#MalditaGuerra

Porque la Guerra es una mierda, se mire como se mire

"La gran aventura de Sir Wilfredo - El asedio de las sombras"

Una novela para disfrutar de las princesas y de los caballeros.

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Disfruta de más de cien historias cortas

La importancia de las librerías

Artículo publicado en Diábolo Magazine

30 de abril de 2011

La Dama del Claro XXXIII - 3ª Parte


La cacería - 3ª Parte

El rugido es demasiado intenso como para proceder de un oso o cualquier otro animal de este bosque. Sonrío. Al final resulta que Ullha tenía un último as en la manga. Me encanta que las presas combatan hasta el final. Antes de verlo aparecer por encima de las copas de los árboles ya sospecho que se trata de un Abisal, un ser de los infiernos rescatado de su castigo eterno por un hechizo convocador de mi enemiga. Chica lista, los abisales son peligrosos asesinos, criaturas mortíferas a las que casi nadie se ha enfrentado jamás y que provocan el pánico al dejarse ver en este mundo.

Lástima que yo no sea humano, si hubiese sido así, probablemente ella habría vencido en este combate. Lástima para ella, porque ni siquiera esta jugada maestra la servirá para sobrevivir a la mañana.

Escucho el viscoso sonido de su arrastre a través de la nieve. De pronto el cielo se ha tornado de oscuros y ocres, ¿qué criatura ha convocado? ¿Sabe que una vez convocados los abisales son imparables e incontrolables? Lo dudo, solo busca sobrevivir a mí desesperadamente, sin pensar en las consecuencias que pueden acarrear sus actos.

He estudiado a los Abisales, mi familia poseía una biblioteca muy rica que yo he tenido siglos y siglos para degustar a placer. Nadie, ni siquiera Padre, conoce a todas las razas de Abisales encerrados en el otro plano, condenados a vagar entre la nada durante toda la eternidad, hasta que algún humano engreído o un dios aburrido decide hacerles regresar al mundo del que fueron expulsados en los albores del tiempo. Los Abisales son demonios poderosos, repletos de un aura de magia sobrenatural que les confiere un poder inimaginable. No sé si habrá en todo el mundo alguien capaz de detener a un Abisal despertado… alguien además de mí.

Me preparo, sé que un gran porcentaje de la victoria en este combate está en afrontar el combate como es debido, en discernir lo antes posible qué tipo de Abisal es y cuáles pueden ser sus puntos débiles, si es que los tiene. Ya me he enfrentado con seres semejantes en el pasado y siempre he estado cerca de la muerte. Es imposible enfrentarse a uno de ellos y no acabar herido o muerto.

El rugido hace temblar la tierra bajo mis pies desnudos, provocando ruidosos aludes a mi alrededor. Sus pisadas son veloces y profundas, pero además se arrastra con un sonido que provocaría arcadas a muchos hombres acostumbrados a la guerra y las muertes violentas.

Por fin aparece ante mis ojos y mi sonrisa se ensancha, es un ser con el que no me he topado en el pasado, un peligro real, un enemigo formidable, un desafío a mi habilidad como guerrero.

Desde la oscuridad de un cuerpo semejante a una rocosa y puntiaguda montaña repleta de afilados farallones, me otean tres ojos amarillos velados en sangre y venas de color púrpura oscuro. Intento compararlo con un ser terrestre, pero la comparación me termina resultando imposible, no hay en todo el mundo una criatura como esta. Ullha ha logrado invocar a un ser terrible, seguro que se siente a salvo montaña arriba, lejos de mi espada justiciera, seguro que me toma por muerto. Necia, no sabe con quién se la está jugando.

El Abisal abre una gigantesca mandíbula donde podrían caber hasta cuatro caballos de una sola tacada, mostrando sus colmillos desiguales y afilados. Me ha visto, sus tres ojos amarillos han reparado en mi presencia. Se detiene un segundo frente a mí, como si calibrase sus posibilidades en la lucha, como si me tomase por un enemigo a tener en cuenta, aunque sé que esa es únicamente una pose, los abisales saben de su poder y consideran que no hay ser más poderoso en la Creación que ellos mismos. Dejo que se acerque a mí, tras la mole que es su cuerpo, una cola gruesa y repleta de púas de acero golpea y troncha árboles casi sin querer.

La batalla va a ser larga y dura, pero muy divertida.

Me lanzo a la carga, sin temor, ya he decidido qué punto de su mole voy a atacar en primer lugar. Ya he decidido cómo voy a matarlo.

Mientras corro hacia el Abisal veo que las pupilas de sus tres ojos amarillentos se retraen de temor al verme correr, supongo que en toda su existencia no se habrá topado jamás con una criatura de aspecto tan frágil corriendo a su encuentro en vez de huyendo con todas sus fuerzas, sin resultado, por supuesto.

Con un salto me sitúo frente a sus tres ojos y mi espada negra atraviesa uno de ellos, provocando un chorro de sangre púrpura que me envuelve por completo. Está caliente –pienso, mientras el Abisal ruge de dolor y quiebra más de un centenar de árboles con las púas de su cola.

