#MalditaGuerra

Porque la Guerra es una mierda, se mire como se mire

"La gran aventura de Sir Wilfredo - El asedio de las sombras"

Una novela para disfrutar de las princesas y de los caballeros.

Microrrelatos en 3 Capítulos

Disfruta de más de cien historias cortas

La importancia de las librerías

Artículo publicado en Diábolo Magazine

29 de diciembre de 2013

Consecuencias del Arte


Llevaba tanto tiempo sin dibujar que no sabía ni por dónde empezar. El lápiz entre los dedos le quemaba. Sabía que tenía un dibujo, era cuestión de segundos que se escapase de su control. Tenía miedo, quizá temblaba, nunca sabía que saldría de su lapicero hasta que el dibujo quedaba impregnado en el papel, nunca conocía las consecuencias de antemano, porque siempre había consecuencias cuando desataba su pasión, su don, su maldición...

Se dejó llevar, como siempre, como hacía tanto que no hacía. Durante minutos, puede que durante horas, dejó que sus manos y sus sentidos no existiesen para nada más, solo estaba el papel, solo el lápiz, no había nada más a su alrededor, no había nada más… en una o dos ocasiones se distrajo pensando que lo que podía ocurrir una vez terminase su obra, cuando el dibujo estuviese dibujado por completo… En el país que le había tocado en suerte al nacer no se podía crear sin permiso, no se podía sentir, no se podía soñar… lo sabía bien, había sido castigado por pensar en demasiadas ocasiones como para poder olvidarlo.

No apartó la mirada de su dibujo, no apartó los sentidos de su lapicero, del papel… a su alrededor resonaban las sirenas, a través de los enormes ventanales de la fábrica que le había servido de refugio y escondite durante las últimas horas se colaban las luces, los gritos, las advertencias… soñar estaba prohibido en su país y él había cometido el delito más terrible, había creado sin el consentimiento de quienes gobernaban. Terminó el dibujo en el mismo momento en el que Ellos derribaban la puerta de la fábrica. Una mariposa, había dibujado una mariposa de colores brillantes a pesar de no disponer más que de un lápiz desgastado. Cuando Ellos comenzaron a subir las escaleras, gritando advertencias, suspiró y dejó que una sonrisa iluminase su cara. Los colores de la mariposa contrastaban con las que se colaban por las ventanas. Cuando Ellos irrumpieron en la habitación en la que se había ocultado, solo pudieron ver una mariposa de colores que volaba más allá de la fábrica. Soñar, una vez más, había tenido sus consecuencias…

21 de diciembre de 2013

Esperanza


Con un movimiento desesperado que le hizo gemir de dolor Diril esquivó la llamarada, rodó sobre sí mismo y evitó como pudo las embestidas de dos criaturas oscuras, de tamaño y apariencia humanoide, que desprendían un calor capaz de abrasar al tacto. Rodó hasta quedar a salvo detrás de una casa de piedra a medio derruir. Se había salvado por unos escasos segundos, por desgracia había perdido la espada en su gesto de huida. Se giró veloz y vio que tanto el dragón como los dos monstruos seguían destruyendo la aldea, masacrando a sus amigos y vecinos. Él había pasado a un segundo plano, como si fuese una presa que podrían cazar más tarde. Aquello, más que aliviarle, le indignó.

Entre las cenizas que le rodeaban y le provocaban una tos incontrolada, descubrió un llamativo brillo metálico. Se agachó y recogió una lanza mellada. Dio unos pasos y de la mano carbonizada de un soldado arrancó una espada ennegrecida mientras gritaba a las tres criaturas que habían convertido su aldea en un infierno. No sabía si esos monstruos podían morir, ni siquiera podía saber si el metal les haría daño alguno... y aún así, con la inconsciencia del que no sabe dónde se mete, se armó de valor y se acercó a las bestias oscuras.

Atravesó el pecho incandescente de una de las criaturas con la lanza. Un siseo y un gorgoteo casi doloroso llegaron hasta sus oídos. El monstruo y el arma se consumieron al instante en un puñado de cenizas ardientes. La otra bestia emitió un rugido colérico y se lanzó hacia el muchacho, que solo pudo cubrirse con la espada. Cayó de espaldas al suelo y se quedó sin aire en los pulmones, se sorprendió al no haber ardido al contacto con la criatura y al abrir los ojos se descubrió envuelto en cenizas. Tenía quemaduras en las manos y en la cara, pero había matado al monstruo. Se levantó y vio que los supervivientes atacaban al dragón con todo lo que había en la aldea. No sabía si iban a vencer, si podrían matar a aquel leviatán de fuego, si aquello era acaso posible. Pero supo que él había impulsado la llama, él había iniciado la revuelta de los humanos. La guerra frente a los demonios acababa de empezar...

9 de noviembre de 2013

La Explosión


La habitación tembló y los libros que Joaquín tenía en la estantería se cayeron al suelo estrepitosamente. Se asustó muchísimo, ¿qué podía haber pasado? Se asomó a la ventana de su cuarto, en la que descubrió una grieta que la recorría de arriba abajo y entonces vio la gente corriendo, el coche en llamas, el humo completamente negro…

Un mal presentimiento le hizo ponerse unos vaqueros y un jersey lo más rápido posible y bajar las escaleras del portal saltando los escalones de tres en tres. En su descenso descubrió a muchos de sus vecinos asomados a las puertas, hablando atropelladamente unos con otros, llevándose las manos a la cabeza… cuando vio al pequeño Roberto, llorando de puro terror, aceleró el ritmo de su carrera.

Notó el azote del frío otoñal en la piel… fue lo último que sintió esa mañana, más allá del terrible dolor que le provocó la imagen que se encontró al llegar a la calle… Laura… hacía cinco minutos que se habían despedido con un beso, como todas las mañanas… Laura… no tenía que ver con soldados o policías, no tenía que ver con política, no tenía que ver con el País Vasco ni con la independencia… Laura… era solo una joven maestra que vivía en Madrid y que estaba embarazada… Laura… a quien había golpeado de lleno la onda expansiva cuando caminaba a su colegio… Laura… su mujer, estaba muerta al pie de su portal…


Personajes, atentado y situación completamente ficticios, aunque puedan recordar a muchas realidades...

7 de noviembre de 2013

La cita

Llegaba tarde. Lo cierto es que no era algo inhabitual en él, llegar tarde parecía resultar, de un tiempo a esta parte, una de sus señas de identidad. Hacía tantas cosas distintas al cabo del día y lo hacía en tantos lugares diferentes que siempre se veía obligado a ir corriendo a todas partes y lo más frecuente era que, por supuesto, llegase tarde. Sin embargo hoy no quería llegar tarde, no debía hacerlo. Tenía una cita con Carmen, a quien iba a llevar al cine y a comer un chocolate con churros. Llevaba ahorrando para ello casi dos semanas.

Al pasar frente a una cristalería se detuvo para admirar su reflejo. Peinó su delgado bigote perfectamente recortado, retocó su pelo castaño oscuro y revisó el pequeño ramo de claveles rojos. Su imagen le proporcionó una sonrisa, Antonio estaba especialmente encantado con su nuevo traje. Un hermoso traje azul de corte italiano que le había comprado a un vendedor ambulante por cuatro perras hacía un par de días. Una ganga y un acierto, a juzgar por cómo le caía. Seguro que lograba sorprender a Carmen. No era mucho de llevar traje, pero por aquella mujer incluso sería capaz de marcharse de España si hiciese falta.

La vio justo al doblar la esquina y un escalofrío le recorrió de arriba abajo. Llegó a marearse cuando pasaron ante él un conjunto de imágenes confusas… dos niños que caminaban de su mano y se escapaban para asomarse al escaparate en el que un perro ladraba contento, sonrisas y llantos vividos junto a la mujer de sus sueños, una paciente y larga espera en compañía de un pequeño perrito blanco… parpadeó varias veces y sacudió la cabeza hasta volver a estar en el presente. Carmen estaba al otro lado de la calle, ¡era la mujer más guapa que había visto nunca! Le sonreía y admiraba su traje azul, su ramo de flores, incluso su pequeño y cuidado bigotillo… y lo supo, con esa belleza es con quien pasaría el resto de su vida, al menos mientras pudieran estar juntos… justo antes de besarla, Antonio notó que arrancaba un fuerte aguacero…



Hoy quiero dedicar esta entrada al final de una historia… la de mi abuelo, que se marchó el pasado 5 de noviembre y que está por fin junto a mi abuela. Este cuento es una recreación de lo que pudo pasar en aquella cita que tantas veces nos contaron ambos, una en la que el bonito traje recién comprado por mi abuelo se mojó y encogió hasta tal punto, que al salir del cine mi abuela se quedó sin chocolate con churros, porque mi abuelo tuvo que irse a casa con un traje tres tallas más pequeño del que había comprado... Espero que cuando yo me marche, alguien tenga una bonita anécdota mía con la que sonreír. Yo tengo algunas con mi abuelo, que ya estará protestando ante algún comentario de mi abuela o buscando un sitio donde ponerse a pintar para que mi abuela tenga que regañarle. Hoy, me vais a permitir que para ellos dos, para Carmen y para Antonio, para mis abuelos, sea este microrrelato.

