17 de julio de 2012

Los Campeones del Escondite


Juan y Manuel nacieron a la vez, el mismo día y a la misma hora. Manuel lo hizo unos minutos antes que Juan y quizá por eso sus padres le consideraban el mayor. Eran vecinos, vivían en la misma calle y solo se separaban para comer o dormir, el resto del tiempo lo pasaban juntos. Y así había sido durante sus primeros nueve años de vida.

A Juan y a Manuel les encantaba jugar al escondite, de hecho, eran los campeones del barrio, tenían un don, cuando jugaban era imposible que perdiesen, sobre todo cuando les tocaba esconderse. Si ellos se escondían era imposible que nadie les encontrara, al menos mientras ellos no lo quisieran.

Aquel día era muy especial para ellos dos, cumplían diez años y como ya habían tomado por costumbre sus familias, lo celebrarían juntos cuando cayese la tarde y el calor sofocante de aquel julio especialmente caluroso dejara de ser tan persistente. Mientras llegaba la hora de la fiesta, los besos, las sonrisas y los regalos decidieron acudir a su lugar favorito en todo el mundo, el Parque de los Árboles Valientes. Estaba bastante alejado de sus casas, pero pensaron que sus padres no se extrañarían de su ausencia y estaban totalmente seguros de poder llegar a su propia fiesta de cumpleaños.

Ambos sonreían al pasear, charlaban acerca de qué les regalarían y sobre la tarta que compartirían. Eran tiempos de escasez y estrecheces, pero, de alguna manera, sus padres siempre encontraban la manera de regalarles la mejor tarta del mundo en su cumpleaños.

El Parque de los Árboles Valientes era un lugar increíble, nadie sabía por qué se llamaba así, bueno, quizás los abuelos que pasaban el rato en los bancos o jugaban a las cartas en las mesas lo sabrían, pero ellos nunca se lo llegaron a preguntar, tampoco les importaba. El nombre, el lugar… con eso les bastaba. Allí disfrutaban del frescor de la sombra en pleno verano y de los trinos de los coloridos pájaros que revoloteaban sobre las cabezas de los paseantes.

Juan y Manuel solían jugar allí al escondite. Era su lugar favorito, su mejor rincón. Por eso, enseguida se percataron de que algo raro estaba sucediendo… ¡los pájaros habían dejado de revolotear y cantar! Los abuelos se habían marchado, estaban solos en el bosque, su bosque para los dos.

Y entonces, a los pocos segundos, escucharon el rumor, un sonido sordo y retumbante que se acercaba rápidamente y que cada ver parecía más inminente, más grande… algo que llegaba desde el aire. Después se escucharon un buen puñado de silbidos… Juan y Manuel se asustaron mucho y decidieron esconderse… ni siquiera dos campeones del escondite como ellos pudieron ocultarse de los silbidos, de los aviones, de las bombas…

Juan y Manuel nacieron el mismo día, separados por un par de minutos, eran dos estupendos campeones jugando al escondite y durante aquel bombardeo se escondieron tan bien que nadie pudo encontrarlos jamás entre las cenizas y las ruinas del Parque de los Árboles Valientes…