21 de junio de 2012

La Ex...


Fue una casualidad, un encuentro inoportuno a la salida del trabajo, bajo la luz reflejada por una luna encogida bajo un buen puñado de nubes oscuras… hacía dos o tres años que no la veía, me había quedado tirado con el coche esa mañana y por primera vez en meses había venido andando a currar. La farola parpadeaba, los coches dejaban su estela, el autobús aún tardaría media hora en llegar… y me miró.

Cuando el castaño de mis ojos se topó con el verde de los suyos supe instantáneamente qué iba a ocurrir a continuación. Yo había cambiado muy poco y ella… ella seguía estando tan buena como siempre, podría decir que incluso más y es que todos nuestros amigos comunes me contaban –supongo que para hurgar en mi herida y para seguirse riendo de mí por cortar con ella- lo feliz que era desde que no estaba conmigo. La sonrisa en su cara, la felicidad en su caminar, le decisión en sus pupilas… ahora sí que era una princesa. Y yo… yo seguía siendo el idiota que curraba y estudiaba a la vez, el idiota que la había dejado, el idiota que solo pensaba en lo buena que estaba, el idiota que aún la quería sin saberlo.

Ahora, al tenerla tan lejos, lo sabía.

Se acercó a mí, más resuelta de lo que la recordaba y sin perder la sonrisa me besó en los labios. Sabía que era un error dejarse llevar bajo la mortecina luz de aquella noche, a través del parpadeo de la farola, irrumpiendo en su felicidad… pero fue la noche más fantástica de mi vida y al amanecer, al despertar satisfecho y orgulloso de mi comportamiento nocturno, solo encontré una nota en la cama, en el hueco abandonado por aquella chica a la que una vez había dejado por inmadura...

“Espero que la noche y el polvo te hayan gustado. Esto es lo que perdiste aquella tarde gilipollas. No me llames.”

Nunca volví a verla…