Treparé por el muro que une nuestras diferencias, cosidas a destajo por la hiedra de nuestros caminos encontrados. Dame sólo una letra donde asirme, esta vez no resbalará mi voz, ni caerá mi asombro en el error de clavarme sus espinas. Hoy, volveremos a encontrarnos, más allá de las ácidas lágrimas del recuerdo, allí donde al olvido le da por bostezar, allí donde al recuerdo le da por trasnochar. Lugar incierto, pero a la vez, seguro.

-Qué poético… como tú… oye ¿vas a decirme ya quién es esa chica que tanto te gusta?

-Todavía no, dentro de un rato ¿vale? Ya sabes que me da mucho corte hablar de estas cosas
-Lo sé… y me encanta.

-Te toca a ti, María. Mira, este parece un cuento, se titula “Fantasía Japonesa”

(Vuelve a sonar SOULMATE)

De la unión de Amaterasu, diosa del sol, y del rey Yamatumi nació un varón al que pusieron por nombre Kijuro. Deseosa de que su hijo alcanzara la inmortalidad, Amaterasu tenía decidido desposarlo con una diosa; pero Kijuro, antes de cumplir quince años, se enamoró una damita de la corte llamada Isako, a la que, temeroso de despertar los recelos de su madre, regaló un pai pai redondo, de seda blanca y mango de marfil, indicándole que lo utilizase durante el día para esconder su rostro y así pasar desapercibida. Durante veintiocho noches, aprovechando el descanso de Amaterasu, Kijuro e Isako gozaron de su amor, hasta que la número veintinueve, como se acercaba ya la primavera, la diosa adelantó su despertar y sorprendió a Isako mientras abandonaba el aposento de su hijo. Amaterasu, enfurecida, expulsó a la muchacha del reino y la condenó a vivir eternamente en la oscura bóveda del cielo. Desde entonces Isako, en su soledad, juega con su pay pay y lo abre y cierra lentamente, empleando en ello veintinueve días, doce horas y cuarenta y cuatro minutos, el tiempo exacto que duró su felicidad.

-Qué bonito microrrelato ¿cuánto crees que dura la felicidad?

-No lo sé, pero me gustaría averiguarlo algún día con alguien especial…

-Y a mí, me encantaría tener a mi lado a una persona especial para compartir mi felicidad.

-¿Tú? Pero siempre pareces estar en otra parte, siempre pareces tristón y sólo te ríes abiertamente cuando estamos los dos solos…

-Quizá porque tú seas… porque tú seas especial… para mí…

-¿Yo? ¿Me consideras especial?... A mí.

-Por supuesto…

-¿Lees… Lees el siguiente? Se titula “Fórmula mágica”…

(Cambia la música y suena BREATHE)

Me dijo mi papá que murieron cogidos de la mano, el tío Adalberto y la tía Liliana. Dijo el doctor que se fueron al mismo tiempo. Ella estaba ingresada en el hospital desde hacía mas o menos un mes, nunca supieron qué tenía, en realidad no sufría dolores, sólo se sentía débil, pero el tío no se separó de ella nunca. Era la pareja más unida que jamás conocí, nunca dejé de percibir esa magia en sus ojos cuando se miraban y parece que fue así durante los setenta y cuatro años que estuvieron juntos.

No he podido contener la risa al ver la cara de dulce satisfacción del tío Adalberto, metido en el ataúd, porque me vino a la memoria, con extraordinaria lucidez, algo que me dijo cuando yo tenía unos once años, mientras abrazaba con melosería a la tía: Viejo Daniel, te voy a desvelar el secreto de nuestro amor... De tanto en tanto, nos echamos, -Y bajó el tono de su voz hasta el susurro, para continuar como narrando un cuento de hadas- unos polvos mágicos.

-Estaría muy bien tener a mano esos “polvitos mágicos” ¿eh?

-Espero que hayas entendido…

-No, ¿me lo explicas? ¿Me explicas eso de los polvitos mágicos?

-Yo… esto…

-Pedro, algunas veces me sorprendes… ¿cómo alguien tan listo puede ser a veces tan bobo? Jejeje. Pues claro que lo he entendido.

-Graciosilla, jejeje. ¿Te importaría leer el siguiente? Se titula “La decisión.”

