#MalditaGuerra

Porque la Guerra es una mierda, se mire como se mire

"La gran aventura de Sir Wilfredo - El asedio de las sombras"

Una novela para disfrutar de las princesas y de los caballeros.

Microrrelatos en 3 Capítulos

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La importancia de las librerías

Artículo publicado en Diábolo Magazine

20 de agosto de 2012

África en la Tele


Tic tac, tic tac
amanecía
Tic tac, tic tac
y el reloj corría

Tic tac, tic tac
El león rugía
Tic tac, tic tac
y la hiena sonreía.

En el África negra,
de la sabana y la arena,
de los gordos cocodrilos
y de los monos listillos,
de las aldeas remotas
y las tribus ignotas,
de los cuentos no contados
y los niños olvidados…

En el África negra
del dolor y la pena,
de las sonrisas tristes
y de los atentos buitres.

Tic tac, tic tac,
el reloj corría
Tic tac, tic tac,
y el sol en mediodía

Tic tac, tic tac
los niños lloraban
Tic tac, tic tac
y el mundo los miraba…

Tic Tac

Y en casa de Julián,
a la hora de la cena,
este preguntaba
por los niños y su pena,
esos niños que lloraban
y a los que nadie ayudaba

Tic Tac

Y en casa de Julián,
a la hora de la cena,
telediario encendido
y murmullos contenidos,
y Julián que preguntaba
pero nadie contestaba,
y Julián que preguntaba
por los niños que lloraban

y la tele se apagaba.

Tic tac, tic tac,
El reloj corría

Tic tac, tic tac
el sol ya se escondía
Tic tac, tic tac
las tierras ensombrecían
Tic tac, tic tac
y África, hambrienta, dormía.

Tic tac,
tic tac

y Julián soñaba

Tic tac
tic tac

que ayudaba…

16 de agosto de 2012

Preludio de La Noche del Cetrero


    Está dicho que llegará el día…

    Cuentan las Crónicas que en la antigüedad, en los albores del advenimiento de la humanidad, en Gelth aún caminaban los dioses, gobernando sobre cuanta criatura lo poblaba, ya fuese esta hombre o bestia, sin distinciones, todos rendían pleitesía a los dioses…

    Pero hubo un dios que quiso prevalecer sobre el resto, Orgöm, el Dios de la Guerra y la Muerte, el de los Cuernos Retorcidos… Orgöm levantó en armas a sus huestes contra los reinos de sus hermanos y tras siglos de batallas sangrientas solo una diosa fue capaz de enfrentarse a su poder, un baluarte donde se refugiaron los humanos supervivientes… Teldra, la de la Estrella Blanca, la Diosa Madre. Era tan poderosa como su enemigo y combatía su oscuridad con el fuego imponente de la luz. Teldra y Orgöm eran hermanos e hijos del Padre de Todos. Pero también eran enemigos antagónicos, la Creación y la Destrucción, la Oscuridad y la Luz…

    Gelth tuvo desde entonces dos reinos opuestos, que convivieron en una guerra perpetua durante años de inestabilidad, el reino gobernado por la oscuridad y el regido por la luz.

    La guerra se recrudecía y la débil tregua mantenida por ambos reinos no tardó en resquebrajarse. Así, tras un breve lapso de paz, el mundo volvió a entrar en guerra y por fin llegó el momento que los siglos habían aguardado pacientemente, la última confrontación, el combate entre Orgöm y Teldra. Luz y Oscuridad se encontraron en el capo de batalla y jamás Gelth ha vuelto a contemplar una devastación semejante.

    La batalla se desarrolló a lo largo de treinta días con sus treinta noches, sin tregua ni descanso, una batalla inigualable como no se podrá repetir  y no es capaz de entender la mente humana… miles, millones de seres perecieron en aquella pugna de dioses… tal fue el fragor de la batalla que llegó a desestabilizar los Pilares del Mundo y derruir las Torres del Infierno, donde los dioses había encadenado al Padre de Todos en el inicio de los tiempos y Él, el Todo y la Nada acudió vengativo donde sus hijos luchaban entre sí.

    Su furia fue infinita y demoledora. Teldra y Orgöm fueron los únicos supervivientes de aquella primera oleada de la cólera del Creador… tal fue la ira desatada, que muchos seres se extinguieron para siempre… los más afortunados murieron rápidamente, el resto sufrió una muerte agónica que se extendió por todo Gelth como una plaga infecciosa y acabó con millones, lentamente.

    Ante un ataque semejante ambos dioses solo pudieron aliarse ante su progenitor para sobrevivir y combatieron ante él durante lo que habrían significado generaciones humanas.

