21 de noviembre de 2012

El Payaso

Había una vez un Payaso que siempre tenía una sonrisa para los niños. Daba igual que por dentro estuviese triste, cansado, enfadado o no hubiese desayunado esa mañana, algo que hace que sea muy difícil sonreír, no sé si lo sabéis. 

Durante años y años el Payaso continuó sonriendo a los niños, tuviese frío o calor, estuviese triste o alegre, hubiese o no desayunado esa mañana… y cuando los niños fueron ya mayores, el Payaso les siguió siempre sonriendo, a ellos y a sus hijos y a todos los niños que se acercaban a escucharle cantar o a verle sonreír.

Por eso, cuando se tuvo que marchar del mundo, el Payaso no se lamentó de tener que irse, aunque estuviese muy cómodo en la Tierra. Y mientras volaba más y más alto, aferrado a un paraguas amarillo con lunares morados que le llevaría más allá de las nubes, el Payaso sonrió, porque supo que en el mundo que dejaba, todos esos niños a los que les había dedicado su sonrisa, siempre le recordarían con el mayor de los cariños. Y para un Payaso, no hay un premio mejor que el cariño y la sonrisa de los niños.

1 comentarios :

Violeta Lago (Mamen) dijo...

Esta entrada me recuerda a una canción que sabía cuando era niña...
Precioso relato.
Besos