-Si me lo pides por favor…

-Por favor.

-Creo que es mejor que este lo leas tú, en serio, ya lo verás… léemelo, por favor.

(Vuelve a cambiar la música y se escucha de fondo YOU FOUND ME)

Ahora lo sé. Te amo. No hace más de una hora que lo comprendí.

Lo confieso, es verdad, algo imaginaba. Algo intuía cuando, asomado a la ventana de mi cocina, te veía sacar las llaves del bolso y contenía la respiración hasta que desaparecías por la escalera. Algo presentía cuando te encontraba en el mercado y mis piernas comenzaban a temblar. Algo sospechaba cuando se me borraban las ideas cada vez que me saludabas por la calle.

Te amo. Me enteré por casualidad.

Porque fue casualidad que me encontrara con la señora Engracia cuando ella regresaba de la compra. Fue casualidad que se rompiera la rueda de su carrito al cruzarse conmigo en la calle. Fue casualidad que se hubiera estropeado el ascensor y casualidad fue que esta misma mañana hubiera cocinado un enorme bizcocho de chocolate. Si no llega a ser por eso, yo no hubiera estado allí: en el piso segundo de tu portal en el mismo instante en el que llegaste con él.

Te amo. Lo entendí enseguida.

En cuanto te empujó contra la pared y te aprisionó con su cuerpo. En cuanto se abalanzó sobre tu boca y te devoró por completo. En cuanto escuché sus jadeos y atisbé cómo sus manos se metían por debajo de tu jersey. Y cuando, agazapado en la escalera, descubrí cómo tú respondías a sus caricias, resolví mi objetivo para el año que entra. Te lo advierto, voy hacer lo imposible para cambiarme por él.

-¿Ves como tenías que leerlo tú?

-Desde luego es de lo más adecuado… en serio, no sabes cuánto. No te lo puedes imaginar, aunque cambiaría la primera frase… en fin.

-¿Seguimos adelante? Estamos llegando al final… Y no me voy a quedar con las ganas de saber quién es esa chica que te tiene sorbido el seso Pedro, te lo digo de verdad. Esta noche me lo vas a confesar en una cena ¿vale?

-¿Es una cita?

-Por supuesto. Y espero no acabar odiándote.

-¿Odiándome?

-Tú no has leído los microrrelatos ¿verdad?

-La verdad es que no…

-Ya…

(Suena BETTER THAN ME)

Le conocí y le odie. Sus padres le pidieron que me acompañara. Tenía que haberme esperado o llevarme con él, pero no lo hizo; así que le odié. Era como un picor incómodo, ese que no consigues rascarte. Un día me sonrió y anhelé sus sonrisas. Me resistí, yo le odiaba; pero le buscaba entre la gente. Sin darme cuenta aprendí a distinguir su silueta, sus gestos, hasta su perfume; era lógico, no podía confundirme, era el más odioso de los hombres. Una noche me besó y sucumbí. Le amaba. Le amaba tanto que me pasé muchas noches sin dormir, esperando sus besos. Esos que no llegaban. Hasta que llegaron, acompañados de promesas y pasión. Me volví adicta a sus caricias. Han pasado cincuenta años, sigo siendo adicta a sus caricias, sigo esperando sus besos, sigo anhelando sus sonrisas; pero ya no está. Tendría que haberme esperado o llevarme con él; pero no lo hizo. Por eso le odio.

-Buena manera de odiar al alguien…

-Sí, oye Pedro, si saliésemos juntos… ¿cómo me llamarías?

-Sí… ¿tú y yo? Si… ¿Si saliésemos juntos? ¿Nosotros? Pues… no, no lo sé, nunca lo he pensado…

-¿Nunca? ¿Ni siquiera como una pequeña aventurilla de esas que tú te imaginas cuando escribes?

-Hombre… yo…

-¿Princesa? ¿Me llamarías Princesa?

(Suena UNSAID)

Quiero sentirte cerca. Quiero tenerte solo para mí. Quiero ser tuya, física y carnalmente. Quiero amarte hasta mi final. Eres cuanto deseo, todo lo que siempre deseé. Tan solo te pido una cosa, si realmente me quieres, llámame princesa.