24 de octubre de 2013

La Biblioteca


Alguien dijo en una ocasión que después de la Guerra Atómica los hombres combatirían con palos y piedras... qué razón tenía. Aunque en este mundo devastado hay armas más terribles que las piedras o los palos. Desde entonces había estado recorriendo unos caminos cada vez más peligrosos y oscuros. Estuve viajando sin descanso, viendo cosas que querría olvidar y que nunca podré borrar de mi memoria, sufriendo ante lo que éramos ahora, escapando de milagro de más de un intento de asalto o asesinato, sobreviviendo a duras penas. Siempre viajando, siempre caminando en busca de un destino que ni siquiera sospechaba...

Hasta que la encontré. Primero la miré detenidamente, después me atreví a hablarla y más tarde incluso a acariciarla. No podía creer que la hubiese encontrado entre tanta devastación y miseria, no podía creer que ahí estuviese mi destino… me senté a sus puertas durante horas, días quizás, pensando en lo que había en su interior, en la misión que de algún modo me habían encomendado sin yo saberlo. Aquella era una señal, lo supe en cuanto abrí las puertas y accedí al interior de aquella biblioteca. Yo había recorrido buena parte de una España y una Europa destruidas y pobladas por supervivientes recelosos y mugrientos… de aquí y de allá había recopilado algunos pocos libros que me servían como vía de escape, como puro entretenimiento… pero esto era distinto. En ningún lugar había descubierto una biblioteca completa. Lo primero que hacían los nuevos señores de este mundo feudal era arrasar y quemar cualquier indicio de saber. Los libros y las bibliotecas eran sus blancos principales. Aquello era un tesoro…

Me costó algún tiempo convencer a algunos hombres para que se convirtiesen en guardianes del lugar, algo que hicieron en cuanto les enseñé todos los beneficios que un lugar repleto de saber y entretenimiento nos podía ofrecer, en cuanto hice que sus pequeños vástagos comenzasen a aprender y a ser de nuevo una raza civilizada. Nos convertimos en un pequeño pueblo de gente pacífica e instruida, en un faro en el que se miraban muchos otros. Tuvimos que repeler varios ataques de un caudillo afincado en un castillo cercano, pero finalmente incluso aquellos hombres claudicaron ante lo que significaba nuestra biblioteca. Durante algún tiempo fui su custodio, hasta el momento en el que encontré que mis discípulos estaban preparados para tomar las riendas. Hoy sigo viajando, igual que muchos de aquellos primeros niños que aprendieron a leer gracias a los libros y al milagro que significó para todos aquella biblioteca. Buscamos nuevos libros con los que aprender más y llevamos la palabra y el saber más allá de nuestras fronteras. Hoy, después de tantos años, por fin tengo esperanza de que la humanidad será capaz de seguir adelante…

23 de octubre de 2013

La derrota del héroe


El acero atravesó piel, carne y entrañas de un modo limpio y certero. A pesar de la velocidad a la que extrajo la hoja, la espada y su brazo quedaron bañados de sangre caliente. La corriente de adrenalina y un siseo a su espalda lograron que se girase lo suficientemente rápido como para detener una estocada y arremeter mortalmente ante un nuevo enemigo. Había perdido la cuenta de los hombres y las bestias que habían sucumbido ante su furia, pero aún había muchos más que lo sufrirían antes de que concluyese la noche, lo sabía y lo deseaba con todas sus fuerzas. Tenía sed de sangre, hambre de sufrimiento ajeno, ansias de venganza.

Notó una punzada en el pecho. Una flecha se había ensartado muy cerca de su corazón. Gritó más de rabia que de dolor y cortó el proyectil en dos, para que no le estorbase en la lucha. Lanzó un mandoble al frente mientras que enviaba su codo izquierdo al mentón de un hombre que estaba demasiado cerca para su gusto. La violencia de ambos ataques, la fiereza con la que lanzaba sus embestidas tumbó a los dos enemigos, a quienes remató en el suelo antes de que pudiesen optar a levantarse o defenderse…

Habían perdido la batalla y probablemente la guerra. Sus ciudades serían arrasadas, sus mujeres violadas y sus hijos esclavizados. El reino que con tanto sufrimiento y esfuerzo habían erigido, convirtiéndolo en el orgullo de aquellos parajes inhóspitos y salvajes, sería borrado de un plumazo, lo sabía… pero dejaría para la historia la mayor derrota que una victoria bélica hubiese deparado jamás a ejército alguno. Era un solo hombre, un único guerrero frente a todo un ejército, pero estaba protegido por los dioses de la guerra, estaba armado con un acero legendario y de poderes arcanos, era un héroe, un auténtico héroe de la antigüedad. Él solo no derrotaría un ejército, pero acabaría con tantos soldados como pudiese… sus enemigos vencerían en la batalla, pero la gloria sería suya aquella noche, todo el mundo recordaría su hazaña suicida, su valor en la contienda.

Le rodearon al menos diez hombres, tras los que se agolpaban un buen puñado de trasgos e incluso algún troll, que rugía como la bestia inmunda que era para mantener su posición en el grupo. Había sido derrotado por completo, había sido incapaz de defender a los suyos… Su reluciente armadura pareció ensombrecerse cuando clavó la espada y la rodilla en el suelo. Un trueno retumbó en los cielos. Los dioses parecían ofendidos por su derrota. Desde el suelo, empapado en sangre y barro, levantó la mirada y hasta el más fiero de sus enemigos reculó unos pasos. Aun en la derrota más estrepitosa era un hombre temible. No sería hecho prisionero, era demasiado peligroso para ello y no estaba dispuesto a dejar de combatir hasta exhalar el último aliento. No ganaría la batalla, estaba seguro, pero sabía que haría mucho daño al enemigo…

-¡Entrégate! –Bramó uno de sus enemigos, alguien con voz autoritaria y alto rango, como demostraba el pasillo abierto ante su llegada- ofrece tu espada y date por vencido, gran guerrero, tu honor no ha podido quedar más alto esta noche, tu fiereza más demostrada, pero has sido derrotado. Ya se ha derramado demasiada sangre esta noche, no derramemos también la de un héroe tan grande…

Sonrió y volvió a ponerse en pie. El círculo se hizo aún más amplio ante su sonrisa lobuna. Abrió el puño y una luz azulada iluminó el lugar. Se desató el caos entre sus enemigos. No vencería, los sabía, estaba seguro de ello, incluso la noche lo sabía, pero muchos de sus enemigos lo acompañarían al infierno esa noche de otoño…

La explosión fue brutal. El guerrero cumplió su promesa, perdió la batalla, perdió la guerra, su imperio fue masacrado, violado, torturado y esclavizado, pero no hubo nadie en todo el mundo que pudiese olvidar jamás a aquel guerrero que fue capaz de someter a todo un ejército enemigo.

21 de octubre de 2013

Porno en la oficina


Siempre era el último en salir de la oficina. Al principio mi jefe se oponía y me pedía que me fuera con él, incluso a veces me invitaba a un par de copas, lo que me jodía bastante pero a lo que no me oponía en absoluto, al fin y al cabo, las copas gratis saben mejor. Con el paso del tiempo a nadie le parecía ya raro que me quedase hasta tan tarde, incluso el jefe, a quien su mujer ya no dejaba salir a beber a los bares por la noche, me había dejado por imposible y me había hecho entrega de un juego de llaves y de los códigos de la alarma. Todos creían que me quedaba a adelantar trabajo, algo que hacía de vez en cuando, aunque la realidad era que me quedaba para ver películas pornográficas hasta que mis ojos y mis manos se cansaban de verlas. Tenía internet en casa, vivía solo… pero por alguna extraña razón no me excitaba en ningún lugar como en la oficina. Si mi compañera de despacho, la voluptuosa Lucía, supiese todo lo que hacía allí por las noches, la mayor parte de las veces imaginando que lo hacía con ella…

Aquella noche el magreo que me había dado a mí mismo había sido excepcional. Lucía se había tirado buena parte de la tarde bromeando conmigo, dejándome asomar a su escotazo y poniéndome los dientes largos con una minifalda que dejaba ver muchas más piernas de las que yo me había podido llegar a imaginar siquiera. Creo que de habérselo propuesto podría haber pasado a una sesión de sexo real con ella, pero mi eterna y testaruda timidez me había vencido una vez más. Por eso estuve más horas de las habituales frente a la pantalla del ordenador, dejándome los sesos y la piel en una sesión de onanismo descarnado. No podía evitar gritarle en voz baja, aunque suene raro, a la Lucía de la película reencarnada en diversas actrices porno lo que les haría si las tuviese en mis manos, sin la distancia de la pantalla y de la ficción...