La Dama del Claro XXXIII


La cacería - parte II

Tengo la sensación de haber vivido esto hace tiempo, hace mucho tiempo. Tengo en la mente un regusto a recuerdo, a vieja herida ya cicatrizada y sin embargo, no soy capaz de discernir si estoy corriendo realmente tras mi presa o sencillamente la evoco, sin más. No sé si todo pasó hace siglos o estoy siguiéndola hoy mismo. No me importa lo más mínimo, la cicatriz aún duele, sea pasado, futuro o presente y duele tanto que me dejo arrastrar por el esfuerzo, por la sed de venganza, por la adrenalina despertada en la persecución.

No sé si estoy recordando un hecho ya pasado o estoy corriendo tras ella en este instante, pero sé una cosa, sea como sea pagará por lo que ha hecho, de eso sí estoy completamente seguro.

Su rastro es sencillo de seguir. Es fuerte y rápida, quizás pudiese competir conmigo en velocidad o agilidad, pero en una lucha cuerpo a cuerpo… no tiene nada que hacer y lo sabe, por eso corre y por eso es tan sencillo seguir el rastro que deja en su carrera. Porque está desesperada. Es consciente del error que ha cometido. Hasta un niño podría apreciar sus huellas en la nieve pisoteada. Pero yo no necesito que deje ese rastro, hay otro que podría seguir con los ojos vendados y es el de su miedo, puedo oler ese aroma almizcleño a temores infantiles y pesadillas oscuras, a puertas cerradas y habitaciones mohosas. Puedo sentir su aprehensión hacia los monstruos ocultos tras las esquinas. Es curioso, es una guerrera poderosa, una asesina despiadada capaz de masacrar a todo un pueblo sin mostrar el mínimo ápice de piedad, pero en el fondo de su corazón sigue siendo una niña aterrada ante una pesadilla siniestra.

Yo soy esa pesadilla.

Quizás sea precisamente su temor, su infancia plagada de temores y dolores insanos los que hayan hecho de ella la asesina que es actualmente. Nadie cuidó de ella con amor, nadie la trató con cariño, es como yo, debería entenderla… y sin embargo, yo, siendo hijo de mi padre, siendo quien soy, siendo el peor de los asesinos, el peligro personificado. Yo que he sido llamado demonio en más de un millar de ocasiones por mis aterrados enemigos, que soy amigo de la propia muerte y he enviado ante sus pecas a más almas que cualquier otro ser. Yo soy incapaz de arrebatar la vida a un inocente, puede que en eso seamos distintos, puede que eso sea precisamente lo que haga de mí un asesino tan perfecto, un peligro tan aterrador. Porque mi espada es justa además de certera y es esa justicia la que me otorga el poder que otros no ostentan.

No, no siento lástima por ella, es una asesina de inocentes, solo con ellos se muestra altanera… ¿cuántos niños ha sacrificado para seguir siendo joven? ¿Cuántas personas ha torturado en su búsqueda? ¿Cuánto mal ha hecho al mundo?

No siento lástima por ella.

Es una guerrera poderosa, sabrá combatir con honor a pesar de todo su miedo, a pesar de todo. No habrá piedad en el combate, pero tampoco ensañamiento. Incluso ella merece intentar defenderse de mí.

No siento lástima por ella, la mataré antes del alba.

No hace falta ser demasiado inteligente como para saber que me ha temido desde el primer día en el que nuestras miradas se cruzaron. Puede que me tema desde que no era más que un bebé protegido en una cuna mugrienta. A lo largo de los siglos he ido adquiriendo la capacidad de percibir qué sentimientos albergan los humanos respecto a mi presencia. En Ullha percibí fascinación, respeto y sobre todo, miedo, un miedo infinito que era incapaz de ocultarme. Es una auténtica lástima que tenga que matarla, habría sido una buena guerrera y una aliada útil en el futuro. Pero ahora ya no hay vuelta atrás, es una traidora y la traición se paga con la muerte, aunque puede que el verdadero traidor sea yo…

No tiene importancia. El hecho es que somos enemigos y que ella es peligrosa, muy peligrosa.

Por eso es mi presa. Porque debe morir. Y no hay nadie mejor para realizar este trabajo que yo mismo.

A pesar de su traición podría haberme negado a matarla, no creo que hubiese nadie más capacitado para acabar con su existencia, es una de las guerreras más poderosas con las que me he topado. Pero no me he negado y sigo sin estar seguro de por qué he aceptado hacerlo. Supongo que es por esos cuerpos torturados y calcinados de la última aldea que arraso, supongo que es por ese afán mío por la justicia, supongo que por su arrogancia y su crueldad extrema.

No soy de los que se sobrecogen con facilidad, pero incluso yo lo he hecho al comprender todo lo que había pasado en esa aldea, al comprender el mal que encierra ese hermoso cuerpo de Ullha. Lástima, podría haber sido una buena amante, al menos mientras se mantuviese joven. No sería la primera ni la última a la que utilizo hasta que ya no me sirve. Desgraciadamente Ullha no me sirve, es una asesina sin control, es una perturbada, su mente no está en su sano juicio. Por eso debe morir.

Por eso voy tras ella.

Por eso está muerta.

22 de abril de 2011

Arkham Renacido

En el mundo de la literatura hay lugares que cualquiera podría conocer con tan solo oírlos nombrar. Algunos de esos lugares son acogedores y emanan cierto aire de protección, son cercanos y amables, hermosos por naturaleza... otros son oscuros y tenebrosos, ardientes o gélidos, siniestros... hay nombres que te hacen temblar con su mero recuerdo literario.