Aquella nota la leí miles de veces. No me podía explicar cómo ella, la más perfecta de las mujeres me quisiera… a mi… un “cerebrito” como todos me llaman ¿y si es una trampa y quiere reírse de mí? Tan solo tengo una forma de saberlo. Me acerco lentamente a ella y le susurro al oído: Princesa…

Ella se vuelve y tras sonreírme, me besa con pasión. Aquel beso desencadenó un amor pasional, algo que jamás podría explicar… Cuando desperté, ella había desaparecido… ¿había sido un sueño? Me levanté y descubrí una nota con tan solo dos palabras: Llámame princesa. No había sido un sueño, ella me amaba. Mi princesa…

-Qué bonito. Venga ¿cómo me llamarías?

-No sé… supongo que María ¿no?

-¿María? ¡Qué romántico eres!

-¿Cómo te gustaría que te llamase?

-María, me encantaría que me susurrases María al oído… seguido de un simple y llano te quiero. Con eso me daría por satisfecha.

-María… te quiero…

(Suena SHINE)

Aun estando ciega, o quizá por este motivo, lo notaba en cada poro de su piel, lo veía en cada suspiro de su imaginación. Su pensamiento se llenó con imágenes de la naturaleza alimentada por el sol. Inhaló profundamente, saturando sus sentidos con el aroma a tierra mojada que emanaba del cuerpo del hombre; con el sabor a limpio del agua de lluvia recorriendo las hojas del bosque, inundando su paladar al ritmo de las caricias de su lengua.

(Ambos hacen algún comentario improvisado acerca de los sentimientos, debe parecer que no saben muy bien qué decirse, están nerviosos y cada vez más seguro de por qué están en el estudio... suena FIRST LOVE)

Hace días que lo espero, el hospital me está consumiendo, es aburrido y deprimente. Sé que hoy es el día del encuentro, estoy nerviosa, mi corazón se acelera cada vez más y más. Mi madre nota la ansiedad y me pide calma, pero no hay forma, pum-pum, pum-pum. De pronto oigo su voz en el pasillo, una enfermera le ha parado para pedirle el pase, asegurándose de que no se cuela, no hay problema y sigue adelante; sus andares me despiertan, mis pupilas se hacen inmensas. Al verlo se me escapa una lágrima, es de puro amor.

-¿Cómo estás?- me pregunta, hay pasión en sus ojos.

-Ahora mucho mejor, me faltaba la medicina de tus labios- le robo un beso, un beso que me devuelve a nuestro primer encuentro. No hay palabras para ese instante, estamos embelesados el uno con el otro. De pronto va hacia la chaqueta y saca una cajita de madera muy bella.

-¿Qué es eso que escondes?- le digo nerviosa.

-Yo…verás…quiero pedirte delante de tu madre que…- se suelta el nudo de la corbata, está muy nervioso.

-...Continua-le incito.

-¡Qué te cases conmigo!

Abro la cajita y hay un corazón en dos mitades, una mitad es para mí, otra para él. Mi madre no tiene palabras, se ha emocionado y lo abraza.

-Tienes mi bendición hija, es un hombre maravilloso.

-Sí… ¡Sí quiero!

-Este microrrelato es muy romántico, la verdad.

-Sí, ¿Serías capaz de hacer algo así? ¿Serías capaz de declararte delante de alguien?

-Lo sería, sería capaz de hacerlo delante de miles de personas si tuviese frente a mí a la persona que amo.

-¿En serio? ¿Estás seguro?

-Nunca he estado tan seguro en toda mi vida… el siguiente me gustaría leerlo sin música… ¿te parece?

-Me parece…

-Sabes, el problema de la vida real, es que no tiene música de fondo como en las películas, que anticipen lo que está próximo a suceder.

-No te entiendo...

-Pues fácil, el problema es que tu no sabrías que haría esto.

-¿Qué? –dijo antes de sentir como él se acercaba a ella hasta estar separado solo por unos centímetros de distancia que se volvieron nada en cuando sintió los labios del chico contra los suyos, eran suave y dulce y sin poder evitarlo cerró los ojos y se dejo embriagar por su aliento….el beso duro tan solo unos pocos segundo pero fueron tan importantes como toda una vida.

-Te amo –escuchó que decía en un suave susurro lejano.

