2 de noviembre de 2012

Un abrazo

Solo tuve que mirarte una vez para saberlo. Me perdí entonces en tus labios y tus mejillas ligeramente sonrosadas, en el vacío insondable de tus ojos, en el dulce de tu piel de caramelo... y me dejé mecer por tus caricias, por tus cálidos susurros, por tu risa. Y entonces, solo entonces, cuando tus brazos se entrelazaban a los míos, fui feliz.