Arkham es uno de esos lugares. Es uno de esos edificios que uno nunca olvida y que cualquier buen aficionado a los tebeos recuerda a la perfección con todo lujo de detalles. Es el manicomino de Gotham City, donde Batman lleva a los villanos perturbados con los que se enfrenta día tras día en su ciudad vestida de traje gótico y siniestro. Arkham es un manicomio, pero además es una cárcel de máxima seguridad donde terminan todos los enemigos de Batman, porque todos están desquiciados. Sin embargo, su diseño y gestión parecen sacados de una novela de Lovecraft, no es un lugar agradable, ni siquiera tras la protección de las hojas de un tebeo del murciélago detective.

En uno de los últimos tebeos de la serie regular, Batman sufrió lo indecible a causa de una organización criminal que intentó hacerle enloquecer y que llegó a conseguir que Bruce Wayne se cuestionase eso de dejar el manto de su alter ego... de hecho, lo dejó por un tiempo y todo el Universo DC pensó que Bruce había pasado a mejor vida... bien, uno de los primeros sitios en ser utilizados por esa organización para enfrentarse a Batman fue Arkham... que acabó destruido.

Sin embargo, el asilo más famoso del mundo del tebeo acaba de renacer de sus cenizas, erigido (con fondos de la Fundación Wayne y con los planos de su fundador original) por un descendiente directo del primer director del manicomio, Jeremiah Arkham. Un renacimiento que no será como todo el mundo espera.

Creo que no digo nada nuevo si os cuento que las historias de Batman son de mis favoritas, su oscuridad, esa relación odio-comprensión del héroe frente a los villanos, esa delicada frontera de la locura y esos malos tan currados son lo que hacen de este personaje de la DC Cómics, uno de los más divertidos de leer y de seguir. Con Arkham Renacido tenemos los mismos ingredientes que de costumbre, aunque esta vez, traspasaremos esa delgada línea que separa locura de realidad. Un estupendo tebeo que nos devuelve uno de los lugares míticos del mundo de los tebeos, un sitio en el que a nadie le gustaría estar, ni dentro de las celdas... ni fuera.

No os lo perdáis, es buenísimo.

13 de abril de 2011

La nube

Un mes y un día, parece una condena, y estoy seguro de que, para muchas personas lo será, una condena a cadena perpetua que la perseguirá para siempre. El terremoto y el tsunami de Japón del pasado 11 de marzo fueron terribles en sí mismos, pero además, desataron un gigante dormido del que muchos parecían haberse olvidado, la energía nuclear y la radiactividad.

Ahora que el primer ministro japonés, al fin, ha decidido dar a la catástrofe el grado máximo de gravedad, comparándola con el terrible accidente de Chernóbil (1986), parece un momento idóneo para hablar de la última novela que me he leído. Una que, en apariencia es para un público juvenil (está recomendada a partir de los 12 años) y que yo haría lectura obligada para alumnos de secundaria y para aquellos a los que tanto les gustan las nucleares y que afirman que son completamente seguras...

Está escrita en 1987, por la alemana Gudrum Pausebang (otra alemana de la que tomo nota del nombre, porque creo que la voy a leer más) y fue premio nacional de literatura juvenil allá en el país de la Merkel. Como os digo, está escrita hace ya más de 20 años y sin embargo, podría ser escrita hoy, o mañana o, desgraciadamente, pasado.

Esta es una de esas novelas decorazonadoras, de las que te dejan pegado al sillón mientras la lees y te hacen dar saltos de nerviosismo al principio para terminar dejándote totalmente inmóvil. En Alemania, país rico e industrializado y moderno donde los haya, ocurre algo terrible que pilla a la población de improviso, una central nuclear estalla y deja escapar una nube radiactiva... una nube mortal e invisible de la que todos quieren huir.

Ahora, cuando están tan de moda las películas o los libros de fines de la humanidad, alguien debería leer lo que ya escribió esta mujer a finales del siglo pasado, porque todo lo demás parece calcado a sus palabras. Caos, desorden público, incivismo, asalto a la autoridad, manipulación de la información... todo lo que leemos hoy ya está en este libro que me ha calado muy hondo y que me hará mirar aún con más recelo a las centrales nucleares de todo el mundo.

El libro es enorme a pesar de su corta extensión y su lectura rápida. Es intenso y desde el principio sentimos sobre nosotros mismos todo el peso de la pérdida que sufre Janna Berta, la joven protagonista sobre la que recae la narración. Gudrun tiene la habilidad de hacernos temer la nube y de hacer que sintamos todo su peso sobre nuestros hombros, que nos hagamos responsables, en cierta medida, de lo que pasa y que nos preguntemos en todo momento cómo hemos podido olvidar lo que ocurrió en Chernóbil tan fácilmente.

A lo largo de las páginas de La nube nos encontraremos con todo tipo de personas. Desde las decididas y solidarias hasta las egoístas y temblorosas, pasando por las que se creen por encima del resto y siempre miran hacia otro lado.

Me ha gustado y sorprendido por igual esta lectura, creo que debería tener mucho más recorrido. Ya os digo que si yo fuese profe de secundaria se la haría leer a mis alumnos. Es un manual de qué no debe hacerse y una advertencia de lo que somos los humanos "civilizados".

La Cruzada de los Niños

No me preguntéis el por qué, porque no sabré contestarlo. Lo he intentando, no creáis, me he parado frente a un espejo y me he preguntado (en alto y todo) ¿qué es lo que te pasa? ¿Por qué te emocionas de esa forma? Pero, por más que me lo pregunto, soy incapaz de saber por qué, de un tiempo a esta parte, me emociono con mis lecturas, me sorprendo derramando lágrimas o riendo acaloradamente. No comprendo la razón, no sé si hay una razón, el caso es que me pasa. Lloro solo, delante de una buena historia que me emociona, como si tuviese ante mí el fatídico momento de la muerte de la madre de Bambi. no me avergüenzo de hacerlo, solo me pregunto la razón (sin encontrar la respuesta).

Puede que este párrafo os resulte superfluo en una reseña literaria y que os dé igual lo que me pase o lo que me deje de pasar, que llore o ría, que pase de mis lecturas o las viva de una manera demasiado visceral, puede que os resulte superfluo, repito. Pero creo que os tenía que decir esto para deciros que estamos ante uno de los textos que más me han abrumado en mis lecturas.

Este es un poema épico, enorme y difícil de leer en voz alta, sobre todo sin emocionarse. Al leerlo uno se queda vacío del todo, exhausto, sin saber qué hacer ni dónde ir, te deja bastante tocado, en serio. Es una historia de coraje y fuerza vital, de supervivencia, de aprendizaje y madurez repentina, pero también es una historia llena de dolor, de sufrimiento, de rabia (la que sentimos nosotros al leerla), de indignación, de ternura... es una historia inmensa contada en pocas palabras, es una historia actual que ocurrió hace más de cincuenta años, es algo que ocurre cada día y, por desgracia, seguirá ocurriendo en el futuro.

Bertolt Brecht (un autor que me apunto para cuando pueda profundizar en mis lecturas más allá de las novedades literarias) nos presenta una herida en forma de poema, una historia repleta de símbolos y dolores personales. Desde luego sabe cómo ponernos en situación, nos hace ver todo lo que nos cuenta, nos hace vivirlo y sufrirlo y, finalmente, llorarlo... algunas personas deberían estar obligadas a leer este libro, algunas personas deberían estar obligadas a reflexionar lo que nos cuenta...

Una historia sin final feliz que no os podéis perder.

Espero que nadie más tenga que encontrar un perro moribundo con una nota de petición de socorro ¡nunca!

¿Veis? Ya me he vuelto a emocionar...

8 de abril de 2011

Pollito, Pollito


Pollito, pollito se fue a pasear
y vino una ovejita y dijo ¿cómo le va?
A mí muy bien ¿y a usted qué tal?
Y entonces la ovejita se puso a balar

BEEEEEE!!!

Pollito, pollito se fue a bañar
y vino una ranita y dijo ¿cómo le va?
A mí muy bien ¿y a usted qué tal?
Y entonces la ranita se puso a croar

CROAC, CROAC!!!

Pollito, pollito se fue a volar
y vino un patito y dijo ¿cómo le va?
A mí muy bien ¿y a usted qué tal?
Y entonces el patito se puso a parpar

CUA, CUA, CUA!!!

Pollito, pollito se fue a jugar
y vino un perrito y dijo ¿cómo le va?
A mí muy bien ¿y a usted qué tal?
Y entonces el perrito se puso a ladrar

GUAU, GUAU, GUAU, GUAU!!!

Pollito, pollito se fue a merendar
y vino una gatita y dijo ¿cómo le va?
A mí muy bien ¿y a usted qué tal?
Y entonces la gatita se puso a maullar

MIAU, MIAU, MIAU, MIAU, MIAU!!!

A Pollito, Pollito le llamó su mamá
y como era muy bueno se volvió a su corral
y después de la cena se fue a acostar,
y entonces las estrellas ya pudieron brillar.

¡A dormir!

FIN




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Un día de perros


Abandonado en un recodo del camino,

olvidado,

perdido entre las copas temblorosas
de un bosque siniestro, oscuro y profundo,
neblinoso,

perseguido
atrapado
solo,

errabundo en el desierto,
sediento de algo indefinido
que nunca busco, que nunca encuentro,
dudoso de todo y de todos,
enfurecido con el mundo sin motivo,
mi sangre se caldea hasta cocerme por dentro,

me siento furioso
colérico
apagado…

no sé qué es lo que me ocurre,
no sé lo que enerva bajo esta canícula triste y agrisada,
no sé qué es lo que pasa
pero no termina de gustarme lo que siento

y carezco del coraje necesario
para izarme ante todo y todos
y ser al fin yo solo,
serlo por fin y olvidarme del resto

aunque solo sea por un segundo.

Aunque solo sea para no saberme tan solo…


No suelo tener días como este que tuve ayer y que describo en estos versos, por eso cuando me pasa, me suele sacudir a lo bestia. En fin, no había motivos y ya estoy muchísimo mejor que ayer, en serio. Pero de vez en cuando uno tiene un día de perros sin saber muy bien por qué. Será la primavera...