Esta abrió los ojos para darse cuenta que unos ojos color café la miraban desde el otro lado de la cafetería con una sonrisa, se sonrojo pero no aparto la mirada, tal vez lo anterior hubiese sido su imaginación, pero ella haría que se volviera realidad y con ese pensamiento en mente camino hacia el chico, esperando que los sueños de una chica enamorada se hicieran realidad.

-Cuántas veces he soñado yo con eso de que el chico de mis sueños se me declarase… bueno, te lo he contado ya más de mil veces…

-Sí y cada vez que me lo cuentas me gusta más escucharte contarlo…

-Ya, eso lo dices porque estamos aquí, pero en realidad debes de aburrirte un montón con mis tonterías.

-Ya sabes que no son tonterías…

-Siempre respondes igual.

-Porque nunca dejo de pensarlo… Te amo…

-¿Cómo dices? ¡¿Qué?!

-Tranquila María, “Te amo” es como se titula el último microrrelato que tenemos que leer…

-Ya lo sabía… gracioso

(Cambia la melodía y suena BELLA´S)

Confieso queridos lectores que el amor me ha cautivado: ese visitante que en nuestro interior pide ser alojado. Se viste de mujer, con tacones de aguja, cuerpo blanco y delgado de infarto, esmalte en las uñas, rostro pícaro a la par que aniñado… Melisa es su nombre y requiere saber pronunciarlo. Sin prisas, con pasión y dulzura, creando música cuando juntes los labios. Ella es quien me tiene atrapado. Única entre todas, con sus letras pudiera bailar un tango.

Melisa, la luz que me guía: criatura escogida por tus numerosos encantos. Eres mi diosa, ninfa o musa, inspiradora de mis relatos. El día que te conocí, quedé inmóvil, clavado. Bebimos, bailamos, hablamos…. Me diste la vida, cuando tus labios y los míos juntamos. Media hora después del beso, me senté mientras tú, al fondo, encendías un cigarro.

Hoy, cumplidos seis meses, encanto, recuerdo cada palabra tuya, cada beso, caricia o llanto, nuestros cuerpos desnudos: cómplices del sabor, el olor y el tacto. Deseo vivir una noche de amor, mi bella Afrodita, y, probar tus apetecibles labios. Quiero sentirte entre mis brazos para decirte “Eu te amo”, “Volim te” o “Je t'aime”, es decir : “TE AMO”.

(Vuelve a cambiar la sintonía y suena YOUR GUARDIAN ANGEL)

-Bueno, un bonito microrrelato para terminar, aunque eso de encanto… uff.

-Jeje, es verdad.

-Y ahora ya no te escapas, dime ¿Quién es esa chica que te tiene tan loco como para pedirles a Javi y a Silvia el tiempo de su programa? ¿Quién es?

-¿Aún tengo que decírtelo? ¿Todavía no lo sabes?

-Claro que lo sé, bobo. Lo sé desde el mismo momento en el que me has invitado a sentarme en esta silla y a participar en esta locura que has montado. Lo sé siempre que me miras y cada vez que me sonríes, lo sé cada vez que te escucho, cuando me llamas por teléfono, cuando conectamos en el facebook… creo que lo sé desde siempre…

-¿Y entonces?

-Aún sigo necesitando que lo digas, sigo necesitando que seas tú quien me lo cuente, porque llevo enamorada de ti desde los diez años ¿sabes cuánto tiempo es eso? ¿Sabes cuántas noches me he pasado en vela soñando contigo? ¿Sabes cuántas mariposas he querido arrancarme a lo largo de todo este tiempo? Necesito que seas tú quien me lo diga. Necesito que me digas que me quieres…

-Te quiero.

-Ya lo sabía.

-Tenemos mucho de lo que hablar, aunque nos conozcamos desde siempre, aunque conozcamos la mayoría de nuestros secretos. Tenemos mucho tiempo por delante. María… te quiero.

-Pedro, yo también te quiero, desde siempre… gracias por esta maravillosa e imposible declaración de amor.

-Ya te he dicho que sería capaz de declararme delante de miles de personas…

(María y Pedro se levantan, ya no tienen dudas, ya no están nerviosos, se acerca el uno al otro y se besan, salen por la puerta cogidos de la mano... se cierra el telón)
FIN



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