El poeta quiso desgarrarse en sus escritos, desangrarse lentamente en cada rima y puso tanto empeño en conseguirlo que sus hojas terminaron empapadas con su sangre. Al escribir el último verso, su alma abandonó por fin su coraza de piel y entrañas, como siempre había escrito que pasaría... Y por fin fue libre de las cadenas que durante años y años lo habían mantenido apresado en el papel.





0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada