#MalditaGuerra

Porque la Guerra es una mierda, se mire como se mire

"La gran aventura de Sir Wilfredo - El asedio de las sombras"

Una novela para disfrutar de las princesas y de los caballeros.

Microrrelatos en 3 Capítulos

Disfruta de más de cien historias cortas

La importancia de las librerías

Artículo publicado en Diábolo Magazine

30 de octubre de 2012

Pesadilla



‎-¡No!, ¡Por favor!, ¡Sáquenme de aquí!, ¡Socorro!, ¡Socorro!

Gritó, pataleó y gimió, totalmente aterrado, no podía salir, sentía que se asfixiaba, necesitaba aire... y en ese mismo instante despertó sobresaltado y se golpeó en la frente. Aún hubo de aguardar un minuto largo para ubicarse y saber dónde se encontraba y al hacerlo suspiró aliviado, estaba en el interior de un ataúd bastante estrecho, probablemente bajo tierra... 

-Uf, menos mal, qué pesadilla acabo de tener -musitó para sí mismo- he soñado que estaba en el Congreso de los Diputados...



19 de octubre de 2012

Halloween en el Parque de Atracciones


Acababa de recibir dos entradas totalmente gratis, gentileza de un idiota que había perdido a su hijo en la entrada del Parque y me las había regalado en la puerta, me había enseñado una foto en blanco y negro del niño, preguntándome con la cara desencajada y mirada de desesperación si le había visto por allí... apenas le hice caso, en cuanto me regaló las entradas dejó de importarme su suerte,  yo no había visto a ese niño y además, me daba igual que su padre le encontrase.

Las entradas me vinieron muy bien, porque con el dinero que me había ahorrado en ellas podía impresionar a Raquel, la chica que me acompañaba, e invitarla a cenar en un sitio guapo. Halloween, Parque de Atracciones… era evidente dónde iba a llevar a esa rubia que tanto me gustaba… nada más entrar en el Viejo Caserón supe que algo era diferente esa tarde, era una sensación extraña que no podía apartar de mi mente, pero estaba con la chica que me gustaba y si me lo curraba bien, esa noche pillaba, fijo… así que, hice caso omiso a mi instinto y me adentré en la oscuridad de la casa.

Empezamos a caminar muy apretados, podía incluso sentir el cálido aliento de Raquel y el ligero temblor de sus manos. Estaba muy oscuro, más que en otras ocasiones... al doblar la primera esquina fue cuando escuché un grito agudo, algo cálido me salpicó en la cara, noté que Raquel me soltaba la mano y que el tipo que tenía delante huía despavorido y caía a los pocos metros con un gemido de dolor… después se escuchó un llanto apagado y un coro de gemidos… un fogonazo iluminó el corredor y vi un niño que corría hacia mí, grité, un segundo fogonazo y fui capaz de reconocer los rasgos del niño de la foto… en el tercer fogonazo sentí un mordisco en la pierna y un dolor infinito. En ese instante noté una mano en el hombro y me giré… y en un cuarto fogonazo vi a Raquel con la mirada perdida, media cara colgando… y una boca enorme…          

15 de octubre de 2012

En la mañana


En la mañana,
cuando llegan las ideas
cual larvas sigilosas de mis sueños,
refugiado aún en las trincheras blancas,
arrullado por el murmurado trinar de los pájaros-despertadores,
envuelto bajo el desperezar pausado y calmo del que se sabe con tiempo,
ahí, en ese instante,
cuando el reloj aún no me ha citado
y los cuadernos aún no están repletos de tachones,
cuando no te he visto, vida,
me asaltan cimas descabelladas,
mariposas de colores y formas imposibles
que no soy capaz de identificar aún como ficticios horizontes,
como quimeras
en ese momento me veo capaz de cualquier meta…

después,
lo sé por experiencia,
apretaré el acelerador para correr de cero a cien en un instante,
aunque cada día lo haga un poco menos fuerte y más despacio,
y mi cuerpo me recuerde que sí,
que yo también voy envejeciendo
a pesar de lo que duele,
aunque mi sonrisa siga ahí cada mañana, como siempre,
aunque después me pregunte para qué sirve tanta prisa,
apretaré el acelerador
de cero a cien...
y seré uno más de miles.

Sin embargo, un segundo antes,
justo en ese instante en el que aún te acoge la negrura,
en esa oscuridad, cuando comienza el movimiento,
cuando llueven los proyectos a centenas
y aún no sé que alguno tendrá que ser pospuesto u olvidado,
soy único, justo en ese instante.

