19 de marzo de 2012

Seduciendo una hoja en blanco


Hay veces en las que te miro
y me siento irremediablemente espeso,
distraído, extraviado en la espesura ignota
de tu aurora, lejano, cual horizonte vislumbrado
desde lo más alto del monte más alzado,
remoto, como barco a la deriva en alta mar,
incapaz de virar un rumbo equivocado
y me opongo y me enfado y me enrabieto
como un niño consentido sin juguetes,
y me dejo llevar por tu desierto amordazado
y seco y vacío
        y yermo…

No sé cómo poblarte de vida,
llenarte de pasiones y deseos,
demostrar cuánto te anhelo
cuánto te amo
y te necesito y te quiero…
y te ambiciono
sin saber cómo quererte sin pasión
cómo adorarte,
cómo construirte con mis manos
y levantar ciudades enteras con mis sueños
o pagar el rescate ilimitado de tu encierro,
o perderme para siempre en tu regazo,
abrazado por tu calma desolada,
por tu fuerza,
por tu empeño,
y ser nada más
que un espíritu a ti por siempre entrelazado.


Me encadenas, me besas, me rozas,
me tocas… me agotas,
atándome a tus vacíos neblinosos,
infinitos,
incordiándome con argucias y con juegos
pasionales o caricias menos dulces,
más semejantes al fuego
en el que muere con gusto un hombre enamorado,
calcinado por delirios, espejismos,
desvaríos y visiones,
por ideas,
y es entonces que zozobro sin remedio
en tus océanos remotos y me atrapas,
encerrado en un abismo custodiado por cerbero
sin pasaje de vuelta
sin moneda deslenguada que entregar al barquero,
irremediablemente perdido, vacío,
muerto.

Pero otras veces me quieres y yo sé
por qué te quiero,
y es en esas que soy capaz de recorrerte veloz
como fugaz lucero incandescente
y en apenas un minuto te he besado
y en apenas un segundo te he resuelto,
y crear en tus pupilas me has dejado
reflejando mi figura en cada verso,
y perderme en tu piel me has permitido,
recorriendo tus labios sinuosos, tus secretos,
dibujando en ti mis universos,
mis deseos más furtivos,
mis más tenaces argumentos.


Mundo trivial, imaginario,
página en blanco en la que escribo
asomando en ti mi mirada curiosa y extraviada,
deja que te surque con mi barco
y te seduzca,
déjame viajar a tus secretos con mis alas emplumadas
sin que la cera que en los cielos me sostienen
se derrita y me arrojen a una muerte asegurada,
deja que te escriba y te cree y te gobierne
y te crezca y me acomode
entre tus brazos
y te llene de ideas imposibles y quimeras,
deja que te encuentre,
hagamos juntos el viaje
que nos permita irrumpir en tus abismos
y derrotar por siempre la blancura innata de tu nada,
de tu infinito.

Y después de que me invites a morarte
y te colonice
y te pueble
y te ame,
ambos podremos afirmar
cuánto amaré,
cuánto amo,
cuánto amaba,
qué significa nuestro amor,
cuán difícil fue enamorarte
cuánto tiempo transcurrió
antes de que ardiese nuestra llama.

1 comentarios :

oscura forastera dijo...

¡Qué bueno! Genial poeta, así se seduce a cualquiera, que en parte este en blanco, me gustó muy mucho, un beso.