13 de junio de 2012

Prueba de Hombría


El suelo retumbó bajo los pies de Arac y el niño tembló de los pies a la cabeza, se aproximaba algo muy grande a la aldea, algo tan enorme que parecía una fuerza de la naturaleza. El terror le impulsaba a salir corriendo de su refugio entre los árboles y correr hasta la seguridad de su cabaña. Allí estarían todos, para protegerle, como siempre. La luna llena le miró, reprobadora y se sintió pequeño, más pequeño que nunca. Tenía que demostrar que era un hombre, tenía que superar aquella noche a la intemperie para ser adulto. Si corría a la aldea con el rabo entre las piernas, sería el hazmerreír de todo el pueblo.

Ya podía venir el más fiero de los dragones. Él se mantendría firme en su puesto.

La decisión estaba tomada y aun así, notó el corazón latiendo desbocado al ver la primera de las moles. Un bulto negro y enorme que avanzaba bajo la luz de la luna. Un ser indescriptible, de aspecto fiero y con dos colmillos tan grandes como la falcata de su padre… o más. El bosque tronó cuando alguien gritó una orden y la comitiva se detuvo. Arac sintió que su pecho saltaba de miedo cuando escuchó el poderoso bramido de la bestia, que fue coreado por decenas de respuestas. No había una bestia, ¡era un ejército de bestias!

Y ya no hubo vergüenza que detuviese su carrera.

Había visto monstruos, ¡monstruos reales! Y venían acompañados de hombres… estaba seguro, los demonios venían a destruir la aldea, como en la leyenda que la Anciana había narrado en la hoguera. ¡Tenía que avisar a la aldea! No sería un hombre, sería la vergüenza de sus padres, todo el pueblo se reiría de él por no haber alcanzado la hombría… y sin embargo, tenía que regresar. Aquella fue la primera acción valerosa de un gran guerrero. Gracias a su aviso, el pueblo pudo huir a tiempo del ejército de ocupación cartaginés. Aquella fue la primera vez que Arac vio a los elefantes de Cartago, pero no fue la última y años más tarde sería capaz de luchar frente a ellos. Aquella noche, Arac se ganó la hombría salvando a su pueblo de una muerte segura. Días después, su padre le entregó su propia falcata en agradecimiento por su valor.

A veces no hace falta ser valiente para demostrar la hombría.


La estupenda imagen que acompaña al texto pertenece al pintor Ernest Descals.

3 comentarios :

ERNEST DESCALS dijo...

Hola Javi, te agradecería mucho pudieras pone el nombre del autor de la Pintura, ERNEST DESCALS - PINTOR, muchas gracias.

Javi dijo...

Hola Ernest, muchas gracias por tu comentario, ya está hecho. Y por supuesto, gracias por prestarme tu ilustración, ¡es genial!

Saludos y espero que no te hayas mosqueado por haberla cogido sin permiso.

ERNEST DESCALS dijo...

No, que vá, puedes disponer de las que quieras,pero, por favor, recuerda de poner el máximo de datos, con el nombre ante todo, mis saludos y gracias.