Ahí, reconfortado en mis locuras,
arropado en los ensueños,
acompañado solo por mí mismo
aun en compañía,
aguardando el instante prefijado,
observando, a veces, los jirones de luz en la ventana,
ahí aún no tengo límites
y mi sonrisa es franca y abierta y orgullosa

en la mañana,

antes de abandonar el refugio y ser cazado,
cuando aún no me dejo impresionar por lo imposible,
cuando aún soy solo yo
sin importar que la vida juegue con nosotros,
sin importar nada más que tú mismo
es cuando me invento
y soy solo yo, único e indivisible,
una forma perfecta,
un imposible sin relieves ni aristas puntiagudas…

ya sé que mis ideas morirán en un segundo
que seré uno más de miles al momento
que la vida me recordará los límites impuestos

y aun así, cada día, vuelvo a soñar
en la mañana.

12 de octubre de 2012

A ras de suelo



Así, a ras de suelo, es más sencillo ver las cosas con claridad... soy como una brizna de esta hierba fresca que acaricia la piel de mis mejillas, efímero, quizá necesario en ocasiones para la vida de otros… aunque nunca imprescindible para nadie…

Así, con la hierba susurrando en mis mejillas puedo por fin ver el cielo azul… no recuerdo cuánto tiempo hacía que no me detenía a contemplarlo, sin más preocupaciones que jugar con las nubes y descubrir sus formas caprichosas y cambiantes. Hace calor… por fin se ha terminado la tormenta y el valle lo agradece… tampoco retumba ya mi cabeza, es buena señal, significa que toda ha terminado…

Así, bañado por el sol, totalmente despreocupado del presente, es cuando la mente viaja siempre hacia el pasado y la melancolía comienza a murmurarme. El nudo en la garganta es imborrable aunque sólo enturbia mi existencia al detenerme, quizá por eso nunca me detengo… al menos no por mi propia voluntad. Ya no hace calor, mis piernas comienzan a ser dos miembros rígidos e inútiles, siento mi corazón deteniéndose poco a poco, acompasando la llegada de mi muerte con la sangre que escapa por la herida. No tendré futuro, seré una briza de hierba arrancada de raíz, espero haber contribuido a la supervivencia de mi pueblo, espero que el enemigo haya sido derrotado. No se escucha nada, aquí, en el Valle, todo ha muerto… antes de caer en la negrura arranco la lanza de mi pecho con las últimas energías…

9 de octubre de 2012

Amistad incómoda


Los padres de Ahmed y de Jacob no se gustaban, aunque eso ellos no lo sabían. Eran inseparables. Ninguno de los dos podía recordar con claridad el momento en el que se habían conocido o cuándo habían empezado a jugar juntos, pero desde los cinco años habían ido juntos al colegio, habían compartido experiencias, risas, llantos, enfados, alegrías... no había secretos entre ellos. Eran amigos, simple y llanamente, aunque uno viviese en el barrio judío y el otro en el musulmán, aunque nunca pudiesen verse fuera del colegio, aunque -y esto ellos no lo supieron hasta que no crecieron- perteneciesen a religiones enfrentadas...

Los padres de Ahmed y de Jacob no se gustaban, aunque eso ellos no lo supieron hasta que no empezó la guerra, hasta que no descubrieron, ya con doce años, por qué no podían visitarse en sus casas ni compartir el tiempo fuera del colegio. Fue una tarde, cuando aquella bomba mató a diez personas en el centro comercial, cuando todo empezó y cuando la amistad de los niños fue herida de muerte. Aunque sus padres nunca se hablaban y procuraban cruzarse lo menos posible, ambos coincidieron en hablar a sus hijos de sus libros sagrados al mismo tiempo, de sus dioses y del odio hacia el pueblo vecino. Aquella tarde Ahmed recibió un Corán de su padre y Jacob un Pentateuco, además de todo tipo de prohibiciones y advertencias frente a los “enemigos” de su pueblo, entre las que se incluía la de volver a hablar o jugar con ese niño con el que se sentaba en clase…

Los padres de Ahmed y de Jacob no se gustaban, aunque eso a ellos no les importaba, ellos eran amigos, eran inseparables. Así que, aprovechaban las ausencias de sus mayores para escapar de casa y correr a verse bajo el olivo partido por el rayo y allí, donde no habría ido de no sufrir la prohibición de verse, contarse el uno al otro los libros y enseñanzas de sus religiones… y a ninguno le pareció muy diferente un dios de otro, ambos eran padres severos y protectores, ambos rugían cuando enfurecían y eran capaces de obrar milagros por sus hijos cuando estos lo necesitaban, ambos eran capaces de enviar a sus hijos a la guerra, cuando estos eran lo suficientemente necios como para no entender su mensaje verdaderos… bajo el olivo, a salvo de las bombas y el odio, Ahmed y Jacob se juraron amistad eterna y ni toda la fuerza de sus religiones pudo jamás separarlos. 

