9 de marzo de 2012

Mujer

Ana sonrió al levantarse. Aún estaba oscuro, nada se movía por la casa. Era su momento, su único tiempo de ocio, esa media hora que le ganaba cada día al despertador para, simplemente, ser ella misma. En esos instantes no existían los hijos, las preocupaciones, su marido… solo Ana. 

Se preparó el desayuno sin dejar de sonreír como una niña. Se sentó en la mesa y disfrutó de su momento. Solo disponía de unos minutos antes de que el mundo despertase y su casa se convirtiese en un oficio mudo a jornada completa. Esa noche, antes de acostarse, había escuchado en su diminuta radio que el 8 de marzo se celebraba el día de la mujer… Ana sonrió con más ganas, sabía que nadie la felicitaría esa mañana. 

El despertador la sorprendió saboreando unos minutos en silencio. No había perdido la sonrisa ni un instante. Abrió la ventana y dejó que la luz bañase su piel, que el frescor de la mañana la azotase suavemente. Notó el olor a humo y su sonrisa comenzó a desvanecerse, al escuchar el estruendo de un disparo lejano su gesto adoptó ese rictus estoico que no dejaba ver sus emociones. Suspiró. Empezaba otra jornada agotadora en el infierno. 


1 comentarios :

Irene Comendador dijo...

Vaya un final que me colocas, o mejor dicho que me descoloca jejeje Magnifico micro señor, es usted un grande sin duda, de estos momentazos tambien hay que hacer un recopilatorio, he dicho :DD
Besotes cielo