En fin, tampoco es que sea un gran poema ni nada, pero es lo que salió, qué le vamos a hacer ¿no?

El más alto humano

Nos ha tocado esperar más de la cuenta, pero al final hemos conseguido terminar de leer la historia de Eyrien, Killian y River. Carolina Lozano ha podido por fin finiquitar su saga, Las sendas de la profecía, una historia de fantasía épica en la que los humanos no están a la cabeza de nada… ¿o están a la cabeza de todo en realidad?

Elfos, vampiros, magos, hombres… se mezclan en esta historia de aventuras en la que el poder no es siempre lo más importante y en el que el corazón de los protagonistas sufre tantos vuelcos como una montaña rusa a punto de descarrilar. A lo largo de los tres títulos de la serie, Carolina ha transformado a dos jóvenes e inexpertos futuros héroes, en aquello que se esperaba de ellos. A lo largo de sus aventuras se han topado con toda una suerte de personajes que, en esta entrega final, dispondrán de un papel fundamental en el desenlace de la historia. Porque si algo he podido ver de su carrera profesional (biología), es eso de que todos somos necesarios en la cadena vital. Todos y cada uno de los personajes ha seguido creciendo ante nuestros ojos, aunque algunos de ellos ya fuesen mayores antes de que los descubriésemos. Sin embargo, este es el final de partida, hasta aquí han seguido creciendo, en este número es en el que se dirimirá su destino último.

La guerra, el dolor, la pasión y la búsqueda de la justicia, aunque también el perdón y la aceptación de lo diferente, rellenan cada una de las páginas de esta saga literaria de la que tanto he disfrutado. Es una lástima que Carolina haya decidido cerrar la serie, aunque ha dejado los suficientes rescoldos como para poder retomar la llama cuando lo crea conveniente (si lo hace).

Ya lo he dicho en anteriores ocasiones, pero Carolina es una de esas autoras que te enganchan a través de sus personajes, pues nos encariñamos con ellos y nos identificamos con casi todo lo que les sucede. Sus personalidades están tan bien definidas, que enseguida nos ponemos de su parte y comprendemos casi todo lo que hacen, aunque a veces nos deparen sorpresas, algunas agradables y otras no tanto.

La prosa es fluida, aunque para los que no hayan leído anteriormente el resto de la serie, puede que la sucesión continua de personajes, nombres y personalidades variopintas puede que pierdan a un lector ocasional. Yo recomiendo leer toda la saga completa, porque así podremos disfrutar en profundidad de esta serie española de fantasía épica que tiene poco que envidiar a otros títulos de más renombre.

Si eres lector de fantasía y no conoces a Carolina Lozano, te insto a que la des una oportunidad, se lo merece. El trabajo que ha tenido como resultado Las sendas de la profecía ha sido concienzudo y preciso. Killian, River y Eyrien ya forman parte de mi Olimpo personal, se han ganado un puesto.

Por cierto quiero destacar dos momentos épicos de los buenos que me he encontrado en este último volumen. El primero es esa batalla en la que una sola elfa, aunque sea la poderosa Dama de Siarta, se enfrenta a una hueste enorme de golems, inolvidable ese momento. Bueno y ese otro en el que River sostiene en el aire, merced a un sortilegio, una lluvia de flechas, que terminan silbando hacia aquellos que las han lanzado. Dos momentos para no olvidarse de ellos en mucho tiempo.

Por lo demás, poco que decir, que os recomiendo “El más alto humano” con todas mis ganas. Bueno, y los otros dos libros de Las sendas de la profecía. Y os digo una cosa, cuando con lo que leéis en las estrellas, nunca se sabe lo que podéis leer en ellas.


7 de abril de 2011

La historia de Pipo y Silbato

Autor de la imagen: Cristina Alejos Cañada
Título: Caballos blanco y negro
cristina@pinturayartistas.com


Os voy a contar a todos
la historia de dos caballos
hijos del sol y de la luna
de plata y fuego sus cascos,
guardianes de las estrellas,
uno es negro, el otro blanco
y ambos de crines dorados
os voy a contar a todos
la historia de Pipo y Silbato.

Un día, durante el ocaso,
cuando el sol y la luna llena
se besaban en los labios,
una yegua castaña
paría dos lindos caballos,
tan pequeños y temblones
que hasta el viento travieso
decidió pasar a acariciarlos.

El sol y la luna rieron
y aquel milagro otearon
cuando cuatro ojillos curiosos
como luceros vistosos
contemplaron ese fugaz abrazo
entre la plata y el fuego,
entre el fulgor de sus labios.

Mas ocurrió algo terrible,
la yegua temblando estaba,
el parto había sido malo
y el castaño vivo de su pelo
se tornó en un pardo grisáceo.

La tierra tembló emocionada,
el viento silbó enternecido,
las nubes lloraron de pena,
cuando aquella yegua parda
se apagó lentamente
y murió sobre la pradera.

Los dos caballitos temblones
uno blanco, el otro negro
lloraron con sus relinchos
y sintieron que el dolor
llenaba sus corazones,
tenían hambre, tenían frío,
llamaban a su madre parda,
pero ella no respondía
y ya nunca más lo haría
pues la tierra era ya su eterna manta.