5 de octubre de 2012

La petición



El reflejo plateado de las escamas fue lo primero que pudo avistar del dragón, un plateado intensamente luminoso que reflejaba el sol de mediodía. No era el primer dragón que contemplaba, ni siquiera era el más grande, pero el escarlata de su coraza natural, el orgullo de su semblante, conmovieron al anciano. Como había aprendido de su maestro hacía ya tanto tiempo, no miró directamente a los ojos del leviatán y humilló su propia mirada ante su imponente presencia. No se movió. Ni siquiera cuando las garras del dragón horadaron la piedra a sus pies y la propia montaña se estremeció ante el aterrizaje osó moverse, había acudido hasta allí, a la cima más elevada de la tierra conocida para realizar una petición al soberano de los cielos, todo estaba calculado, cualquier error sería fatal.

El dragón se mantuvo inmóvil en aquella posición imposible, las alas extendidas, las fauces abiertas, la mirada reluciente… todo en él destilaba poder. Jacob contuvo la respiración, su vida estaba en manos del gigante escarlata. No pronunció una sola palabra, no era necesario, el dragón ya sabía por qué estaba allí. Un golpe de viento estuvo cerca de enviar al anciano montaña abajo pero este no emitió ni el más leve sonido de queja o impaciencia y el dragón continuaba en silencio, curioseando cuanto hacía el humano… se preguntaba si sería capaz de superar la prueba… pasaron las horas, comenzó a nevar… la noche sería muy larga sobre la montaña.

Si alguien hubiese contemplado la cima del mundo desde un punto alejado, habría visto en cierto momento de la noche un inmenso destello rojo, un destello que arrancó retazos de la noche durante casi una hora. Esa era la única prueba del poder del dragón.

Pero nadie vio el prodigio realizado sobre la montaña y por tanto, nadie fue testigo de la magia… tal y como Jacob había previsto. Cuando llegó el alba, un joven imberbe abandonó la cima del mundo con un misterioso destello rojizo en los ojos. Del anciano nadie más supo nada jamás.

4 de octubre de 2012

Perdidos en la Noche



Ocurrió hace muchos siglos, cuando Sarberk aún no era más que un pequeño poblado de pastores y cazadores que vivían en paz con el Bosque y sus criaturas…

Los dos niños corrían a través del bosque con el terror impreso en sus caritas, tendrían cinco o seis años cada uno y a través de la espesura, iluminados por el tenue reflejo plateado de la luna llena, parecían dos apariciones fantasmagóricas en mitad de la noche, pero Liliam no se dejó engañar por las apariencias, sabía por experiencia propia que los espectros y las apariciones eran muy diferentes a aquellos dos mocosos aterrados. Por un segundo se planteó el marcharse a su hogar y desentenderse del destino de los niños, probablemente acabarían en el estómago de un ogro o entre las fauces de una manada de lobos, casi podía escuchar sus gritos en la noche cuando cualquiera de las bestias de la noche cayese sobre ellos… se maldijo en silencio y blasfemó en voz baja, dormiría poco esa madrugada.

Y entonces vislumbró algo más a través de la arboleda, algo que provocó en ella un malestar instantáneo aun antes de comprender de qué se trataba. Agudizó la mirada y hubo de contener un gemido, un humano, la criatura sanguinaria que perseguía a los niños era un humano, ¿por qué un hombre querría asesinar a dos niños en mitad de la noche? En ese instante fue cuando decidió salvar a los pequeños aunque odiase a los humanos… o precisamente por ello, nunca llegó a saberlo.

Más destellos y personas llegaban a lo lejos, seres rugientes, armados con fuego y con armaduras que perseguían a los dos niños perdidos e inundaban la arboleda con su odio. Liliam cayó de rodillas en el suelo ante el miedo que sentían los árboles en presencia de aquella masa enloquecida, ¿cuántos eran? ¿Cién?, ¿Doscientos? ¿Qué hacían tantos humanos persiguiendo a dos de sus cachorros? Escuchó la poderosa y cálida voz de los árboles y asintió, sabía lo que había que hacer. Con un esfuerzo infinito, la mujer se levantó del suelo y corrió en pos de los dos niños. El bosque había hablado, no habría sangre infantil en su suelo aquella noche…