Tengo que reconocer que en aquella ocasión me había pasado de la raya. Mientras caminaba cobijado por la intermitente luz de las farolas notaba un escozor en la entrepierna que me hacía caminar con las piernas ligeramente abiertas. Eso sí, continuaba fantaseando con lo que haría de tener la oportunidad de tener a Lucía o a cualquier otra mujer entre mis brazos... me sorprendí cuando una puerta se abrió a mi derecha y vi la espectacular silueta de una mujer en lencería que haría enrojecer a la que usaban las protagonistas de mis películas favoritas. Rubia, alta, risueña y sugerente, me pidió que me acercase con un dedo y un gesto de sus labios. Me susurró al oído que ella y su amiga, una morena a la que vi en el interior de la casa, totalmente desnuda, se habían propuesto regalarle una noche de placer al primero que pasara por la calle. Me había tocado la lotería. Miré a la rubia, miré a la morena y el escozor de mi entrepierna me hizo maldecir hasta la primera película porno que vi con quince años. Ni que decir tiene que no pude entrar y que nunca más volví a tener una oportunidad como aquella. por cierto, al día siguiente, Paco, el gerente de la empresa, un tipo sin ninguna gracia y muy, pero que muy feo, me dio las gracias por haberle puesto a Lucía a huevo... ¡me cago en el porno!

20 de octubre de 2013

La Cabaña


He llegado a la conclusión de que seré incapaz de explicarle a nadie lo que ha ocurrido esta noche, ni siquiera yo mismo soy capaz de entender qué es lo que ha sucedido, qué es real y qué fruto de mi turbulenta imaginación. Tengo la ropa empapada en sangre aún caliente. A mi lado, dejada caer en el suelo, hay un hacha que aún tiene en su filo restos de carne y vísceras. No sé cómo demonios voy a explicar lo que ha pasado… me miro las manos, tiemblan, recorro el estrecho pasillo arrastrando la pierna derecha y haciendo más ruido del que desearía. Envuelto en un manto de oscuridad monocorde alcanzo el cuarto de baño de la mugrienta cabaña en la que decidimos hacer noche. Maldigo con todas mis fuerzas aquella idea. Enciendo la luz, dejando en la pared un manchurrón rojizo y espeso y me miro en el espejo con una mueca de dolor y sorpresa reflejada en mi cara empalidecida. Entonces escucho su sonrisa enloquecida y giro sobre mí mismo, la veo sentada en el pasillo, con la mirada perdida y el rostro desencajado. Aún sostiene entre las manos aquella fotografía perturbadora. Grito, aunque sé que no puede oírme. Lo sé. Estoy muerto. Ella me ha matado…

10 de octubre de 2013

La Cacería


Entrecerró los ojos cuando el fulgor del sol reflejado en la imagen le golpeó de pleno. Sir Richard Black tardó aún unos segundos en poder abrirlos por completo y en apreciar enteramente de la majestuosidad de la figura. No había duda, por fin había encontrado el lugar que llevaba tantos años buscando. La monstruosidad representada era grotesca, pero al mismo tiempo muy hermosa. Una figura mitad humana mitad felina que oteaba sus pasos con odio y con una mueca de crueldad extrema. Un sonido en la oscuridad hizo que se pusiese en guardia y se preparase para disparar. Sabía que estaba en peligro y sabía que la muerte podía llegarle en cualquier instante...

Por el rabillo del ojo percibió una sombra, apenas un borrón. No lo dudó. Conocía de sobra lo que se le venía encima. Disparó una bala de plomo de 480 granos con su Lee-Einfield 1895 y escuchó el gemido mezcla de sorpresa y dolor que dejó escapar la figura desplomada a sus pies. A través de la boca aún humeante de su fusil Sir Richard vio un humano ataviado con pieles de leopardo que aún intentaba lanzarse hacia él y que le miraba con la arrogancia del que se cree superior incluso en la derrota. El africano agonizaba pero su propósito era acabar con su enemigo a toda costa. El soldado británico pisó la mano del moribundo, que portaba un cuchillo de enormes proporciones y se sorprendió de la fuerza que atesoraba, no era de extrañar que aquellas bestias fuesen capaces de descuartizar a un hombre en pocos segundos…

De un vistazo comprobó que sus hombres irrumpían en el interior del templo y aseguraban la zona. El hombre intentó aún incorporarse para herirle y el soldado no dudó en dispararle a bocajarro con su Webley Mark 455. Fue en ese mismo instante en el que pudo verle el rostro… un rostro que jamás olvidaría pues era el de la bestia que representaba el ídolo de oro que presidía el lugar: un leopardo. Sintió un escalofrío al saber finalmente que se enfrentaban a lo sobrenatural. Aquellos no eran hombres, sino bestias. Llegó hasta él el murmullo de una letanía lejana y amortiguada por el grosor de los muros. Dio una orden y más de 200 soldados del Imperio Británico accedieron al interior de aquel grotesco tempo que se tragaría a más de la mitad de los hombres de Sir Richard antes de que la noche cayese sobre la selva y más de 70 de aquellas rugientes bestias hubiesen sido ajusticiadas… solo la suerte y la sorpresa lograron que cumpliesen con su objetivo. Ninguno de los supervivientes pudo olvidar jamás aquel largo día ni todo lo que encontraron en el interior del templo dedicado a un Dios mitad hombre, mitad leopardo.


1 de octubre de 2013

Alma de caballero

Tenía alma de caballero, por eso no podía comprender qué era lo que había impulsado a su padre a enviarle con el mensaje de la batalla a él en vez de permitirle participar en la lucha, por eso azotaba a su montura con furia y la hacía galopar hasta la extenuación, por eso sus pensamientos eran oscuros y estaban llenos de maldiciones y blasfemias. Al adentrarse en el interior del follaje ni siquiera reparó en que no se había cruzado aún con un solo soldado, que no había nadie que acudiese a socorrer a la fortaleza sitiada y que no lo habría hasta que él no llevase el mensaje de socorro. No podía pensar en nada salvo en la injusticia cometida por su padre y era incapaz de comprender que su misión era vital, que tenía la vida de todo el castillo, quizá de todo el reino, en sus manos…

Galopaba tan sumido en su propio menosprecio que apenas se percató de la figura que se interpuso en su camino y a punto estuvo de arrollar a una joven de cabellos rojos y mirada aterrada que gesticulaba con los brazos. Por fortuna un fortuito haz de luz que se coló a través de la compacta cúpula verde le sorprendió y provocó que detuviese a su caballo a pocos metros de la mujer. Al mirarla se sorprendió y estuvo cerca de caerse del caballo. A pesar de que sus ropas estaban rotas, su cabello despeinado y su gesto era de terror, aquella doncella era muy hermosa, nunca había visto una mujer tan hermosa como aquella. Necesitaba ayuda, era evidente, por lo que no dudó en descabalgar para socorrerla en cualquier cosa que necesitase. Era su deber ayudarla. Era valiente, era voluntarioso. Tenía alma de caballero y ya era hora de que lo pudiese demostrar. Quería ser un héroe y que todo el mundo lo supiera, ya era hora de demostrar lo que valía. Olvidó el mensaje que tenía que portar y se encomendó ante lo que aquella mujer pudiese precisar.

La joven le condujo a través de la floresta, indicándole continuamente que tuviese cuidado y no hiciese ningún ruido. La urgencia de la mujer era evidente, pero también lo era su prudencia y especial esmero en no hacerse notar. Pronto escuchó los gritos y notó que su vello se erizaba. Una mujer gritaba todo su terror y sufrimiento a pocos metros de donde ellos se parapetaban. Notó que sus piernas flaqueaban al escuchar otros sonidos, los gruñidos satisfechos y divertidos de seres que debían ser muy grandes. La mujer señaló un claro y al asomarse, el muchacho no pudo menos que contener un gemido aterrorizado. Allí había al menos una docena de ogros que se estaban dando un festín con lo que quedaba de una caravana. Toda una guarnición de guerreros había caído ante las bestias, algunos soldados aún se movían y se arrastraban en el suelo, moribundos, a algunos de ellos les faltaban miembros, otros tenían el pecho abierto en canal… uno de los ogros masticaba con fruición un cráneo del que colgaba aún un pedazo de columna vertebral... sintió nauseas y a duras penas pudo contener el vómito. La chica volvió a gesticular, señalando algo. Y al seguir el gesto de la mujer vio que los ogros disputaban por algo… y descubrió que era una mujer… la princesa… la reconoció al instante, aunque nunca la había escuchado sollozar e implorar como lo hacía ahora. La chica de los cabellos rojizos le instó a hacer algo. ¿Qué pretendía?, ¿que se enfrentase él solo a toda una horda de ogros? Tenía alma de caballero, pero no era idiota. Cogió a la joven pelirroja de la mano, la arrastró lejos de allí, la montó en el caballo y huyó lo más rápido que pudo. Mientras cabalgaba pudo escuchar los últimos gritos de la princesa y supo que no, que no era ningún héroe…

5 de agosto de 2013

El vuelo del dragón negro


Sobre el piso de roca,
bajo la aguja nevada,
el dragón negro 
extiende el rugir de sus alas,
sobre él juguetean las estrellas calladas,
ante su vista orgullosa, la tierra lejana
donde los hombres guerrean,
donde los hombres se matan,
su cólera crece ante la sandez humana,
el dragón negro ruge
extendiendo las alas,
agita tendones, afianza las garras
y con un impulso se lanza a la nada.