El destino de ambos potros
todos ya suponían,
acabarían junto a su madre,
los dos revueltos en polvo
que la tierra acogería.

Todo fue bajo el ocaso
la luna y el sol brillaban
y en el cielo una estrella
que con tristeza lucía.

Estaba ya decidido,
la ley volvía a cumplirse
los dos caballos serían pasto,
y hierba y heno y rocío.

Pero la luna, resuelta,
su plata en oro fundida
miro al sol a los ojos
donde las lágrimas caían.

No hizo falta palabra alguna,
todos estaban de acuerdo,
aquellos preciosos potros
nunca jamás morirían.

El viento peinó sus crines,
la tierra afianzó sus cascos,
el sol les dio su potencia
y la luna su magia y canto.

Desde ese día,
cuando moría el ocaso
y el sol y la luna llena
se besaban en los labios,
y el destino fue generoso
con dos nacientes caballos,
ellos recorren los cielos
del amanecer al ocaso,
uno negro como el carbón
y el otro, como la nieve, blanco,

y ambos del sueño de un niño
fueron por fin bautizados,
uno se llama Pipo
y el otro se llama Silbato.

Los dos viven en la luna
donde galopan, juegan y relinchan
y desde aquel día de ocaso
tienen trabajo diario.

Cuando llega la mañana
y el sol despide a la luna
de su escapada nocturna,
el negro azabache de Pipo,
recoge el cielo estrellado
y guarda todas las estrellas
en su saco de lona embrujado

y cuando llega la noche
y es el sol quien se marcha
Silbato las coge todas
y por el cielo las manda.

Así termina esta historia,
de dos caballos hermosos,
que viven por siempre dichosos
y guardan los sueños hermosos
de los niños más curiosos.

Si un día te asomas
durante el ocaso nocturno
puede que veas su estela
surcando el cielo del mundo.

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La Clave

Hace tiempo encontré un lugar en el que amarte y quererte para siempre, pero me olvidé de la contraseña de acceso y te perdí, desde entonces soy incapaz de amar.

La visión del mundo


El discípulo se sentó frente al maestro. Cruzó las piernas y esperó pacientemente. A su alrededor soo el viento soplaba, nada más se movía. Contempló con deleitación el cielo azul, las cumbres nevadas, el paso de un yak en la distancia y el caminar pausado de un pastor. Todo en aquel lugar era armonioso y se esforzó por ser parte del ambiente. Amortiguó su respiración y dejó de pensar en nada que no fuese la tranquilidad y la paz mental.

-Hijo mío -la voz del maestro rompió el silencio de repente, como siempre ocurría. El chico esperó a que la sabiduría de su mentor asomase y cayese sobre él como una lluvia fresca- todo está muy mal, lo veo todo negro...

El discípulo miró a su maestro con atención y tras escrudiñarle durante varios minutos y contar cada arruga de su frente, meditó las palabras escuchadas, las rumió durante casi una hora, tras la que miró al anciano de la montaña y le dijo -¿y si prueba usted a quitarse la venda esa de los ojos?

El maestro, por una vez, tuvo en cuenta la palabra de su alumno, desde aquel día su visión del mundo cambió para siempre.

La Dama del Claro XXXIII


La cacería - Parte 1

Vienen hacia mí. Cualquier otro temblaría ante su acometida, yo me limito a sonreír y a cerrar los ojos. No son rivales para mí, lo sé. Por eso necesito darles una mínima oportunidad de derrotarme, aunque esta sea tan escasa que casi siento lástima por ellos, casi.

Ni siquiera uso un arma, no la necesito para encargarme de ellos. Atrás ha quedado el fuego y la batalla y la muerte. Mi agudo sentido del oído puede escuchar el lamento de los heridos y el estertor de los difuntos antes de apagarse y marcharse de este mundo. Atrás ha quedado la guerra. Ahora persigo. Ahora soy un cazador. Pero antes de la persecución, de la excitante caza, he de encargarme de este minúsculo obstáculo que se abalanza sobre mí como una ola salvaje.

Visten de negro y rojo, por los tatuajes de su piel deduzco que pertenecen al gremio de los Asesinos, es evidente que están con ella y que los ha enviado a detenerme. Mi sonrisa se ensancha aún más al pensar en la crueldad de mi presa, tanto ella como yo sabemos que no son rivales para mí. Supongo que no la importará demasiado lo que les pase. Un problema menos, no quiero enfrentarme a una mujer despechada. Eso sí que es peligroso.

Ya están cerca. Puedo escuchar sus pisadas en la nieve y oler su miedo, pero lo que les delata es su violencia, su ira incontenible. Estúpidos, no se puede ir al combate con violencia, hay que actuar con inteligencia y sangre fría. Hay que saber mantener la calma. Esto no será demasiado complicado. Podría eludir entrar en combate con ellos, escabullirme y hacer que me siguiesen montaña arriba durante toda la noche. Pero tengo prisa, Ella me espera, mi víctima, mi presa… no tiene escapatoria y lo sabe. Mas al menos la ofrezco el intentarlo, soy un cazador generoso.

Podría perdonar sus vidas. Podría hacerlo, pero si lo hiciese no sería yo. No hay enemigo que escape, no hay heridos ni prisioneros en la lucha. Todos los combates son a muerte, tal y como mi padre me enseñó de niño.

