4 de octubre de 2012

Perdidos en la Noche



Ocurrió hace muchos siglos, cuando Sarberk aún no era más que un pequeño poblado de pastores y cazadores que vivían en paz con el Bosque y sus criaturas…

Los dos niños corrían a través del bosque con el terror impreso en sus caritas, tendrían cinco o seis años cada uno y a través de la espesura, iluminados por el tenue reflejo plateado de la luna llena, parecían dos apariciones fantasmagóricas en mitad de la noche, pero Liliam no se dejó engañar por las apariencias, sabía por experiencia propia que los espectros y las apariciones eran muy diferentes a aquellos dos mocosos aterrados. Por un segundo se planteó el marcharse a su hogar y desentenderse del destino de los niños, probablemente acabarían en el estómago de un ogro o entre las fauces de una manada de lobos, casi podía escuchar sus gritos en la noche cuando cualquiera de las bestias de la noche cayese sobre ellos… se maldijo en silencio y blasfemó en voz baja, dormiría poco esa madrugada.

Y entonces vislumbró algo más a través de la arboleda, algo que provocó en ella un malestar instantáneo aun antes de comprender de qué se trataba. Agudizó la mirada y hubo de contener un gemido, un humano, la criatura sanguinaria que perseguía a los niños era un humano, ¿por qué un hombre querría asesinar a dos niños en mitad de la noche? En ese instante fue cuando decidió salvar a los pequeños aunque odiase a los humanos… o precisamente por ello, nunca llegó a saberlo.

Más destellos y personas llegaban a lo lejos, seres rugientes, armados con fuego y con armaduras que perseguían a los dos niños perdidos e inundaban la arboleda con su odio. Liliam cayó de rodillas en el suelo ante el miedo que sentían los árboles en presencia de aquella masa enloquecida, ¿cuántos eran? ¿Cién?, ¿Doscientos? ¿Qué hacían tantos humanos persiguiendo a dos de sus cachorros? Escuchó la poderosa y cálida voz de los árboles y asintió, sabía lo que había que hacer. Con un esfuerzo infinito, la mujer se levantó del suelo y corrió en pos de los dos niños. El bosque había hablado, no habría sangre infantil en su suelo aquella noche…

Liliam susurró unas palabras en el idioma antiguo y el viento arreció a través de los rugosos troncos de los robles. La luz de la luna dejó de iluminar la noche y un primer relámpago indicó que una rugiente tormenta se acercaba. Algunos hombres detuvieron el paso y miraron hacia las nubes oscuras que se congregaban sobre sus cabezas… ninguno de aquellos hombres volvió a ver la luz del sol. El resto continuó corriendo hacia los niños, como si apresarlos fuese lo último que tuviesen que hacer en su vida. Liliam rozó con las puntas de los dedos el firme repleto de hojas castañas y podridas y de entre aquel manto ocre de muerte surgieron decenas de criaturas informes que se opusieron a la carrera de los humanos.

Liliam aprovechó entonces para alcanzar a los niños, estaban aterrados, pero, por extraño que fuese, a ella no la temían, temían a los suyos. Habló con ellos en susurros y los niños le contaron a la bruja qué pretendían los hombres… invasores llegados de las lejanas tierras del norte… Liliam cerró los ojos, incapaz de contener el odio y el asco. Después volvió a susurrar palabras nuevas en dirección a la arboleda, había cambiado de idea, no mataría a los humanos, no pronto al menos… dicen que aún hoy, es posible escuchar los gritos aterrados y doloridos de aquellos humanos llegados del norte y dicen que Ariol y Sert, los dos niños, dejaron pronto de pertenecer a la raza humana… y dicen también que fue ahí, en ese instante, cuando la Gente del Bosque supo que su amistad con los humanos sería imposible…

Cuentos de la Frontera