9 de octubre de 2012

Amistad incómoda


Los padres de Ahmed y de Jacob no se gustaban, aunque eso ellos no lo sabían. Eran inseparables. Ninguno de los dos podía recordar con claridad el momento en el que se habían conocido o cuándo habían empezado a jugar juntos, pero desde los cinco años habían ido juntos al colegio, habían compartido experiencias, risas, llantos, enfados, alegrías... no había secretos entre ellos. Eran amigos, simple y llanamente, aunque uno viviese en el barrio judío y el otro en el musulmán, aunque nunca pudiesen verse fuera del colegio, aunque -y esto ellos no lo supieron hasta que no crecieron- perteneciesen a religiones enfrentadas...

Los padres de Ahmed y de Jacob no se gustaban, aunque eso ellos no lo supieron hasta que no empezó la guerra, hasta que no descubrieron, ya con doce años, por qué no podían visitarse en sus casas ni compartir el tiempo fuera del colegio. Fue una tarde, cuando aquella bomba mató a diez personas en el centro comercial, cuando todo empezó y cuando la amistad de los niños fue herida de muerte. Aunque sus padres nunca se hablaban y procuraban cruzarse lo menos posible, ambos coincidieron en hablar a sus hijos de sus libros sagrados al mismo tiempo, de sus dioses y del odio hacia el pueblo vecino. Aquella tarde Ahmed recibió un Corán de su padre y Jacob un Pentateuco, además de todo tipo de prohibiciones y advertencias frente a los “enemigos” de su pueblo, entre las que se incluía la de volver a hablar o jugar con ese niño con el que se sentaba en clase…

Los padres de Ahmed y de Jacob no se gustaban, aunque eso a ellos no les importaba, ellos eran amigos, eran inseparables. Así que, aprovechaban las ausencias de sus mayores para escapar de casa y correr a verse bajo el olivo partido por el rayo y allí, donde no habría ido de no sufrir la prohibición de verse, contarse el uno al otro los libros y enseñanzas de sus religiones… y a ninguno le pareció muy diferente un dios de otro, ambos eran padres severos y protectores, ambos rugían cuando enfurecían y eran capaces de obrar milagros por sus hijos cuando estos lo necesitaban, ambos eran capaces de enviar a sus hijos a la guerra, cuando estos eran lo suficientemente necios como para no entender su mensaje verdaderos… bajo el olivo, a salvo de las bombas y el odio, Ahmed y Jacob se juraron amistad eterna y ni toda la fuerza de sus religiones pudo jamás separarlos. 

1 comentarios :

Violeta Lago (Mamen) dijo...

Me encanta. Ojalá todas las generaciones supieran valorar la verdadera amistad por encima de "otras barreras"...