29 de enero de 2013

La Bolsa de Escritor


Es algo indispensable, imprescindible para ser un buen escritor… o malo o regular, para ser escritor vamos. Sí, amigos y amigas, para ser escritor hay que tener en propiedad una buena bolsa de escritor. Un lugar misterioso e indómito donde quepa todo aquello que se puede necesitar en caso de extrema necesidad o en caso de emergencia. ¿Y si te pilla la musa en el Metro, por ejemplo?, ¿y si lo hace mientras compras chuletas de cordero…? (Bueno, o de cerdo, que eres escritor, no te pases).

Yo siempre he tenido una a mano, la he llevado a todas partes, la he ido llenando con objetos de lo más variopintos y mundanos, de cuadernos repletos de tachones, de hojas arrancadas malévolamente de cualquier espiral indefensa, de recortes de periódico, de libros mejores y peores… y, claro, de bolígrafos y lapiceros de todas las formas y tamaños. La bolsa de escritor es un complemento necesario para todo aquel que pretenda llegar a contar algo a través de sus palabras, no puede haber un escritor sin su bolsa, es algo antinatural.

Siempre lo había creído así, en serio, hasta que el viernes pasado confirmé mi hipótesis con un ejercicio de enseñanza, una de las mejores maneras de aprender algunas cosas es verse obligado a enseñarlas, porque en ocasiones, cuando explicas algo a los demás lo acabas entendiendo tú mismo, o eso, al menos, me suele pasar a mí en ocasiones.

El caso es que yo sabía que una bolsa de escritor es sumamente necesaria, pero más que la bolsa física, más que los cuadernos que uno guarda en ellas, más que los objetos y utensilios variopintos que yo suelo tener (desde una cuerda a un escudo medieval, pasando por pelotas de sémola de patata – no preguntéis), más que el libro o los libros que puedas llevar en una ocasión concreta… la bolsa de un escritor como Dios manda (espero estar en la lista de los regulares tirando a malos, pero estar en la lista) está repleta de vivencias, de emociones, de lecturas, de escritos, de ilusiones… porque la verdadera bolsa de un escritor es todo eso que le ha llevado hasta el punto en el que se encuentra en ese mismo instante. Ahí, en ese interior más o menos desordenado, es donde se esconden todas las cosas que se tienen que decir y que le hacen a uno querer garabatear un montón de páginas de cuaderno, o repletar de apuntes una libreta o llenar archivos y más archivos de ordenador con quimeras e historias.

La bolsa del escritor no es algo físico –aunque en mi caso también lo es gracias a esa afición mía de llevar siempre algo colgado a la espalda-, es algo mucho más íntimo, personal y compartido con todo lo que te rodea. 

Como les decía el otro día a los chicos y chicas del Taller de Escritura Creativa que realicé en la Biblioteca de Aldea del Fresno, si quieres ser escritor debes procurar que tu bolsa esté lo más llena posible, cuanto más escondas ahí dentro, más tendrás que ofrecer y contar a los demás. Yo la intento seguir llenando todos los días, aunque en mi caso, el interior, sea un terrible desorden y un auténtico desastre.

Suerte con tu bolsa.