Contiene su fuego,
su cólera magna,
cuando sobrevuela a los hombres
transporta la magia,
evocando canciones entre mudas miradas
que hablarán para siempre
de su visión legendaria.

La quimera se extiende
bajo la noche estrellada,
cuando las leyendas son necesarias.

El dragón ruge, vuela
acobardando las almas,
el dragón ruge, vuela,
enmudeciendo las armas,
el corazón de los hombres
tempestad aplacada,
el dragón vuela, ruge,
y para siempre se calla,
el dragón ruge, vuela
y se evapora en la nada.

En el valle lejano,
bajo las cimas nevadas,
millares de hombres enmudecen las armas,
el dragón se ha marchado,
la guerra se acaba,
el dragón ya no existe
pero queda su magia.

El corazón de los hombres
recordará su llama.



Este poema, escrito en enero de 2012, ha sido declarado ganador del VII Concurso de Poesía de Navas del Rey, galardón entregado el pasado 3 de agosto de 2013.

Muchas gracias al jurado por considerarlo merecedor del premio.

30 de julio de 2013

La primera palabra...


Todo comenzó con una sola palabra. Una pequeña, frágil y solitaria palabra. Su efecto fue como el de una ola. Primero fueron los niños quienes la vieron y llevaron hasta su corazón sin apenas percatarse, después los mayores, más tarde la aprendieron a leer las mujeres y por último, incluso los hombres tuvieron que aceptar que allí estaba, como una idea descabellada, pero indeleble. 

Tras esa primera palabra llegó la primera frase, una frase que hablaba de belleza, de pasión, de libertad… las autoridades se empezaron a inquietar, intentaron borrarla y que el pueblo la olvidara, tenían miedo de que creciese hasta ser incontrolable. No pudieron borrarla, pero la taparon con un muro de hormigón. Fueron muchos los que no la recordaron nunca más, pero muchos más los que la llevaban ya grabada como a fuego en su alma y fueron incapaces de olvidarla, ya no necesitaban verla para saber que estaba ahí. 

Después llegó el primer libro, fue como un incendio desatado de repente, como una ola implacable capaz de abrazarlo todo. Cuando el primero de los lectores abrió la primera página y leyó lo que contenía ya nada ni nadie pudo detenerlo, pronto todo el país se llenó de nuevos libros, de nuevas frases, de nuevas palabras, de nuevos lectores. 

El gobierno intentó detenerlos, pero ya no pudieron contener aquella marea insondable, el tirano fue derrocado y los libros alzados al poder. Ese día, nació el temor y el odio que todos los dictadores tienen hacia los libros, porque todo el mundo, sin saber muy bien por qué, conocía ya la palabra Libertad.


15 de julio de 2013

Luciérnagas fugaces

Luciérnagas fugaces

ideas

descabelladas unas
imposibles otras
locas todas ellas

acuden inesperadas
y muchas veces 
se marchan tan veloces como llegan

la mayoría acaba perdida
en la noche de mi habitual desgana
de mi eterna urgencia

y de aquellas que llegan hasta la bombilla
son centenas, millares, las que arden,
se consumen y se quiebran…

solo alguna, de tanto en tanto
y con mucha suerte
llega hasta las yemas de mis dedos,
y se convierte en borrón en mis cuadernos,
en sangre diluida entre recuadros,
en, con fortuna, un humilde verso,

en sueños,
en azules sobre blancos,
en una dulce y milagrosa quimera embotellada
y quizá, solo quizá,
puede que a veces
incluso en un minúsculo poema.

6 de julio de 2013

Ligar con el móvil

Se había estudiado aquel libro de cabo a rabo y sabía cuánto tenía que saber sobre el arte de ligar a través del móvil, estaba preparado, lo sabía gracias a las pruebas previas que le habían proporcionado dos rollos más que apetecibles a lo largo de las últimas tres semanas, no estaba nada mal para un tipo que no se comía una rosca y que hasta entonces llevaba más de dos años sin probar unos labios ajenos… cuanto menos una cama.

Lograr aquel número había supuesto todo un desafío, pero al fin lo había conseguido. Tenía el teléfono de Laura Albarado, la chica de la que llevaba enamorado desde que tenía doce años y con la que no cruzaba una palabra desde hacía casi tres, desde el momento en el que su amiga de siempre había empezado a salir con el imbécil de Roberto García, un musculitos de gimnasio con la mandíbula cuadrada y la arrogancia como epíteto principal.

Lucas envió el primer mensaje, tal y como era clave, quería generar interés en Laura, originar una complicidad especial y demostrar que era alguien a quien tener muy en cuenta… lo que no esperaba es que el mensaje lo leyese el mamonazo de Roberto García ni que la noche acabase en urgencias y con la cara con un boniato. Eso sí, a la mañana siguiente fue Laura la que le escribió para decirte que había cortado con el idiota de Roberto…

21 de junio de 2013

El pequeño limpiabotas


Isabel se cruzaba todos los días con el pequeño limpiabotas, lo hacía cuando se iba al colegio y aunque ella aún estaba despegando las legañas de sus ojos, él parecía llevar despierto varias horas y sonreía como si estuviese de fiesta, a veces hasta le había sorprendido tarareando una canción. Le miraba con disimulo, evitando que el niño se diese cuenta de que lo hacía, pero no podía evitar admirar la velocidad con la que se movía limpiando las botas de los abuelos que paseaban por la calle y sacando lustre a los zapatos de señores trajeados y armados con bigotes y barbas pulcramente cuidadas. Sobre todo, lo que más le llamaba la atención a Isabel era la sonrisa de aquel niño cuando trabajaba sin descanso o cuando recogía las pocas monedas que le daban los transeúntes, más de una vez, la pequeña se sorprendió a sí misma sonriendo ante un mohín que el limpiabotas hacía cada vez que se metía las manos en los bolsillos o cuando se pasaba el antebrazo por la nariz, dejando en su cara un manchurrón negruzco de betún. Le miraba todas las mañanas, imaginando cómo sería la voz que se escondía tras aquel ajetreo matutino, tras aquellas sonrisas y gestos, tras los ojos azules y el flequillo rubio que se apreciaban bajo la visera de su gorra deslucida.

Isabel soñaba a veces con el pequeño limpiabotas, aunque ese era un secreto que no le había contado a nadie todavía y que pensaba que nunca se atrevería a contar, soñaba con esos ojos azules y, sobre todo, con esa sonrisa. Una tarde, mientras veía la tele por la tarde, se sorprendió muchísimo al escuchar un poema recitado por Gloria Fuertes, su poeta favorita… bueno, en realidad, la única poeta que conocía, Isabel ya nunca pudo olvidar ese poema en toda su vida: “No fue a la escuela/el pequeñuelo/de rota suela/de rubio pelo…

La niña supo enseguida que el poema estaba dedicado a aquel niño con el que ella soñaba de vez en cuando, estaba segura, la poeta había visto también a su pequeño limpiabotas, a aquel con el que se cruzaba todos los días para ir al colegio, supo enseguida que no era ella sola quien se fijaba en él todos los días con disimulo… a la mañana siguiente por fin se decidió, al pasar a su lado le regaló un sonoro buenos días que el muchacho agradeció con una sonrisa blanquísima que destacaba sobre el negro betún de su cara y sus dedos… 

Así se inició una bonita amistad, con un poema y una sonrisa. Aún pasaron algunos años y después algunos más y luego vinieron otros. Hoy, Isabel y Martín, que era el nombre del pequeño limpiabotas, están casados y son padres de Gloria, una niña preciosa que siempre tendrá para ellos nombre de poema.


A Gloria Fuertes

9 de junio de 2013

Nubes


Nubes.

So-yangh soñaba siempre con nubes. Soñaba que corría por una pradera verde repleta de flores, arropada por la sombra de las nubes, nubes de formas múltiples y cambiantes que revoloteaban en un interminable cielo azul. Soñaba que sus pies descalzos se empapaban con el rocío de la hierba y que su vestidito blanco intentaba seguir su camino, volando al compás de su carrera. Soñaba que se tumbaba al sol y hacía visera con las manos para descubrir las formas más extrañas que las nubes eran capaces de tomar. Allí veía siempre ovejas saltarinas, jirafas juguetonas, elefantes malabaristas y, muy de cuando en cuando, incluso niños sonrientes que se perseguían en un juego que ella desconocía.

So-yangh era feliz cuando soñaba con nubes.

Y eso que ella no las podía ver casi nunca y mucho menos correr por una pradera para descifrar sus formas. So-yangh tenía 8 años y trabajaba en una fábrica de ropa. Entraba a trabajar antes de que saliese el sol y cuando regresaba a su casa, casi siempre se había escondido ya de nuevo, aunque cuando aún lucía en el cielo, ella estaba tan cansada, que era incapaz de levantar la mirada para dejarse calentar por sus rayos.