    Al final del combate, contra todo pronóstico, el Padre de Todos cayó a los pies de Orgöm, herido en cada centímetro de su cuerpo, agotado… humillado, débil. El dios de la Guerra, el Asesino de Dioses, apenas estaba vivo y sangraba en abundancia, con un esfuerzo último, levantó su Cetro sagrado sin un ápice de compasión, ansiaba la cabeza de su padre. Ansiaba destruirle para siempre. El Cetro comenzó a bajar, pero Teldra utilizó sus últimas fuerzas para retener la mano ejecutora de su hermano, impidiendo el golpe de gracia. Era la primera vez que ambos dioses se tocaban, la Luz y la Oscuridad… Orgöm se giró furioso, con un brillo asesino reflejado en los ojos, pero su mirada se topó con el azul profundo de los de Teldra… y ambos dioses se enamoraron al instante, desde aquel día Luz y Oscuridad caminaron de la mano…

    La guerra concluyó en un segundo.

    El Padre de Todos aprovechó el momento para dictar sentencia. Se levantó orgulloso y se marchó del mundo para recuperarse a un lugar recóndito y olvidado del universo… su sentencia fue una venganza, la Ley. La Ley exigía que los seguidores de Orgöm y los de Teldra fueran enemigos para siempre… solo cuando un enemigo común amenazase al mundo podrían estos ser aliados.

    Teldra y Orgöm se amaron aquella noche que duró eones, de su amor nacieron todas las Criaturas del Nuevo Mundo, como semillas desperdigadas alrededor de todo Gelth… tras eso erigieron Dureilad, con sus propias manos y guardaron en su interior sus armas sagradas, por si eran necesarias en el futuro.

    Lo que Orgöm nunca supo era que al dejar su Cetro en el interior de la Catedral Blanca, dejaba allí todo su poder divino. Teldra planeaba que se alejaran de Gelth para toda la eternidad, con el fin de permitir que los nuevos seres nacidos en el orbe azul pudiesen por fin vivir en paz. Engañó a Orgöm y le arrebató su poder, encerrándolo en el Cetro.

    Lo que Teldra no sabía era que, fruto de su amor con Orgöm, nacería una niña, la Hija de los Dioses, que gobernaría Gelth desde entonces, en silencio y sin oponer sus caprichos a sus siervos, aunque imperturbable y justa. Eterna e inmutable.

    Muerte nació de ese amor entre dioses y a su llegada a Gelth Teldra y Orgöm se alejaron del mundo… ella por propia voluntad y él, alejado a la fuerza, sin poder para regresar y con la furia azotando los cimientos de toda la Creación…


Hala, ya me he decidido, me vuelvo a autopublicar. Estoy hasta las narices de esperar respuestas... así que... ya tenéis disponible una primera versión de La Noche del Cetrero, está en Bubok, aunque pronto tendré una edición en papel.

Espero que os guste la aventura de Roland el cobarde.

11 de agosto de 2012

Qué caloooor!!!!!!!

Tenía calor, mucho calor y los 45º del poste que tenía delante no ayudaban a que fuese capaz de atenuarlo. Pero es que, además, todo el que pasaba a su lado repetía una y otra vez el calor que hacía, el que iba a hacer a lo largo de ese largo día y el que vendría en los días venideros. ¡Era insoportable! Estaba harto del calor, de la gente y del maldito poste que parecía sonreír macabramente al mostrar cada diez segundos la temperatura...

Tampoco ayudaba la ropa que llevaban las chicas que paseaban a su lado. Pantalones demasiado cortos y que dejaban ver más de lo que pretendían -o precisamente mostraban lo pretendido, para joder-, mini camisetas -amplias y abiertas por todas partes, por supuesto-, falditas que parecían el final de las camisetas, vestidos ceñidos, biquinis, escotes que enseñaban hasta el carnet de identidad... vamos, que no había quien fuese capaz de olvidar el calor o de no acalorarse en ese agosto infernal. Y el puto poste seguía sonriendo.

¡46º! Me cago en la leche. Y el jodido poste me dedicó una mirada que decía: pues tampoco es para tanto. Le miré con odio y procuré aguantar, si él podía, yo también. Claro, hasta que aquella pareja me eligió como lugar en el que apoyarse para dar rienda suelta a sus manoseos, besuqueos y... bueno y todo lo que viene a continuación cuando una pareja se empieza a enrollar en pleno verano, que ya se sabe, con el calor... el caso es que los dos le cogieron el gustillo a lo de meterse mano y yo no quería ni mirar, pero claro, teniéndolos encima... lo último que vi fue la sonrisa asesina del poste y los 48º que marcaba, ¡cabrón! Aquel día se montó un atasco de cojones. Me cortocircuité, era evidente y un cruce sin semáforo, pues eso, que es bastante jodido, aunque sea pleno agosto.