Todos los combates son a muerte.

Cada miembro del grupo que me ataca me dobla en peso y en altura. Algunos tienen a la vista músculos que yo ni siquiera sabía que existían. Son fuertes, cualquiera temblaría ante su ataque y yo, sin embargo, me limito a esperarles llegar y sonrío al pensar en la desagradable sorpresa que están a punto de llevarse. Tantos años de entrenamientos y luchas para acabar enfrentados a mí… pobrecillos, no saben la que les espera. Ninguno de ellos sabe todavía que no verá salir la luna esta noche.

Qué ironía, sobrevivir a la batalla más cruenta de toda la historia de los hombres, para acabar muriendo en un combate en el que no pueden ni soñar ganar, aunque ellos no lo sepan. Podría apiadarme de ellos…

Podría…

Pero sé que no lo haré. Estoy de caza y cuando soy cazador no hay nadie que me detenga. Mi presa me lleva ventaja. No importa. No tiene escapatoria.

Ya los tengo encima.

Ni siquiera uso un arma.

Sus ataques son lentos y previsibles, su fuerza es demasiado bruta, no piensan. No son buenos guerreros. Podría enseñarles, podría hacerles soldados de élite… pero ya no soy ese hombre. He cambiado. Solo soy un guerrero, un cazador… y mi presa está muy lejos.

Pronto, la sangre del primero de ellos empapa la nieve que pisamos. Antes de darse cuenta o de poder emitir un quejido de dolor, está muerto. Demasiado fácil. El combate apenas dura unos segundos.

Al cabo de un suspiro, estoy solo en la nieve. A mi alrededor se amontonan los cadáveres y las entrañas de mis últimos enemigos. A lo lejos escucho los gemidos y los lamentos de los heridos.

Levanto la mirada.

Aún no he terminado.

Mi presa me lleva ventaja, pero no verá la luz del día siguiente.

Desnudo, corro sobre la nieve en su busca. Soy un cazador.

No tiene escapatoria.

No cuando quien la sigue soy yo.

Casi siento lástima por ella.

La Dama del Claro XXXII



Estoy en paz.

He llegado al norte.

Por fin estoy en paz.

Y de pronto algo turba mi descanso, algo hace que intente levantarme.

Y allí están, ante mí, las pecas traviesas de la Muerte. Por fin… pero algo no encaja, algo no está bien. Muerte no está sola, ¿quién es esa mujer que la acompaña? La furia me invade y todo remedo de paz desaparece de mi cuerpo. Siento que la cólera regresa y azota mi alma. ¿Qué está ocurriendo aquí?

Escucho una sonrisa. Es la niña, está riendo a carcajadas, mientras que los dos lobos están sentados junto a ella, protectores, pero tranquilos, demasiado tranquilos. Noto mi cuerpo fuerte y descansado y mi sorpresa crece al ver que ya no estoy herido y que las runas han vuelto a mi brazo. Soy yo, otra vez, completo. ¿Por qué? ¿Acaso no me he ganado aún el descanso?

Escucho nuevas risas. Son las pecas de la Muerte las que ríen y yo no puedo menos que estremecerme.

Intento levantarme, he jurado protegerla. He jurado mantener las pecas alejadas de ella. Esta niña no merece morir y Muerte lo sabe, me lo había prometido, éramos amigos en el pasado, confiaba en ella, ¿por qué ser ríe? ¿Qué le resulta tan gracioso?

Mis heridas ya no duelen, al menos las físicas, aunque el recuerdo de Ishbell y Aleph es la peor de mis heridas, es una herida que no sanará jamás. Intento levantarme.

No puedo. No puedo levantarme.

He jurado proteger a la pequeña, ¿por qué ni siquiera puedo levantarme?

Me siento débil e inútil ante las pecas de la Muerte, ¿quién está con ella? ¿Qué es esa luz que irradia? ¿De qué se ríen?

Muerte me mira a través de sus ojos claros y sus pecas me indican que me calme. Debería creerla, podría llevársela si quisiera, pero aún no lo ha hecho. Podría llevársela y yo sería incapaz de impedírselo. Lo sé, siempre lo he sabido.

Y la pequeña sonríe junto a los lobos, no hay temor en su mirada. Solo yo me siento inquieto y aturdido.

¿Esto era el norte? ¿Para esto he realizad un viaje tan largo?

No es posible. Hay algo más. Tiene que haber algo más.

Este es mi castigo. Ahora lo sé. Este es el castigo que me impuse después de matarla… después de perder a Aleph… este es mi propio castigo. Sé que era inevitable, que había realizado un juramento y no podía romperlo, sé que me vi obligado y que no tuve otra opción, pero la maté ¡Por todos los demonios del abismo, la maté! ¡Maté a Ishbell! Y no pude menos que condenarme a un destierro eterno. No pude menos que ocultar mis runas malditas y mi alma marchita.

Yo mismo me desterré a esta lucha eterna en la que habito.

Había realizado un juramento.