So-yangh nunca lloraba, ni siquiera se sentía triste por tener que trabajar todos los días en aquella sucia y gris fábrica de ropa, de hecho se sentía afortunada, porque gracias a su trabajo diario podía comprar comida para sus tres hermanos pequeños y para su madre enferma. Pero hubo un día que sí que lloró, un día que se sintió la niña más desgraciada del mundo. El día en el que, en los dibujos de las camisetas en las que ella tenía que trabajar, vio elefantes malabaristas, jirafas juguetonas, ovejas saltarinas y niños sonrientes que corrían sobre una pradera verde, repleta de flores de colores, bajo la atenta mirada de las nubes.

1 de junio de 2013

Programa Especial de Menudo Castillo en la Biblioteca de Chapinería


Pero qué grande es la radio y qué grande es Menudo Castillo

Ayer fue uno de esos días que me costará olvidar en mucho tiempo, porque fue un día muy especial y en el que disfruté una vez más de las estupendas oportunidades que me ofrece el dirigir y presentar el programa para peques y jóvenes de Radio 21, Menudo Castillo, un espacio dedicado a la literatura infantil y juvenil que comenzó como una pequeña sección de Castillos en el Aire y que ya ha cobrado vida propia, una vida que se va poblando día a día de nuevos y variados contenidos que van mucho más allá de los libros y que está conformando un espacio de radio en el que caben todas esas cosas que os gustan a vosotros y que tanto nos hacen disfrutar y sonreír.

Para esta ocasión contamos con la inestimable colaboración de Mónica Fraile y la Biblioteca Municipal de Chapinería, además con la de la directora y la jefa de estudios del Colegio Público Santo Ángel de la Guarda, de los profes y padres que nos acompañaron, del director de Radio 21, Pedro Miguel Bordonado, que siempre nos echa una mano en lo que puede, del magnífico e inestimable trabajo de María Ángeles Fernández, una técnica de sonido genial que debería estar currando en la tele o en un programa con más presupuesto y, muy especialmente, con la colaboración absolutamente genial de los chicos y chicas de cuarto, quinto y sexto de primaria del Cole de Chapi, que no solo se portaron muy, pero que muy bien (yo aprobaría a casi todos, profes), sino que además aportaron buenas preguntas, recomendaciones literarias, y simpatía y sonrisas a raudales.

Nos acompañó en la experiencia (que pronto se repetirá en el Cole de Pelayos de la Presa), nuestro amigo
Eduardo Martínez-Abarca, escritor de “Andrea y los Masticadores”, que nos regaló su buen humor y jovialidad, nos dio alguna primicia literaria y respondió a los peques con concisión y su habitual brevedad (guiño, guiño o comillas o… bueno, ya me entendéis). También estuvo con nosotros nuestra compañera de programa y estudiante de periodismo Arancha Sánchez Bueno, que nos explicó cómo se hace un programa de radio y nos dejó a todos con la boca abierta al responder a una dificilísima pregunta de una de nuestras invitadas, afirmando que sí, que sabe leer (uno momento impagable la pregunta de Cristina, jejejeje).

Lo dicho, un placer y un lujazo el poder tener un lugar como la Biblioteca Municipal de Chapinería para hablar durante una hora y media con 40 niños y niñas de 9, 10, 11 y 12 años de literatura, radio y escritores, ¿no os parece? 

Gracias a todos los que ayer lo hicisteis posible: Iván, Víctor, Álvaro, Andrea, Paula, Iker, Laura, Camal, Carlota, Raquel… y todos los peques que me dejo por nombrar (y que si queréis, podéis poner en un comentario que estuvisteis con nosotros), además de esos pocos (creo que unos 10 o así) que no pudisteis subir a hablarnos de vuestros libros y a probar el micro, otra vez será, seguro. En unos días podréis escuchar el programa, desde luego, una mañana genial.

Una mañana inolvidable. GRACIAS.


31 de mayo de 2013

El sueño de Lucas


Lucas había querido desde siempre ser futbolista. Bueno, hubo un tiempo en el que creyó que ser veterinario no debía estar nada mal e incluso durante un par de años quiso ser maestro, pero siempre, siempre, en su interior guardaba aquel sueño infantil de ser un gran artista del balón y marcar el gol que le diese a su país un gran mundial de fútbol. Aquel era su sueño. Sin embargo un día, de buenas a primeras, tuvo que olvidarse de aquel sueño y de todos sus otros sueños y deseos…

Su país, aquel a quien él quería dedicarle el mejor gol del mundo, el que le diese un mundial, estaba en guerra. A él nadie se lo había dicho directamente así, a bocajarro, nadie le había gritado a la cara, ¡Eh, despierta pazguato, que estamos en guerra! No, nadie se lo había dicho en casa, ni en el colegio, ni en la calle… y sin embargo Lucas, que ya tenía 10 años, supo enseguida que estaban en guerra. La verdad es que aquello era fácil de saber. Espero que nunca tengáis que vivir una guerra, pero os digo una cosa, si la vivieseis lo sabríais, aunque nadie os lo dijese nunca a la cara, eso se sabe, creedme, nadie os podría engañar jamás, la guerra, desgraciadamente, siempre se deja notar.


Lucas siempre había soñado con ser futbolista, bueno, hubo un tiempo en el que pensó que ser veterinario no debía estar tan mal, o incluso podría haber sido profe, quién sabe lo que el futuro le tenía reservado… aunque ya nunca lo sabremos, porque el país de Lucas entró en guerra y a nadie ya volvió a importarle lo que soñaba un niño de 10 años.

27 de mayo de 2013

Me ha tocado la china...


Tanto entrevisto yo, que de tanto en tanto, también me toca a mí responder entrevistas, jeje. En fin, aquí os dejo la que me han hecho los amigos de Radio Piano Bar, un podcast literario y radiofónico realizado por el chileno Jaime León Cuadra, la española Dolors Sans (Libra M) y muchos amigos más, que contribuyen a la difusión de la literatura hispanoamericana a través de varios espacios de radio por internet.

Una distendida entrevista. que puedes ESCUCHAR AQUÍ

15 de mayo de 2013

Una extraordinaria Semana del Libro en la Sierra Oeste de Madrid

Fotografía tomada en el taller "Monstruos de Risa" que realicé en Navas de Rey junto a todos estos caserillos (y algunos más que no salen en la foto)


La cultura comarcal no para de crecer

La Literatura, entre otras muchas cosas, es imaginación, quizás sea eso lo que permite que el día grande la Literatura, el 23 de abril, Día Internacional del Libro según la UNESCO desde 1996, sustente su conmemoración en un juego de lo más literario, el afirmar que William Shakespeare y Miguel de Cervantes Saavedra murieron el mismo día, algo que todo el mundo sabe a estas alturas que proviene de un diferencial entre calendarios y que no responde más que al sueño de esos locos tan interesantes que son los escritores. A pesar de esta pequeña trampa con la que todos nos dejamos engañar y que todos conmemoramos cada vez con más fuerza, no hay quien pueda discutir a estas alturas que la Literatura es muy seria, pero también es uno de los medios de ocio más baratos que existen, quizá sea esa la causa de que en estos tiempos de crisis acuciantes en todos los sentidos, siga creciendo el número de lectores (que no de compradores).

Los municipios de la Sierra Oeste llevan años celebrando el Día del Libro con multitud de eventos que acercan a los lectores y a los escritores o que consiguen que aquellos que no leen nunca o casi nunca, al menos durante unos pocos días sí que escuchen hablar de libros, porque durante esos pocos días los aficionados a ellos hacemos mucho ruido, tanto que al final se nos tiene que terminar escuchando.

En este 2013 la Semana del Libro ha sido más intensa y grande que nunca, puede que sea precisamente esa crisis que nos rodea la que nos haga tirar de imaginación para hacer mucho más con mucho menos, pero de unos modos u otros, todos los ayuntamientos, bibliotecas, centros escolares, profesionales y voluntarios culturales han logrado que nuestros municipios tengan más actos y eventos destacables que nunca, nuestra cultura goza de una muy buena salud, como demuestran la gran cantidad de asociaciones culturales que florecen en la comarca, el amplio surtido de eventos culturales que se pueden disfrutar y la ingente calidad de nuestros artistas naturales o acogidos. En la Sierra Oeste hay músicos, escritores, poetas, cuentacuentos, actores… profesionales o aficionados que poco a poco se van dejando ver y se hacen sentir cada vez con más fuerza y rotundidad.

Así pues, todos los municipios han ofrecido una gran cantidad de elementos para disfrutar de la Semana del Libro 2013, con algunos eventos tan destacables como el acto poético organizado por la tertulia poética “Entre lo divino y lo humano” el pasado jueves 25 de abril en la Hacienda la Coracera, de San Martín de Valdeiglesias, que acogió a una buena proporción de la literatura comarcal y en la que se pudo disfrutar de la poesía de Ariadna García, Carlos Reviejo, Rocío Ordóñez, Ana Bella López… o la celebración en el Restaurante Voltereta de Navas del Rey el pasado día 26 de la IV Noche de los Libros de Navas del Rey, un acto organizado por el Centro de Lectura de la localidad casera, el Ayuntamiento y Castillos en el Aire –Radio 21- en el que se habló de literatura de terror en compañía de Víctor Blázquez, Daniel P. Espinosa, Mariana Féride, Ignacio Becerril, Luis Miguel Esteban, David J. Skinner…

Además de todos los actos y eventos para adultos, la Semana del Libro sirve especialmente para acercar la Literatura a los más jóvenes, aunque ellos son los que están hoy en día más cerca de los libros, como se demuestra con sus lecturas y sus conversaciones. La Biblioteca Municipal Alfonso Usía, de Villa del Prado, tuvo muy presente a los más pequeños durante toda la semana, aunque todos los centros escolares y bibliotecas acogieron actos literarios para todos los públicos. La Biblioteca de Aldea del Fresno tuvo cuentos redondos y ginkhanas literarias, además de reunir en su auditorio a muchísimos peques para disfrutar de un cuentacuentos, la Biblioteca Municipal de Chapinería también acogió muchos actos y talleres, como suele ser habitual y en Navas del Rey se llevó a cabo un taller de escritura creativa llamado “Monstruos de Risa”.

