12 de enero de 2012

Una sonrisa desconocida


Esta mañana he vivido una alegría.

Una mirada pizpireta y divertida
asomada sobre el arrebol de las mejillas
y bajo un cálido un gorro de lana
cabellos rubios iluminando la mañana
y más abajo
una aún más cálida sonrisa.

Una mujer desconocida en una calle,
su cuerpo, albergado en un abrigo,
caminando sonriente,
transitoria visión en la calleja
desafiando el gris invierno,
el hielo de un enero congelado.

Un rayo de sol parapetado
me ha dedicado una sonrisa
y en esta mañana gris un simple cabeceo,
no ha sido gran cosa
y sin embargo me he sentido en ese instante
extrañamente afortunado
receptor de un regalo largamente codiciado.