11 de agosto de 2012

Qué caloooor!!!!!!!

Tenía calor, mucho calor y los 45º del poste que tenía delante no ayudaban a que fuese capaz de atenuarlo. Pero es que, además, todo el que pasaba a su lado repetía una y otra vez el calor que hacía, el que iba a hacer a lo largo de ese largo día y el que vendría en los días venideros. ¡Era insoportable! Estaba harto del calor, de la gente y del maldito poste que parecía sonreír macabramente al mostrar cada diez segundos la temperatura...

Tampoco ayudaba la ropa que llevaban las chicas que paseaban a su lado. Pantalones demasiado cortos y que dejaban ver más de lo que pretendían -o precisamente mostraban lo pretendido, para joder-, mini camisetas -amplias y abiertas por todas partes, por supuesto-, falditas que parecían el final de las camisetas, vestidos ceñidos, biquinis, escotes que enseñaban hasta el carnet de identidad... vamos, que no había quien fuese capaz de olvidar el calor o de no acalorarse en ese agosto infernal. Y el puto poste seguía sonriendo.

¡46º! Me cago en la leche. Y el jodido poste me dedicó una mirada que decía: pues tampoco es para tanto. Le miré con odio y procuré aguantar, si él podía, yo también. Claro, hasta que aquella pareja me eligió como lugar en el que apoyarse para dar rienda suelta a sus manoseos, besuqueos y... bueno y todo lo que viene a continuación cuando una pareja se empieza a enrollar en pleno verano, que ya se sabe, con el calor... el caso es que los dos le cogieron el gustillo a lo de meterse mano y yo no quería ni mirar, pero claro, teniéndolos encima... lo último que vi fue la sonrisa asesina del poste y los 48º que marcaba, ¡cabrón! Aquel día se montó un atasco de cojones. Me cortocircuité, era evidente y un cruce sin semáforo, pues eso, que es bastante jodido, aunque sea pleno agosto.