Y estoy seguro de que me dejo muchos actos, municipios y eventos que comentar en este artículo, pero precisamente eso es lo mejor de todo, que haya tantísimos actos que no los podamos enumerar todos en un solo artículo, eso demuestra que la literatura y la cultura de la Sierra Oeste de Madrid no paran de crecer. Enhorabuena a todos por ello.



14 de mayo de 2013

Estaba Enamorado...


Estaba enamorado. Lo sabía desde la primavera anterior, cuando la hierba y la yedra habían cubierto el jardín casi por completo, cuando las cigüeñas habían por fin regresado al campanario y los días se iban haciendo más y más largos, cuando su sangre parecía hervir como si alguien le pusiese un fuego enorme bajo los pies.

Estaba enamorado. Y aún así tuvo que marcharse lejos, vestido de verdes y marrones, con las manos ocupadas por un metal embravecido y la cabeza tapada con una fea gorra en la que alguien había puesto una bandera. Estaba enamorado y eso le hacía ser fuerte, sentirse único y feliz de estar vivo… pero hubo alguien que se empeñó en convertirle en un número arrugado, la mitad de una tenue tienda de campaña, uno más entre millares y millares de sueños interrumpidos.

Estaba enamorado. Por eso escribía cartas de amor, por eso escribía poemas, lo hacía sin parar, escribía poemas, escribía cartas y las enviaba, aunque ninguna llevase sello alguno, aunque supiese que era imposible que llegaran algún día, aunque sus compañeros le mirasen con una mezcla de burla y envidia en sus miradas.

Estaba enamorado, eso es lo que le dijeron a su esposa al llevarle una bandera y unas cartas arrugadas como únicos recuerdos de su paso por la vida. Estaba enamorado, eso reza la piedra que ahora le recuerda y donde Ella llora cada día, aborreciendo aún más y más las guerras con cada nueva puesta de sol, con cada lágrima, con cada nueva bandera que llega al vecindario…

12 de mayo de 2013

Noche con los amigos



Una noche con los amigos, eso era lo que me había propuesto tras regresar por fin a casa, una noche en la que contar chistes viejos, recordar anécdotas miles de veces recordadas y jugar a tener de nuevo quince años. Había estado tanto tiempo lejos de ellos que estar ahí, a su lado, compartiendo aquellas risas y aquellas tonterías de siempre se me hacía sumamente extraño… tus ojos no estaban en el plan, ni ellos ni tu mirada ardiente, tampoco lo estaba tu sonrisa, ni tu cálido susurro en la penumbra.

Poco a poco, me alejé de ellos, estaba allí, a su lado, pero me encontraba a años luz de su planeta, pues aún estando a varios metros ya estábamos viajando de la mano. Me inventé una excusa inconfundible para pasar a tu lado y fue entonces cuando me cogiste de la mano y me pediste bailar con una caricia en mi mejilla. Fue tu sonrisa la que me convenció, ¿sabes? Yo nunca bailo, es una manía que tengo desde niño y que muchas personas han procurado romper, solo tú lo has conseguido, tú y esos ojos verdes tan sumamente acogedores.

Me dejé llevar, al fin y al cabo, bailar es acompañar a quien te lleva, o eso me dije en ese instante. Me tenías hechizado. Creo que fue Luis quien me vino a decir que ellos se marchaban, que disfrutase de mi noche, pues era el que mejor la iba a terminar de todos. Supongo que sonreí de medio lado y le agradecí el detalle de despedirse, aunque ya no había nada que no fueses tú y tu cintura. 

Sonreíste, eso lo recuerdo bien, creo que te había pisado sin querer. Te acercaste más… y mientras te besaba en mitad de la noche, o deslizaba mis dedos por tu espalda, o jugaba con tus rizos en la almohada, supe que sí, que tú eras mi segunda oportunidad de ser feliz y que iba a aprovecharla sin dudarlo.

8 de mayo de 2013

Manzana


Una manzana, eso fue lo que aquel extranjero tan guapo le había dado al conocerse, ella no sabía que aquello era una manzana ni que estaba tan rica, nunca había visto nada semejante y no sabía para qué servía, así que Raúl, el voluntario que había llegado a su aldea y que apenas podía comunicarse con ellos más que a través de gestos y sonrisas, había tenido que enseñar a Wafa cómo “funcionaba”… al dar el primer bocado la niña notó un fresquito muy agradable en la boca y un sabor entre dulce y áspero que le supo riquísimo. Desde entonces, Raúl, que cada día era capaz de comunicarse un poco mejor y de regalar más y más sonrisas, llevaba una manzana a Wafa siempre que podía hacerlo.

Durante dos meses Raúl acudió cada mañana a la aldea de la pequeña Wafa, allí contaba cuentos, enseñaba a leer y escribir, ayudaba a cavar los huertos y se ofrecía para todo aquello que hiciese falta. Y cada día Wafa le quería un poco más, era verdad, ella aún era una niña pequeña y menuda, que apenas sobrepasaba la altura de la cintura de aquel chico que, ahora que ya podía comunicarse con mucha mayor claridad, decía que venía de una aldea muy lejana que se llamaba Madrid, pero ella sabía que estaba enamorada y que nunca dejaría de amar a aquel desconocido al que en el pueblo todos llamaban ya Manzana.

Dos meses, ese fue el tiempo que Raúl pasó en la aldea, llegaba cada mañana, justo al amanecer y se marchaba cada noche al campamento de su ONG, con cara de cansancio y tristeza, a pesar de todas las sonrisas que regalaba durante el día. Quizá precisamente era el regalar todas aquellas sonrisas lo que hacía que cada día pareciese un poquito más triste y más delgado…

Pocos se dieron cuenta de ello, pero Wafa sí que lo hizo, notó cómo los ojos de Raúl dejaban de ser azules para tornarse de un gris oscuro y tristón, cómo su cuerpo atlético cada vez era más delgado y menos fuerte, pocos lo supieron, pero Raúl lloraba cada noche por todo lo que veía en la aldea de Wafa, y sobre todo, por todas las aldeas que no podía ver… Raúl no comió apenas nada durante los dos meses que estuvo acudiendo a la aldea… y aunque esto sí que no lo supo nadie jamás, soñaba cada noche con quedarse allí, en la humilde aldea, donde era feliz cada mañana y donde había conocido a personas increíbles. Pero la vida y unos padres muy estrictos le arrancaron de África en cuanto pasaron aquellos dos meses rojizos y arenosos. Raúl no protestó frente a su marcha, nunca lo hacía, pero Wafa y todos los que le habían llegado a conocer bien durante los dos meses que pasó en la aldea, supieron que dejaba allí un poquito de él para siempre y que sus sonrisas radiantes de despedida no eran más que lágrimas disfrazadas. Raúl ni siquiera le pudo dar a la pequeña Wafa una manzana a modo de despedida, pues se habían agotado una semana antes, sin embargo, la niña descubrió en los ojos del muchacho, que ahora eran profundamente verdes, todo el frescor y el áspero de las manzanas. A Raúl aquello fue lo que más rabia le dio de tener que marcharse, el no haberle podido dar a Wafa una última manzana…

Y un día, Raúl ya no vino a la aldea. Wafa supo que había vuelto a su hogar, a Madrid y lloró amargamente durante días, a pesar de que allí no sobraba el agua. Raúl ya nunca pudo ser el mismo y nunca pudo abandonar del todo a Wafa o a su aldea… pero su familia te tenía el futuro preparado, un futuro que Raúl veía oscuro y amenazador, lejos de los cálidos anaranjados de los que había disfrutado en aquella humilde aldea…

Así que un día tomó la decisión, se marchó a escondidas de ese futuro negro y corrió a buscar los ocres y los rojos, las sonrisas y la magia. Aún tardó unas semanas en hacerlo, pero al final llegó hasta la aldea de Wafa, donde ahora sabía que se quedaría para siempre. Y allí, al pie de la primera choza, se dio cuenta ¡no había llevado manzanas para Wafa! En un principio se puso muy triste, aunque luego sonrió y si alguien le hubiese mirado en ese momento a los ojos los habría visto más verdes y brillantes que nunca. Y sin decir nada, sin dejar de sonreír, Raúl se sentó allí, en el margen derecho del camino, con una enorme y radiante sonrisa.