Liliam susurró unas palabras en el idioma antiguo y el viento arreció a través de los rugosos troncos de los robles. La luz de la luna dejó de iluminar la noche y un primer relámpago indicó que una rugiente tormenta se acercaba. Algunos hombres detuvieron el paso y miraron hacia las nubes oscuras que se congregaban sobre sus cabezas… ninguno de aquellos hombres volvió a ver la luz del sol. El resto continuó corriendo hacia los niños, como si apresarlos fuese lo último que tuviesen que hacer en su vida. Liliam rozó con las puntas de los dedos el firme repleto de hojas castañas y podridas y de entre aquel manto ocre de muerte surgieron decenas de criaturas informes que se opusieron a la carrera de los humanos.

Liliam aprovechó entonces para alcanzar a los niños, estaban aterrados, pero, por extraño que fuese, a ella no la temían, temían a los suyos. Habló con ellos en susurros y los niños le contaron a la bruja qué pretendían los hombres… invasores llegados de las lejanas tierras del norte… Liliam cerró los ojos, incapaz de contener el odio y el asco. Después volvió a susurrar palabras nuevas en dirección a la arboleda, había cambiado de idea, no mataría a los humanos, no pronto al menos… dicen que aún hoy, es posible escuchar los gritos aterrados y doloridos de aquellos humanos llegados del norte y dicen que Ariol y Sert, los dos niños, dejaron pronto de pertenecer a la raza humana… y dicen también que fue ahí, en ese instante, cuando la Gente del Bosque supo que su amistad con los humanos sería imposible…

Cuentos de la Frontera

3 de octubre de 2012

Muerte sobre el abismo de hielo



Dolk cayó de rodillas sobre el hielo, su cuerpo presentaba centenares de cortes por los que se escapaba su sangre a borbotones, jadeaba y de su garganta brotaba un extraño estertor semejante al que emiten los moribundos. Sentía desfallecer su escasa fortaleza, había caído finalmente, había sido derrotado… estaba tan cansado de luchar. Se tambaleó y tuvo de apoyar las manos en el frío, aunque no fue capaz de notar nada en sus palmas, todo él era dolor y agotamiento y amargura y muerte. Cerró los ojos y la tentación de dejarse caer y no volver a abrirlos fue infinita… y sin embargo, sacando fuerzas de algún rincón oculto de su alma, logró ponerse nuevamente en pie y con un gesto de dolor y la mano derecha en el costado, se levantó. La mano se le impregnó de su propia sangre, la herida era mortal de necesidad, estaba muerto, lo sabía y sin embargo… sabía que aún debía defender a los suyos. Pudo escuchar las carcajadas de sus enemigos, el gruñido de satisfacción de los que se sabían vencedores, el ansia por atravesar su posición.

Abrió las piernas, plantó los pies con toda la firmeza que pudo impregnar a sus miembros y aferró la espada con las dos manos, olvidando como pudo todo el dolor y todo el miedo que sentía. Percibió las esperanzas depositas en él por los suyos y al notar que sus enemigos no avanzaban supo que mientras él se mantuviese en pie, mientras su espada estuviese dispuesta a saborear la sangre apestosa de los orcos, ellos no osarían atravesar el puente de hielo y no podrían, por tanto, masacrar al grupo de niños a su cargo.

No había esperanzas, estaba derrotado y sin embargo… su espada centelleó en la noche y atravesó la coraza de cuero de un orco demasiado valiente que se había acercado demasiado. Durante horas Dolk combatió por los suyos sobre el puente de hielo, defendiendo a los niños protegidos por su espada… sin embargo, después de horas de combate a muerte, finalmente fue vencido y cuando el primer orco atravesaba su posición por fin en pos de los aterrados muchachos aún tuvo un acto de rebeldía que logró enviar a la criatura al abismo…

Fue su último acto antes de ser atravesado por una docena de cimitarras envenenadas. Antes de que su mirada fuese envuelta por la oscuridad pudo ver el reflejo de unas escamas doradas y sonrió al morir, pues supo que los dragones venían al fin al rescate de sus niños.

Al final había vencido…

1 de octubre de 2012

En el Cretácico


Comprendimos que lo más importante era estar unidos al escuchar el rugido. Ir en grupo nos hacía una presa más apetitosa, pero preferimos compartir el miedo y el peligro a abandonarnos a una aventura en solitario que solo podía acabar en desgracia… Por la vegetación y el color de la tierra descubrimos que estábamos en el Cretácico… ¡era imposible! ¿cómo…? Y entonces, vimos al Baryonyx y nuestro terror nos volvió aún más apetitosos…