Mi castigo era para siempre. Muerte me ayudó… hace tantos años de entonces, llevo tanto tiempo buscando el norte y persiguiendo el fantasma de mi amada. Llevo tanto tiempo…

Había realizado un juramento. No pretendo comprenderlo ni justificarlo. No habrá perdón, mi castigo es para siempre. Yo la maté, yo los maté a todos…

Y ella me ha elegido. Esta pequeña me ha elegido, nuestras almas están vinculadas… y Muerte se ríe de mí por mi estupidez, por creer que habrá perdón para mi alma, que puedo encontrar el norte. Maldito iluso.

Pero ella me ha elegido. He realizado un nuevo juramento y sí, estoy en el norte. He llegado al mar… estoy cerca de la salida de este Infierno en el que me he condenado a mí mismo.

Estoy en el norte, podría volver… podría…

No. Hice un juramento y mi castigo será eterno.

Aunque ella me haya elegido…

Esto no estaba previsto, esta pequeña no estaba en mis planes. Ni tampoco volver a encontrarme con la Muerte.

Creo que finalmente he terminado por enloquecer, tal y como predijo aquella bruja hace tantos años.

Intento levantarme. Tengo que defender a la pequeña. He jurado que lo haría…

Esgrimo toda mi fuerza de voluntad para ponerme en pie y un dolor lacerante recorre mi cabeza.

Vuelvo a la oscuridad total…

5 de abril de 2011

La aventura de publicar una novela

Hola a todos, ¿cómo estáis?

Supongo que bien... o eso espero. Además, si no lo estuvieseis no creo yo que perdiéseis vuestro tiempo leyendo las entradas de un blog cualquiera ¿no? Pues eso.

Para todos los que me conozcan esta introducción será un peñazo inaguantable, pero bueno, también hay que estar preparado por si le da por leer esto a alguien que aún no me conozca, digo yo. Me llamo Javier Fernández y quiero publicar una novela que escribí hace unos meses... no, no la he enviado a ninguna editorial importante y sí, la he registrado en el Registro Territorial de la Propiedad Intelectual.

No es el primer libro que escribo, antes he escrito unos poquillos, además de decenas de relatos, microrrelatos, poesías, artículos, reseñas... en fin, que soy de los que le dan al boli muy a menudo. Y de los que no paran quietos.

Hasta ahora me había decantado por la autopublicación (con la que he tenido un éxito relativo, porque sí, he vendido muchos ejemplares de mis libros pero no he salido de mi zona regional... bueno, salvo honrosas excepciones, como ese libro que tengo por Israel y un par de ellos que hay por Sudamérica). He publicado con Lulu, Bubok y últimamente con una editorial digital que me hace unos libros geniales que puedo vender muy baratos. He hecho presentaciones literarias, he participado en Ferias del libro (incluso en la de Madrid, que no está nada mal) y todo eso. Mis libros han salido en prensa escrita y en radio... pues eso, que después de unos añitos y de moverme mucho, algo he caminado.

Pero ahora me he decidido a publciar de la otra manera. Esto es, que una editorial coja mi libro, lo lea, lo evalúe y... si merece la pena, decida publicarla. El problema es que es de un tema que no se publica demasiado en España, la fantasía épica (pero además, de la que es un poquito bestia) y claro, no sé con quién publicar.

Por aquí iré haciendo un diario de lo que me vaya encontrando. De momento os cuento la primera oferta (aún no os diré el nombre de la editorial), pero me ofrecen una visión muy favorable de mi libro y me dicen que se han decidido, que la publican... vale, hasta ahí bien, pero ya me olía un poco mal tanto halago... y claro... después me cuentan que la cosa está muy mala y que sí, que la publican, pero si yo pago "parte" de la primera edición. Lo pienso para mis adentros y me digo, vale, tampoco será tan caro. ¡JA! Casi 5.000 euros para hacer una tirada de 800 ejemplares... si yo publico una novela con esa pasta... en fin, que de momento, sigo sin tener editorial.

¿Me aconsejáis alguna?

Ya os iré contando cómo van las cosas...

1 de abril de 2011

El encierro


Intentó abrir la trampilla con todas sus fuerzas, no hubo manera, estaba atrapada. No había forma de salir. La oscuridad era infinita, solamente interrumpida por un insolente rayo de luz que se colaba por una rendija demasiado estrecha. Tenía ganas de llorar, pero se obligó a ser fuerte y mantenerse firme. No se rendiría, lucharía hasta el final para salir de allí o aguantaría hasta que alguien la sacara. Había sido tan idiota...

Luchó durante horas y al final se rindió a la evidencia, no había modo de salir de allí. Se dejó caer en el suelo de madera y se abrazó a sus piernas. Estaba tan cansada que temblaba, la sed era lo peor, tenía tanta sed… tenía tanto hambre. Se quedó dormida de puro cansancio y al despertar notó un bulto sobre su regazo. Lo palpó en la oscuridad y se apercibió, era un trozo de carne cruda…

Horas después, a pesar de su asco, empezó a devorar el bulto. Sufrió arcadas y vomitó parte de la carne, pero al menos no moriría de hambre. Pasó así días, meses… quizás años. Hasta que un día se encogió en el suelo y permaneció totalmente inmóvil y con la respiración tranquila, pero no se durmió. Lo había planeado todo al detalle. Notó que la trampilla se abría. No volvería a cerrarse jamás… esa misma noche, él siempre abría de noche, devoró la carne cruda de su captor, tal y como él la había enseñado a hacer.