Nadie supo nunca qué magia lo llevó hasta allí, pero desde entonces hay un enorme manzano dando sombra a la aldea de Wafa, un manzano que regala manzanas fresquitas y jugosas, con un sabor entre dulce y áspero que a todo el mundo le recuerda a aquel chico tan guapo llamado Raúl y que siempre tiene una manzana escondida para aquel niño que la busca entre sus ramas.

23 de abril de 2013

El Mensajero de Ilusiones



Fue algo muy raro lo que convirtió a Jorge en el Mensajero de Ilusiones. Sí, muy raro, porque que alguien decida dedicarse a algo solo por un sueño es algo bastante extraño. A pesar de que todos soñemos y todos queramos cumplir nuestros deseos, son muy pocos los que se atreven a lograr realizarlos. 

Jorge soñó un día que llegaba a la Luna, una luna vacía y desértica en la que vivían muchísimos niños y niñas con caras muy tristes, niños y niñas grises, que casi no se diferenciaban en nada del color de la tierra y las rocas lunares. En su sueño, Jorge llevaba en el bolsillo un cuento, ya no recuerda cuál era, pero sí que recuerda que era un cuento con una bonita y divertida historia, que llevaba dibujos de muchísimos colores y en el que destacaban los animales más extraños que te puedas imaginar y las sonrisas, era un cuento repleto de sonrisas. En su sueño, Jorge pensó que a lo mejor aquellos niños tristes querrían escuchar un bonito cuento, quizás así dejasen de ser tan grises y asustadizos, así que sin pensárselo dos veces se puso a contarlo en voz alta. Aquellos niños tristes y grises poco a poco comenzaron a sonreír, hasta que las sonrisas se transformaron en carcajadas, convirtiendo los grises de la luna en todos los colores del mundo. Aquella fue la mayor fiesta que la Luna había vivido jamás. Jorge se puso tan contento de ver a tantos y tantos niños sonriendo con algo tan divertido y tan sencillo como contar un bonito cuento que en aquel sueño decidió dedicarse a llevar cuentos a todos los niños y niñas del mundo, sobre todo a aquellos que estuviesen tristes y grises como las rocas de la luna.

A la mañana siguiente, al despertar, Jorge decidió ser escritor y librero y bibliotecario y cuentacuentos y… ¡quería serlo todo junto y a la vez! Y alcanzar aquel sueño fue lo que le hizo estudiar, leer, conocer y escribir, escribió cientos y cientos de cuentos diferentes con los que hizo muy felices a niños que ya eran muy felices, porque durante muchos años Jorge se dedicó a contar cuentos a los niños que tenía a su alrededor, niños que ya eran felices y que siempre sonreían. 

A Jorge aún le faltaba algo para cumplir su sueño del todo, lo supo un día en el que él no sonrió al terminar de contar sus cuentos, aunque lo había pasado muy bien contando… ¿y sabéis qué? Jorge decidió llenar una maleta con cuentos de todos los colores, tamaños, olores y sabores y se marchó de viaje, así, sin pensarlo demasiado. Llegó a un lugar en el que los niños estaban grises como la tierra y las rocas de la Luna, bueno, en realidad estaban marrones como la tierra seca en la que vivían. Y allí contó y contó y contó hasta acabar con todos los cuentos que conocía, pero a esos niños les costó aún mucho sonreír, no fue hasta el último cuento que un niño muy pequeño dejó ver una tímida sonrisa que contagió al resto de niños. Jorge supo entonces que su sueño sería un poco difícil de cumplir y se marchó, aunque solo para regresar con más cuentos en una maleta más grande. Cada vez que llegaba, las caras grises y tristes se llenaban de esperanzas y tímidas sonrisas, aunque Jorge sabía que faltaba muchísimo trabajo por hacer.

Consiguió entonces muchos amigos que le acompañaron en su tarea y viajaron por todo el mundo, dejaban todos los libros de las maletas para que aquellos niños pudiesen disfrutarlos por sí mismos y volvían con más y más y más… un buen día Jorge, que ahora se sentía muy feliz, consiguió un camión y logró que los niños felices a los que siempre les había cuantos, lo llenasen con libros, solidaridad, sonrisas, abrazos, cariño, amistad… y en su caja todos colorearon un mensaje que decía “El Mensajero de Ilusiones”.

Todavía no ha cumplido su sueño, Jorge sigue llevando libros a los niños tristes, pero ¿sabéis qué? Cada vez se encuentra más sonrisas al volver, cada vez hay más colores y lo mejor de todo, los niños felices le ayudan cada vez más a que esos niños grises sean por fin niños de colores.


Este cuento está dedicado a mis colegas argentinos de UN SUEÑO PARA MISIONES que están llenado de colores, sonrisas, bibliotecas e ilusiones las zonas más desafortunadas de Argentina, para vosotros amigos.

22 de abril de 2013

El Hada y el Ratón

Mimo siempre fue un Hada de los Libros aunque no lo supo hasta que no conoció a Simón, un joven ratón bibliotecario. Fue, como suele ocurrir en las mejores historias, una simple casualidad lo que hizo que Simón y Mimo se conociesen y se hiciesen amigos, aunque a veces, hay quien dice, que las casualidades realmente no existen y que todo el mundo gira a propósito si tiene que hacerlo, para que algunos seres se lleguen a conocer.

Fuese casualidad o no, Mimo llegó a la biblioteca de Simón gracias a un accidente, sí, como lo oís, gracias a un terrible accidente que le pudo costar la vida. No sé si lo sabéis, pero las hadas, cuando son pequeñitas, aún no saben volar y para viajar de un lado para otro recurren a la ayuda de las golondrinas o de las cigüeñas, que siempre las llevan allá donde las necesitan. Y en su primer viaje Mimo era tan, pero tan pequeñita y se llevó una sorpresa tan enorme al verse surcando los cielos y al notar el aire fresquito en la cara, que no se acordó de que su mamá le había avisado de que se agarrase fuerte a las plumas de la golondrina en la que volaba, así que se cayó, con tan buena suerte que fue a parar sobre la espalda de un gato tragaldabas que estaba a punto de merendarse un ratoncito de lo más suculento. Fue tal el susto que se llevó el gato, que salió huyendo a todo correr, olvidando allí al ratón, su orgullo y su merienda.

Simón tardó muy poco en ver a la pobre hadita tirada en el suelo y la recogió con mucho mimo, llevándola al interior de su hogar, el pie de una robusta estantería de la Gran Biblioteca, donde se guardaban toda clase de libros de todos los colores, tamaños y, bueno sí, sabores, porque a Simón le gustaba probarlos de vez en cuando, para saber a qué sabía cada historia.

Allí, en el pie de una de las estanterías de la Gran Biblioteca, Simón cuidó y alimentó a Mimo, hasta que esta se recuperó por completo y allí, junto a un ratón algo gordito y muy, muy despistado, descubrió lo que era realmente, un hada de los libros, desde entonces Mimo se dedica a llevar libros a todos los niños del mundo que se lo piden y a veces, solo a veces, lleva en su viaje a un ratón muy curioso que conoce todos los cuentos del mundo. Dicen que si tienes suerte y estás profundamente dormido, al despertar por la mañana y encontrar un estupendo libro junto a tu cama, tienes la sensación de haber escuchado un montón de cuentos y que ese día te despiertas sonriente, de repente con un montón de nuevas historias por contar.

13 de abril de 2013

Mariposas de Colores


A David no le gustaba ir rapado, lo sabía desde aquel verano de cuando tenía cinco años y su madre se había empeñado en afeitarle la cabeza “para que no pases calor”, como le había dicho. Pero no, a él le gustaba llevar el pelo largo, no sabía por qué era así, pero era como le gustaba, el pelo largo ¡y despeinado a ser posible!

A David también le gustaba correr entre las flores, montar en bicicleta y jugar en el parque con todos sus amigos. Echaba muchísimo de menos a todos sus amigos, incluso a Fermín, el Manazas, el malhumorado matón de su clase, que se hacía el machote delante de las chicas dando capones a los demás. Sobre todo, David echaba de menos a Clara, su compañera de pupitre y su mejor amiga.

A David le gustaba el pelo largo, aunque su padre se afeitase la cabeza desde hacía casi dos meses y aunque su madre le hubiese enseñado una fotografía de todos los compañeros de su clase de 2ºB totalmente rapados y regalándole a él, solo a él, la mejor de las sonrisas y el más efusivo de los saludos. Aquella era su fotografía favorita, en ella se podía ver a Clara más guapa que nunca, vestida con una camiseta en la que revoloteaba una mariposa de colores, incluso Fermín parecía un niño simpático y corriente en esa estupenda fotografía, lo más llamativo era ver a todos sus profes sonriendo, hasta al Señor Simón, al que se le llamaba en el colegio El Ogro porque siempre llevaba mala cara, se había hecho la fotografía sonriéndole.

A David le encantaba aquella mariposa de colores y todas las noches, antes de acostarse, pensaba en ella y en su amiga Clara.

