12 de octubre de 2012

A ras de suelo



Así, a ras de suelo, es más sencillo ver las cosas con claridad... soy como una brizna de esta hierba fresca que acaricia la piel de mis mejillas, efímero, quizá necesario en ocasiones para la vida de otros… aunque nunca imprescindible para nadie…

Así, con la hierba susurrando en mis mejillas puedo por fin ver el cielo azul… no recuerdo cuánto tiempo hacía que no me detenía a contemplarlo, sin más preocupaciones que jugar con las nubes y descubrir sus formas caprichosas y cambiantes. Hace calor… por fin se ha terminado la tormenta y el valle lo agradece… tampoco retumba ya mi cabeza, es buena señal, significa que toda ha terminado…

Así, bañado por el sol, totalmente despreocupado del presente, es cuando la mente viaja siempre hacia el pasado y la melancolía comienza a murmurarme. El nudo en la garganta es imborrable aunque sólo enturbia mi existencia al detenerme, quizá por eso nunca me detengo… al menos no por mi propia voluntad. Ya no hace calor, mis piernas comienzan a ser dos miembros rígidos e inútiles, siento mi corazón deteniéndose poco a poco, acompasando la llegada de mi muerte con la sangre que escapa por la herida. No tendré futuro, seré una briza de hierba arrancada de raíz, espero haber contribuido a la supervivencia de mi pueblo, espero que el enemigo haya sido derrotado. No se escucha nada, aquí, en el Valle, todo ha muerto… antes de caer en la negrura arranco la lanza de mi pecho con las últimas energías…