3 de octubre de 2012

Muerte sobre el abismo de hielo



Dolk cayó de rodillas sobre el hielo, su cuerpo presentaba centenares de cortes por los que se escapaba su sangre a borbotones, jadeaba y de su garganta brotaba un extraño estertor semejante al que emiten los moribundos. Sentía desfallecer su escasa fortaleza, había caído finalmente, había sido derrotado… estaba tan cansado de luchar. Se tambaleó y tuvo de apoyar las manos en el frío, aunque no fue capaz de notar nada en sus palmas, todo él era dolor y agotamiento y amargura y muerte. Cerró los ojos y la tentación de dejarse caer y no volver a abrirlos fue infinita… y sin embargo, sacando fuerzas de algún rincón oculto de su alma, logró ponerse nuevamente en pie y con un gesto de dolor y la mano derecha en el costado, se levantó. La mano se le impregnó de su propia sangre, la herida era mortal de necesidad, estaba muerto, lo sabía y sin embargo… sabía que aún debía defender a los suyos. Pudo escuchar las carcajadas de sus enemigos, el gruñido de satisfacción de los que se sabían vencedores, el ansia por atravesar su posición.

Abrió las piernas, plantó los pies con toda la firmeza que pudo impregnar a sus miembros y aferró la espada con las dos manos, olvidando como pudo todo el dolor y todo el miedo que sentía. Percibió las esperanzas depositas en él por los suyos y al notar que sus enemigos no avanzaban supo que mientras él se mantuviese en pie, mientras su espada estuviese dispuesta a saborear la sangre apestosa de los orcos, ellos no osarían atravesar el puente de hielo y no podrían, por tanto, masacrar al grupo de niños a su cargo.

No había esperanzas, estaba derrotado y sin embargo… su espada centelleó en la noche y atravesó la coraza de cuero de un orco demasiado valiente que se había acercado demasiado. Durante horas Dolk combatió por los suyos sobre el puente de hielo, defendiendo a los niños protegidos por su espada… sin embargo, después de horas de combate a muerte, finalmente fue vencido y cuando el primer orco atravesaba su posición por fin en pos de los aterrados muchachos aún tuvo un acto de rebeldía que logró enviar a la criatura al abismo…

Fue su último acto antes de ser atravesado por una docena de cimitarras envenenadas. Antes de que su mirada fuese envuelta por la oscuridad pudo ver el reflejo de unas escamas doradas y sonrió al morir, pues supo que los dragones venían al fin al rescate de sus niños.

Al final había vencido…