A David, lo que más le gustaría en el mundo sería volver pronto a su clase, abandonar la cama del hospital, aunque era de lo más acogedora y ya la tenía un cariño especial, volver a contarse chistes con los amigos, esconderle la mochila a José o volver a casa comentando el partido del pasado fin de semana con Lucas y Manu. Comer unos huevos fritos con macarrones en su casa y pelearse con Matías, su hermano pequeño, por el mando de la consola…

A David le costó aún unos meses el salir por fin del hospital y dejó en él a muchos amigos, a los que siempre que puede escribe por correo electrónico y les envía sonrisas y abrazos fotografiados. Pero un buen día llegó la Doctora Mercedes, con una carpeta azul y una sonrisa gigante. Aún le costó algunos meses más conseguirlo, pero ¿sabéis qué? David volvió a tener el pelo largo, como tanto le gustaba y al conseguirlo, un buen día se asomó al espejo y sonrió, llamó a su padre a voces y le pidió que le rapase el pelo para poder enviar una sonrisa gigante a todos los niños del hospital, lo que hizo en compañía de Clara, el resto de sus amigos del colegio y un montón de camisetas con mariposas de colores.


A todos esos niños y niñas que están en hospitales, esperando a volver con sus amigos del colegio y a volver a tener el pelo largo, si es que les hace falta o les apetece tenerlo así…


7 de abril de 2013

El Sombrero del Infinito


Al recibir aquel regalo de su maestro, Roth no pudo evitar un gemido de admiración. Para un aprendiz de mago conseguir su primer objeto arcano era todo un acontecimiento, en especial si era tan poderoso como un sombrero mágico. Era todo un regalo. Su maestro, entre divertido y preocupado, miró al muchacho entrecerrando mucho los ojos y le advirtió que cuidase de aquel bien sobrenatural. No era partidario de entregar un artilugio tan codiciado y peligroso como el Sombrero del Infinito, pero el consejo de magia se había mostrado rotundo y ese muchacho un auténtico diamante en bruto...

Aun así no pudo evitar el prevenirle, el Sombrero del Infinito era uno de los artefactos más poderosos que uno podía conseguir, pero tenerlo era semejante a poseer un tesoro a la vista de todo el mundo o llevar sobre tu cabeza un troll rabioso. Por suerte para él, Roth, a sus doce años, era un chico muy inteligente y maduro. Mirlith sabía que no había un aprendiz más capacitado que ese muchacho para recibir un don tan preciado y siniestro al mismo tiempo, además, durante milenios aquel sombrero había ido recayendo en los alumnos más aventajados, sin ningún contratiempo, todos aquellos receptores habían terminado siendo grandes magos y en muchas circunstancias, en verdaderos genios de la magia…

Pero nadie en el consejo contaba con Marlen, ni siquiera contaron con ella Mirith o el propio Roth. Marlen fue un encuentro casual, una circunstancia improbable, un accidente. Marlen era una belleza impresionante que se cruzó en el camino de un joven aprendiz de mago que contaba apenas con quince años. El chico quiso impresionar a la muchacha y decidió que no habría nada mejor que extraer de su sombrero el más impresionante ramo de flores que ella pudiera haber visto en toda su existencia. Desoyendo las advertencias que llevaba escuchando desde que había recibido el artefacto y se asomó a su abismo infinito en busca de las flores. Era un joven inteligente y maduro, pero fue imprudente, como cualquier joven delante de una bella muchacha, se asomó al abismo sin tomar las precauciones necesarias, la magia nunca es gratis y siempre hay que usarla con infinita precaución, pero Roth era ya un gran mago a sus quince años y estaba turbado ante la presencia de Marlen… se asomó al abismo del sombrero y se cayó por el borde del infinito, quedando encerrado para siempre en su eterno interior.

4 de abril de 2013

La Primera Vez



Fue una casualidad la que me hizo hacerlo la primera vez, pasé del impulso al hecho casi sin pensarlo, casi sin proponérmelo… simplemente vi la oportunidad y la aproveché. Fue fácil, quizá demasiado. Siempre había pensado que realizar un acto como ese podría acabar conmigo, transformarme profundamente, convertirme en una persona diferente, puede que no peor, pero seguro que distinta… eso era lo que siempre había pensado…

Pero no fue así, ocurrió todo muy rápido, muy sencillo, muy limpio. Fue tan simple que una vez realizado solo sentí vacío, indiferencia. Aquello me asustó muchísimo, ¿qué clase de persona era yo si no era capaz de conmoverme con aquello?, debía ser una criatura terrible para poder seguir tan tranquilo después de aquel acto…

¿Cómo podía seguir siendo el mismo después de haberme comido el último panchito del platillo? ¿Cómo podía vivir sin vergüenza después de aquel acto tan flagrante? Desde ese día me convertí en un despiadado devorador de aperitivos y ya ninguno de mis amigos se pudo tomar una copa conmigo sin pensar en el momento en el que le iba a dejar sin tapita…

El Nuevo Líder


No le gustaba el nuevo Líder, le parecía un tipejo resabiado y acomplejado, además era un niñato de mierda que no le llegaba ni a la altura de los zapatos. Mirándole de frente, desafiándole cara a cara y con todos los músculos en tensión, el Alto Mariscal, el general de más alto rango de los ejércitos, pensaba en hundir a aquel supuesto gobernante delante de todo el Alto Mando, golpearle con toda la saña que le pedía el cuerpo y no dejar de hacerlo hasta que no quedase de aquel imbécil más que una masa sanguinolenta e imprecisa. Sería tan insultantemente sencillo derrocar a ese amago de tirano…

Si lo hacía, si se deshacía del nuevo Líder sería él quien comandase todos los ejércitos, quien gobernase las riendas del país y lo llevase a la gloria que nunca había ni soñado. Sería aclamado, sería querido, sería Líder, ¡por fin!, tras haber tenido que lamer tantos culos y haberse callado tantas veces, después de haber estado tantos años manejando los hilos en la sombra… solo tenía que destrozar al chaval como había destrozado a tantos en el pasado. Estaba convencido de que todos los presentes en la sala le agradecería que le arrancara de cuajo esa mirada repleta de arrogancia y ese jodido pelo ridículamente engominado y partido en dos.

El nuevo Líder perdió la sonrisa de suficiencia al ver que el gigantesco Alto Mariscal crispaba los puños, no era tan idiota como ellos creían, como todo el puto Alto Mando creía. Tuvo la suficiente entereza como para esquivar el primero de los puñetazos y gritar una orden con toda la presencia y de ánimo y toda la autoridad que pudo acumular, con que solo uno de aquellos soldados acostumbrados a las órdenes obedeciera… días después, el telediario dio la noticia, el Alto Mariscal había sido cesado “por motivos de salud” y el nuevo Líder declaró la guerra al mundo…

3 de abril de 2013

El domingo 7 de abril estaré en la XXIV Feria del Libro de Navalcarnero


Sí, allí estaré, invitado por los amigos de la Librería el Búho, de Villa del Prado, firmando ejemplares de "La noche del cetrero" y de "Un ejército para Hans", aunque si alguien lo desea, también tendré por allí ejemplares de "2.099" y " "Los mejores terrores en relatos".

Os espero a todos este próximo domingo 7 de abril, desde las 17.00 y hasta las 20.00 en la caseta de El Búho de la Feria del Libro de Navalcarnero, que estará ubicada en la Plaza de Segovia.

24 de marzo de 2013

Batalla en las Estrellas



Dick lo supo en cuanto la alarma se iluminó, el sistema de escudos defensivos había caído, solo era cuestión de minutos el que uno de los acorazados enemigos acertase el minúsculo blanco que ofrecía en la inmensidad y los enviasen directos al Infierno. Sin embargo, a pesar de que se sabía perdido, de que era más que probable que muriesen abrasados en cualquier momento, sonrió, se sentía vivo por fin después de muchos años...

A pesar de las protestas continuas de los droides de mantenimiento y del chillido alarmado de su robot piloto, arrebató los mandos de “La Argo” de sus manos mecánicas y se dispuso a pilotar personalmente por primera vez en lustros, estaba un poco oxidado, era cierto, sus reflejos tampoco eran los de antes, pero cuando esquivó dos cazas “A-1XB86” que venían directamente hacia ellos y fue capaz de alcanzar con su viejo cañón a todo un “B-534” y hacerlo explosionar tras dos certeros aciertos, supo que nunca tenía que haber dejado de pilotar su propia nave espacial…

Desde la zona de pasajeros llegaba el sonido de un tumulto creciente, aquellos estúpidos de ciudad no estaban acostumbrados a las brutales maniobras que estaba realizando, no le importaba, era eso o acabar tostado. Pulsó el indicador que aseguraba la puerta de la cabina e hizo caso omiso de los golpes y gritos que se escuchaban al otro lado. Pensó en aquellos gilipollas a los que estaba salvando la vida, ¿se lo merecían?, ¿debía salvar a aquellos groseros y arrogantes gobernantes que habían declarado la guerra sin pensar en toda la gente que sufriría por su causa? Y entonces supo que no iba a sobrevivir a aquella batalla, se puso a tiro de uno de los grandes acorazados y se sintió mejor que nunca, él solo iba a terminar con aquella guerra de mierda.