3 de mayo de 2012

El Mago de París. 01

Había una vez un escritor que nunca había escrito nada.

A veces sabes que tienes algo que contar, no sabes cómo ni cuándo, pero estás seguro, acabarás contándolo. Marcel sabía que algún día sería escritor, que contaría historias capaces de emocionar a todo el mundo, de hecho, sabía que ya lo era, aunque sus versos aún no hubiesen sido elaborados ni sus libros ideados. Sabía que era escritor, era una certeza que nacía de lo más hondo de su corazón. Estaba tan seguro de ello que no le importaba no haber escrito nada aún. Ya lo haría. Lo sabía.

¡Tenía tanto que contar!

Su alma era un caudal de ideas y sentimientos, un pozo de aguas caudalosas que aún no habían llegado a desbordarse. Pero lo harían, lo sabía, terminarían desbordadas, convertidas en torrentes ruidosos repletos de ideas y quimeras que acabarían impregnadas en papel.

No había escrito nada, pero era escritor.

Eso era algo que Marcel Lagard sabía. Nada ni nadie podía negarlo.

Pero a veces no es suficiente con tener algo que contar. En ocasiones hace falta mucho más. Un impulso, una necesidad, una esperanza… nadie sabe dónde se encuentra el motor de la escritura, la chispa que provoca que un creador decida escuchar a la musa requerida.

A veces un escritor debe encontrarse antes de poder contarse en un papel.

Marcel aún no se había encontrado a sí mismo, aunque eso él aún no lo sabía. A sus diecisiete años era un joven soñador con más metas que ideas. Y estaba enamorado, profundamente enamorado y eso es algo que puede llegar a ser terrible para un joven soñador. Para un escritor que aún tiene una primera historia por escribir.

Marcel era escritor, pero ni siquiera él sabía aún en qué medida lo era. Pronto descubriría que la literatura es una amante cálida, melosa e inoportuna, pronto descubriría que uno no decide ser escritor o no serlo, simplemente lo es, sin decidirlo.

Aunque antes, tendría que descubrir quién era Marcel Lagard, El Mago de París.


Hace demasiado tiempo que no me pongo una meta a la hora de escribir. Algún poema, microrrelatos varios, textos inconclusos, relatos destinados a concursos o al cajón de mis desvelos... en fin, que ya era hora de ponerme una meta.

Esta meta comienza aquí, con un viaje de ida sin fecha de destino, con un comienzo algo inestable, pero con una historia detrás ya trazada, porque estamos ante una idea de novela, un cuento largo que quiero novelas y que, espero, sigáis a través del blog, porque he decidido ir publicando "en directo", como ya he hecho con otros escritos. Esto es, a medida que vaya escribiendo.

Solo espero que estéis por aquí y comentéis acerca de la aventura de Marcel, el Mago de París. Os espero.

4 comentarios :

Quanta dijo...

Adolescente enamorado que se sabe escritor sin haber escrito nada.

Que "miedo", cuando alguien o algo le abra la espita y le salgan las letras a borbotones, espero que no se ahogue. :-)

Castillos en el Aire dijo...

Se ahogará Quanta, que no te quepa duda...

gracias por estar por aquí.

Yosu Rc! dijo...

Ya echaba yo de menos una de estas historias por entregas de las tuyas.
Seguiré encantado las aventuras de Lagard, lo lleven a donde lo lleven...

oscura forastera dijo...

Hola, me he quedado intrigada, me atrae la idea que has puesto en práctica y Legarg puede hacer llegar a las musas y ponerse a trabajar... un beso